Gigi Caciuleanu, director saliente del Ballet Nacional Chileno (BANCH)La Metáfora me parece lo más importante de la danza” El coreógrafo rumano-francés empapó durante 12 años al Ballet de su proyecto multidisciplinario, traduciendo a la danza a algunos de los más importantes músicos, poetas, cantantes y artistas plásticos chilenos. Así se rompieron barreras: entre disciplinas artísticas, entre Europa y América, y entre lo docto y lo popular. Este epílogo-entrevista se produjo justo antes del despegue del avión de regreso a Europa. Por Patricio López- Fotografías Daniel Olivares y Archivo CEAC Universidad de Chile

Archivo CEAC Universidad de Chile

El Ballet Nacional Chileno (Banch) de la Universidad de Chile fue fundado en 1945 por el bailarín alemán Ernst Uthoff, quien lo dirigió por 26 años. Luego, entre otros, tuvieron esa responsabilidad Patricio Bunster y Edgardo Hartley, y durante el siglo XXI, el turno fue del rumano nacionalizado francés Gigi Caciuleanu. Con su llegada se abrió uno de los periodos más brillantes de este cuerpo y también de los más masivos, gracias a una dirección que conectó con la sensibilidad del público y con íconos de la cultura chilena. Durante estos años, el Banch estableció colaboraciones con Los Jaivas, Óscar Hahn, Isabel Aldunate, Hugo Marín, Violeta Parra, Pablo Neruda, Luis Advis y Los Ángeles Negros, entre otros. La noticia de la partida de Caciuleanu, que se concretó justo antes de Navidad, produjo reacciones inéditas para un director de ballet: el pesar del mundo artístico, un premio APES a la trayectoria horas antes de irse definitivamente de Chile y hasta un grupo en Facebook, llamado “No queremos que se vaya Gigi del Banch”. En esta conversación, sostenida 72 horas antes de su adiós, Caciuleanu hizo un balance de su periplo en el país, con el sentido poético que ha caracterizado su personalidad y su obra. ¿Cuál es tu impresión de las reacciones que ha producido la finalización de tu tarea como director del Ballet? Yo veo la vinculación con el público como si fuéramos un solo organismo vivo. Lo siento al final de cada función, durante y antes. Las reacciones en todo caso me asombran porque no pensaba que fuéramos tan importantes, pero al mismo tiempo me dan gran alegría porque tengo la impresión que todo este trabajo no fue hecho “para nada”. Tenemos una muy bonita historia de amor con esta gente que nos sigue y nos ve, que son como se dice en la farándula “los fans”, pero que nos impone una exigencia en la presentación de nuestros proyectos. Durante estos años el Banch se ha caracterizado por derribar las barreras entre la danza, la plástica y hasta la poesía, entre otras disciplinas. Tú tienes una mirada donde no existe esa concepción de los límites que sí tienen otros creadores. Absolutamente. Yo pienso que se aprende mucho, que la danza no se aprecia solamente en las salas de danza sino que en los museos o los cines. Me gusta mucho el teatro, de hecho siempre he dicho que hago teatro coreográfico. Este término se lo agradezco mucho al Ballet Nacional Chileno porque me dio la posibilidad de desarrollar este concepto, no solamente de teatro como pieza sino como teatralidad y como finalmente algo muy humano y muy cerca del lenguaje. Entonces, por eso, también pienso que la danza es muy cercana de la poesía, muy tributaria. Finalmente la metáfora me parece lo más importante en la danza, un gesto puede decir tantas cosas, de la misma manera que dos palabras de Pablo Neruda pueden significar una puesta de sol o, qué se yo, un vuelo de pájaro. Lo que nace de todo esto no son solamente productos, sino pasos de un camino que se hace al andar, como dice el poeta, y que en el caso del ballet te enseña que tú no puedes caminar solo por la vida. El pueblo chileno es menos bailarín que otros pueblos de Sudamérica que tú también conoces. ¿Cuál es la danza que encontraste en la música de Los Jaivas, en la poesía de Óscar Hahn? ¿Qué descubriste de la idiosincrasia de este pueblo al tratar de descifrar la danza que está implícita en estas manifestaciones artísticas? Descubrí lo que yo estoy buscando en la danza justamente: la fábrica mental, la metáfora, el lado poético, el lado loco y también el lado docto de la danza. Un Pablo Neruda o un Óscar Hahn no hablan en el vacío, todo tiene un sentido y para mí cada gesto en el ballet debe tenerlo. Es importante que las cosas tengan un significado más allá de las formas, más allá del virtuosismo. Nos pasó en Rumania, mi país, las dos veces que estuvimos con el Ballet. La primera vez la sala no solo vio la danza sino que escuchó religiosamente los versos de Neruda. No sé si entendieron cada verso, tampoco yo los entiendo del todo aunque sea un poeta que leí millones de veces, pero la sala escuchó también los silencios de las palabras. Lo que fue muy bonito en este espectáculo es que la música era de un bailarín del Banch, Alfredo Bravo, que ahora hace su carrera en Europa, entonces este diálogo sin fronteras lo descubrí en la volcanidad de los integrantes del Banch. Y descubrí al mismo tiempo un pudor, que es muy bonito para un artista, pero también el volcanismo, esta lava que hierve dentro de la sangre, el cerebro y el alma. Una de las artistas cuyo trabajo vinculaste al Banch fue Isabel Aldunate, su voz fue muy importante en dictadura, con esos cassettes de los cuales emergía su voz impresionaste y un poema musicalizado de Paul Eluard, “Yo te nombro libertad”. A muchos chilenos les pone la piel de gallina hasta hoy ¿Cómo te sucedió a ti? El encuentro fue muy impetuoso. Vino una mujer extraordinaria después de nuestra presentación de “Cuerpos” en el Teatro Municipal, se acercó esta persona que nos felicitó y me dijo que la fuera a escuchar cantar. Yo fui, tocaba en el Mesón Nerudiano, y al oírla me dije “yo no puedo pasar al lado de esta ocasión, tengo que hacer algo con ella”. Es tan bonito ver cómo finalmente el canto es una prolongación del cuerpo, para mí quien canta está bailando, y la Isabel lo hace. Su luz es muy especial: a veces se me imagina como si fuera la Luna, tal como Los Jaivas serían el Sol. Tú dices que el canto es la prolongación del cuerpo, pero en el caso de Isabel Aldunate da la impresión que ese vozarrón no saliera de su cuerpo… Me pasa lo mismo que me pasaba con Edit Piaff, una mujer pequeña, que cantaba en las fábricas para un público tremendo. Isabel es una mezcla de fragilidad y fuerza tan interesante y tan dancística, porque es bello en un bailarín tener no solamente la fuerza del dinamismo sino también la fragilidad del ser humano. ¿Cómo fue el proceso en que los bailarines del Banch se empaparon de tu propuesta? ¿En qué momento sentiste que ellos habían interpretado lo que tú querías transmitirles? Desde el primer momento sentí el potencial. Por eso me quedé, vine por un año y después me dije “no, aquí hay una tierra tan propicia, tan acogedora no solamente en los cuerpos sino también en sus mentes, en las almas de cada uno de ellos”. Tú debes saber que cada uno tiene sus proyectos también. Lo digo porque a mí nunca me ha gustado trabajar sólo con personas que ejecutan sino con personas que piensan, y estos chicos y chicas piensan, no solamente son bellos, de cara, de cuerpo, de alma, son también inteligentes y me entendieron cuando les hablo de Kafka, de Gabriela Mistral, o de cosas o de aventuras de vida, a pesar de que cada uno es un mundo. Tú ves cuando baila Kana Nakao, que viene de Japón, o César Sepúlveda, que viene del Chile profundo, y compruebas las posibilidades que tienen esos chicos y chicas, no solamente de lucir en un escenario, sino de transmitir algo de vida a la gente que está sentada, una aventura humana en la que los espectadores no sólo juzgan si lo que hicimos estuvo bien. Estamos en el final de tu estadía en Chile, a tres días de tu partida después de 12 años dirigiendo el Banch ¿Qué te llevas, haciendo un balance, en esa maleta que no se pesa en el check-in? Después de haber vivido esta aventura uno no puede partir no más, para mí quedan abiertas la puerta de corazón, del cuerpo, de la mente y del alma. No me voy, la distancia para los artistas no existe y gracias a Dios ahora es muy fácil tomar un avión y venir desde cualquier lugar del mundo. La partida no me asusta, todo es por algo y nada es para nada, lo que yo he sembrado en muchos años ahora lo vamos a cosechar. Voy a vivir siempre a través de los chicos, porque durante años estuvimos cada día en la clase, en el ensayo, en la lucha permanente en el escenario, en un camino en que les di muchos secretos de fabricación, con mucho amor. Eso va a vivir en sus clases y en sus proyectos. Hablo como si estuviera muerto, quizás porque partir es morir un poco. Por otro lado está la relación con el público y el mundo de la danza de Santiago, ayer hice la cuenta de que hicimos 28 obras de coreógrafos chilenos. En resumen, la danza solamente comienza a vivir y de una manera muy interesante de aquí en adelante.