por Hernán Frigolett. Integrante del Grupo Nueva Economía e investigador del barómetro de Equidad.

El IPC tuvo la presión esperada del feriado de Fiestas Patrias. El menú parrillero, los costos de transporte interurbano y la presión sobre la hotelería se hicieron presente como se esperaba. La presión de alimentos prosigue, al igual que el alza de precios de los combustibles, con un SIPCO algo menos ineficiente, terminaron de completar el panorama inflacionario. La coyuntura económica queda caracterizada por una expansión de la actividad productiva superior al 6%, pero con nula creación de empleos, y una explosión inflacionaria que muestra la imposición de sobreprecios de la oferta ante cualquier estímulo de la demanda interna. Pese a los reportajes de presiones de costo de la mano de obra, los indicadores de remuneraciones siguen mostrando una variación más bien moderada, que no refleja por cierto la situación coyuntural de algunos sectores productivos que no generan gran presión sobre la ocupación global. El Banco Central seguirá manteniendo la tasa de interés, y seguirá siendo un factor de presión a la baja del tipo de cambio únicamente, porque el hiperconsumismo que se refleja en la variación de la demanda interna, especialmente del consumo durable y en el sostenido incremento desmedido de las ventas del comercio al por menor, no ha sido contrarrestado por tasas de interés elevadas que potencian las utilidades de la banca. El diferencial de tasas con respecto a otros mercados financieros es un apalancamiento de la plataforma doméstica de colocaciones de consumo, cuyo costo evidente es la apreciación del peso y el consiguiente impacto negativo sobre el sector exportador.