A contramano de los intentos de reescritura de la memoria desde el poder, miles de personas atraviesan activas las imágenes que la cámara de Pablo Salas viene devorando desde los 80 hasta constituir una memoria visual de inigualable extensión y detalle. “Mi manera de luchar contra la dictadura fueron las imágenes. Era un guerrillero de las imágenes”, afirma.

Su compromiso social, unido a un valiente sentido de denuncia no exento de aventura, lo ha llevado a las mejores locaciones de las luchas sociales. Con él se cumple la máxima de Capa: “Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente.” Todo está en una infinidad de cintas viejas, miles de cajas de U-matic y VHS cubiertas de polvo y tiempo. Sólo una escasa parte está catalogada. Para él, conservar estas cintas y hacer circular su contenido, tiene el sentido de volver a mostrar lo que por tanto tiempo tantos quisieron que no viéramos. Por eso también, iremos mostrando de forma regular en nuestro sitio web un conjunto de fragmentos su archivo. Pablo nos recibió una tarde invernal en su oficina ubicada a un costado del cerro Santa Lucía. Abrió la puerta hablando por teléfono. Cotizaba algo resignado un visor de cámara que le destruyó el agua del guanaco el día del homenaje a Pinochet.

Hacerse documentalista en dictadura

Salió del colegio en el mismo 1973 y entró a estudiar ingeniería. No le iba mal, pero aquello no lo convencía. “Están matando y desapareciendo gente y aquí nos tienen estudiando de lunes a sábado”. Dejó los estudios y se acercó al Grupo Ictus como técnico. Allí comenzó a familiarizarse con los equipos U-matic con que filmaban películas de ficción de corto y medio metraje. Así, cuando Caiozzi llegó a filmar La Candelaria en 1982, Pablo se encontró de pronto trabajando junto a Nissim Sharim, Claudio di Girolamo, Delfina Guzmán y José Donoso. “Ahí estaba yo, que no tenía idea de nada…” Poco después hicieron La historia de un roble solo (1982), segunda película del ensamble Caiozzi-Donoso-Ictus. Pero esta vez el director quiso editarla junto a Pablo Salas. “Fuimos plano a plano. Caiozzi lo tenía clarísimo, sabía lo que quería mostrar, y al lado de él aprendí todo, por qué un plano con otro, por qué este plano y no este otro. Fue muy generoso conmigo, se dio la lata de explicarme corte a corte la película… ¡cualquiera quisiera esa tremenda escuela!”. Lee la entrevista completa a Pablo Salas en la primera edición de El Desconcierto.