“Hoy las demandas tienen que comenzar en las calles”

por Rodrigo Ruiz – fotografías por Daniel Olivares Juan Pablo Cárdenas, director de Radio Universidad de Chile La suya ha sido una voz permanente de defensa de la pluralidad informativa en medio de una carrera llena de anécdotas, persecuciones y controversias. En 1977 creó y dirigió por más de 10 años la revista Análisis, sin duda una de las más importantes en el periodismo democrático del siglo XX. En 2005 recibió el Premio Nacional de Periodismo. Antes fue director del diario electrónico Primera Línea, perteneciente a La Nación, del que fue despedido en 2001 por evidentes diferencias de línea editorial con el gobierno. Fue director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, y actualmente dirige la radio de esa universidad, donde conversamos unos días antes de las elecciones municipales sobre periodismo y democracia. Tú estás vinculado a una historia que a estas alturas resulta mítica en la historia de los medios democráticos. Para los que estamos haciendo El Desconcierto, pero también para la gente que valora la aparición de medios nuevos, es interesante asomarnos a la génesis de la revista Análisis. Es una historia bastante antigua, que se explica por la circunstancia en la que vivíamos en esos años. Irrumpir con un medio distinto en 1977 no era fácil. Cuando trascendió que iba a hacer la revista Análisis me citaron del Diego Portales, donde funcionaba el equipo de censura de la dictadura y me advirtieron que tenía que mandar los originales para ser calificados. Yo apelé a que la revista tenía el patrocinio de la Academia de Humanismo Cristiano, una institución de la Iglesia, y que entendía que este tipo de medios no se sometían a restricciones. Ellos no lo estimaron así, pero de todas maneras salimos y no pasó nada. Al principio circulamos solamente por suscriptores, porque nadie se atrevía a venderla en los quioscos. Yo había mandado antes una carta a unas mil personas, ofreciéndoles la suscripción por adelantado. Nos fue muy bien. Respondieron 300 o 400 personas inicialmente y después mucha gente se fue sumando cuando apareció la revista. Eso permitió el financiamiento de las primeras ediciones. Luego vino la consolidación, y en el año 80 conseguimos apoyos del extranjero. Con el tiempo llegó a ser la revista de mayor circulación en la historia del periodismo nacional. Después de la promulgación de la Constitución del 80 nos acogimos a un artículo transitorio que reconocía la legalidad de todas las publicaciones que existieran a esa fecha. Así empezamos a salir a quioscos ese año. Con dificultades, porque los quiosqueros tenían miedo, los amedrentaban, escondían las revistas, las vendían bajo cuerda, pero ahí el progreso fue enorme. Llegamos a vender 60 ó 70 mil ejemplares en quioscos. ¿Semanalmente? Primero mensual, luego quincenal y semanal. Pero con la revista en quioscos el gobierno empezó con la persecución sistemática en los tribunales, todo tipo de procesos, querellas, cárceles, prohibiciones de circular en los dos estados de sitio. En un momento hicimos la revista desde Alemania y desde allá la mandamos a los suscriptores. Tengo aquí esta portada del #90, que me imagino que recuerdas. En él reproducían el bando 19 que prohibía las fotografías. Ustedes en un gesto rebelde y algo cómico ponían los pies de fotos. Primero poníamos los pies de fotos, pero luego con los computadores empezamos a dibujar las fotos con letras. Donde iba una foto de Pinochet, por ejemplo, lo dibujábamos con letras, así no nos podían decir que estábamos publicando ilustraciones. Entonces hacían el ridículo. Luego todos los medios exhibíamos las fotografías en unos paneles en el Colegio de Periodistas y era una cola interminable de gente que iba a verlas. Todo ese proceso tiene un hito con el asesinato de José Carrasco. Eso fue lo más impactante de todo, fue después del atentado a Pinochet, el primer acto de vendetta fue el asesinato de Pepe y de otro dirigente, y claro, eso causó una conmoción muy fuerte en la revista. Ahí ideamos Análisis internacional. ¿Tú estuviste preso? Muchas veces, me acuerdo que tuve más de 20 procesos, estuve cinco veces preso, detenido, y fui condenado a una pena de reclusión nocturna durante año y medio. Después de la dictadura estuve preso un mes más bajo el gobierno de Patricio Aylwin, en un proceso que al final ganamos. Todos los procesos los ganábamos, pero en uno fui condenado por la justicia militar después de haber sido absuelto por la justicia civil. En algún momento nos presentaron una demanda masiva a todos los periodistas y colaboradores de la revista, todos tuvimos que desfilar por los tribunales, salvo uno, José Carrasco Tapia, que comprenderás lo incómodo que se sentía de ser el único que no era requerido… bueno, le tenían preparado otro destino. Después del tiempo transcurrido, ¿cuál es tu actual valoración del cierre de Análisis, que está vinculada al término de toda una prensa? Aquí no hay un término paulatino, no hay un asunto de mercado como alguna vez se dijo. Aquí hubo una decisión política de parte del gobierno de Patricio Aylwin de clausurar toda la prensa democrática que había sido disidente de la dictadura. Respecto de Análisis el plan consistió en que desde el Ministerio del Interior, el entonces subsecretario Belisario Velasco organizó una operación destinada a hacerse de las acciones de la revista, tomar el control del Directorio y luego cerrarla. Fue un plan de exterminio. Con el tiempo hemos entendido la lógica política de esa historia. Simplemente éramos medios insobornables que seguíamos demandando el no a la impunidad, justicia, equidad, y tantos otros valores que pasaban a ser incómodos para el gobierno de transición. Se dieron cuenta que no iban a ser medios que podían controlar, sino que probablemente se iban a transformar en opositores a esta transición que era continuidad, la posdictadura. En fin, lo que no pudo hacer la dictadura lo logró el primer gobierno de la transición. Te propongo que pasemos a otro tema, vinculado por cierto con lo anterior. ¿Crees que el Estado debe mantener un medio como La Nación? Creo que la responsabilidad del Estado en la comunicación social no va necesariamente por sostener medios de comunicación, sino por tener políticas de comunicación destinadas a fomentar la diversidad informativa. Por eso es que es tan aberrante la frase de Tironi de que “la mejor política de comunicación es no tenerla”, que además es hipócrita, porque siempre la tuvieron para favorecer con la publicidad estatal a los medios que habían sido proclives a la dictadura. En Alemania por ejemplo, el Estado tiene una política de subsidio del papel de diario. En Francia el Estado ha reaccionado cuando corre peligro la diversidad informativa porque entienden que eso debilita la democracia. En Estados Unidos se legisla para evitar la concentración informativa, un propietario de un canal de televisión no puede ser al mismo tiempo propietario de una cadena de radios. Países mucho más pobres que nosotros no le ponen IVA a los libros ni a las funciones culturales. En todo el mundo hay agencias noticiosas vinculadas a los Estados. Pero La Nación es un diario que no cumplió con su rol estatal, fue el medio de los gobiernos de turno que llegó a cometer impropiedades monstruosas en contra del periodismo y la ética profesional. Entonces no soy de los que lo defienden a ultranza. Creo que es un diario que no honró al periodismo ni a sus fundadores, que tuvieron una concepción absolutamente distinta. Hay una cierta complejidad entonces, porque tampoco se trataría de dejar morir a La Nación sin más. Estos son procesos largos. Probablemente termine el gobierno de Sebastián Piñera y el asunto no se haya resuelto. Hay algunos que tienen la esperanza de que pase el tiempo y cuando cambie el gobierno La Nación siga existiendo. Pero sería lamentable que continúe lo que ha sido. El tema ya no es la libertad de expresión. Es la diversidad informativa lo que caracteriza la democracia. Los medios escritos se han desarrollado, la misma revista El Desconcierto es un esfuerzo importante, pero difícilmente van a contrarrestar la enorme influencia del duopolio. Por otro lado, la extranjerización es muy grave. Los españoles vinieron a comprar prácticamente más de la mitad del dial y ahora lo están vendiendo. Ellos no pueden hacer eso en Europa. Tienen un pasaporte común, una moneda común, sin embargo, una empresa española no puede ir a Inglaterra a comprar medios así nomás. Aquí vinieron y se compraron la mitad del dial. Has planteado una visión crítica de la Concertación… Yo tengo una opinión muy crítica, porque creo que aquí no se han dado pasos sustantivos para que los chilenos puedan tener acceso a la información y eso es grave. Si no hay información amplia y contundente no hay ciudadanos conscientes que puedan votar. Hemos heredado una Constitución que se gestó durante la dictadura, autoritaria, con un sistema electoral restringido, con un sistema binominal que es una vergüenza; en fin, un régimen político que no es plenamente democrático. Entonces tenemos una democracia absolutamente fallida. Hay elecciones en nuestro país, pero no son libres e informadas. Estamos viendo el bochorno de que los candidatos a alcaldes y a concejales no manifiestan las militancias y se escudan en personajes de la vida política. Todos tienen detrás a Michelle Bachelet, a Golborne, a Marco Enríquez Ominami. ¿A quienes vamos a elegir? ¿A Bachelet en los municipios? ¿Al señor Golborne? No. Esto es una vergüenza. Entonces no tienes grandes esperanzas en las elecciones municipales que vienen. No tengo ninguna esperanza. Habrá una que otra sorpresa, Pero si compitieran todos los partidos libremente quizás uno podría tener alguna visión. A mí me hubiera encantado que el PC se hubiera presentado en todas las comunas con alcaldes y concejales, y ahí sabríamos a ciencia cierta cuántos son los comunistas, pero con esta política de los acuerdos tampoco se va a saber muy bien. En este escenario te has manifestado en favor de una nueva Constitución. Hay mucha gente que está de acuerdo, pero a la hora de definir los mecanismos aparecen diferencias. Creo que el tiempo de esperar se terminó, y no creo que se pueda tener esperanza en el actual sistema político para avanzar hacia una democracia genuina y participativa. Hoy todas las demandas tienen que empezar en las calles. La movilización social es la que puede abrir los grandes cambios. Los estudiantes lo han demostrado, más de 10 o 15 años de espera, de demandas, de planteamientos para proteger la educación pública no prosperaron hasta que los secundarios salieron a las calles, luego los universitarios y luego todas estas movilizaciones que han significado que más de un 70% de la población esté a favor de la educación pública y de hacer las correcciones que hay que hacer o la revolución que hay que realizar en materia educacional.