Martín Gambarotta, poeta: “No se puede pensar que la gracia de los 90 fue la fiesta, cuando en realidad fueron los textos” 2012 ha sido un año movido para Martín Gambarotta (Buenos Aires, 1968), uno de los autores más relevantes de la escena poética argentina contemporánea: a comienzos de año apareció la edición española de su libro Punctum (Ediciones Liliputenses); luego fue incluido junto a seis poetas más (Casas, Cucurto, Desiderio, Laguna, Rubio, Raimondi) en La tendencia materialista: antología crítica de la poesía de los 90 (Paradiso); viajó a la Feria del Libro de Monterrey (el 2011 había estado en Alemania y reeditado Punctum en una coedición Mansalva/Vox); y por si eso fuera poco ahora prepara la edición chilena de Para un plan primavera, una plaqueta, como a él le gusta aclarar, que publicó a fines del 2011 por Vox, la editorial argentina más prestigiosa de poesía. Hoy una edición aumentada y corregida saldría en los primeros meses de 2013 por Libros del Perro Negro. Por Gonzalo León, desde Buenos Aires- Fotografías por Carsten Meltendorf Podría decirse que después de su último libro nuevo, Relapso+Angola (Vox, 2005), retomó el protagonismo que había tenido a finales de los 90 y parte de los 2000. Aunque nunca dejó de escribir, había roto la sana costumbre de publicar un libro cada cinco años y quizá por eso pensó brevemente en dejar de publicar. Gambarotta es un poeta de culto, y así lo confirma el postfacio de la edición española de Punctum escrito por María Salgado: “La cosa es, antes que nada, un libro con su lomo y con sus tapas que en su día se volvió inencontrable gracias al culto que le profesaban hordas de lectores argentinos de poesía. La cosa era tan necesaria a esos lectores que al escritor del texto que la cosa contenía o que contenía la cosa, según dicen, una vez le negaron un ejemplar expuesto en una librería. El libro, dicen, colgaba, de una cuerda sujeto por una pinza. Había dejado de ser tal para convertirse en algo más, acaso una lectura generacional”. El año que termina fue un año bastante movido para ti: publicaciones, reediciones, la antología. ¿Qué pasó el 2012? Si te fijás, en un principio los primeros tres libros que publiqué salieron en un periodo de cinco años entre sí. Relapso+Angola fue el último: si respetábamos ese ciclo, en 2010 ya estaba tocando publicar algo. Pero en 2011 fue la reedición de Punctum, y eso llevó a otras cosas, porque hay que releer los poemas, editarlos, y ahí te das cuenta de que eso es parte del trabajo. Después apareció la edición española, y eso llevó más trabajo de lo que puede parecer. ¿Te pasó por la cabeza no volver a publicar? La idea de no publicar poemas fue tentadora. Eso finalmente lo descarté, porque me parecía la opción más narcisa; podría parecer lo contrario, pero no es bueno engañarse, porque el problema que tenía era publicar un libro nuevo, y entonces en 2008 apareció la posibilidad de publicar Refrito por La Calabaza del Diablo, que es un libro pero a la vez un derivado de otros libros: es como esos discos que salen en sellos japoneses que tienen versiones de versiones. Es en definitiva fetichista. Y eso me llevó a su vez a las reediciones, que no implicaba necesariamente sacar un libro nuevo, y a las plaquetas como Para un plan primavera, que tampoco es un libro, yo insisto mucho en eso, por más que aparezca como un libro. De hecho recién me estoy planteando la idea de otro libro que tendrá varios poemas de esa plaqueta, pero que no será una plaqueta. Es un camino distinto. Habitualmente las plaquetas son como independientes y los poetas piensan en libros nuevos. ¿Que las plaquetas y las reediciones lleven eventualmente a otro libro? Creo que esto pasa en parte porque no hay muchas revistas, fuera del Diario de poesía, en donde se puedan publicar poemas; porque si alguien me escribe y me pregunta si tengo algo para publicar, pudiera que sí. Siento que faltan revistas donde, por ejemplo, uno pueda ver qué están publicando Yanko González, Sergio Raimondi o Germán Carrasco. Un libro de poesía es un hecho excepcional. Y ojo, mis libros en particular son libros, no partecitas ni recopilación de poemas. La plaqueta se va ampliando naturalmente hacia un libro y para mí funciona como adelanto. Pero esto está preanunciado en Refrito. Ahora me gustarían mis tres libros completos (a los mencionados hay que agregar Seudo) en un solo tomo, no como obra reunida, pero sí como trilogía. Pasando a otro tema, algunos han señalado que tus poemas están vinculados a la realidad, al acontecer político. En eso por lo general hay buena fe, pero otros han querido decir que lo político es proselitista. ¿Qué opinas de esto? Para empezar hay una definición de Pound: el escritor o el artista tiene que ser el radar de la sociedad. Entonces no me siento incómodo con eso. Ahora, lo que no hay que hacer es correr tras los acontecimientos. Yo un poco me crié con el realismo de la BBC (Gambarotta vivió durante su infancia en Inglaterra), por eso no tengo ningún problema en decir que el realismo fue un punto de partida, que en algún punto se convirtió en un dogma y después se fue relativizando. Pero mis poemas hablan del contexto, de las señales, es parecido a lo que puede hacer un observador político. Punctum, por ejemplo, se publicó en 1996; ¿qué culpa tengo yo si la guerra de medios de la que habla se materializara en Argentina diez años después? ¿Se podría decir que eres un poeta con opinión política? La opinión política fuera del texto es indistinta. Simplificando, yo no lo veo como condición para que un texto sea bueno que sea político; ahora, a su vez, que un texto (más específicamente, un libro de poemas) sea político no quiere decir que vaya a ser malo. ¿Qué lo haría un buen texto? Los matices que ofrece, las observaciones de un lugar, por ejemplo. Argentina está dividida entre los que apoyan el proyecto kirchnerista y los que no. Desde este punto de vista, ¿dónde te sitúas? Lucho contra mis impulsos para mantener un punto de observación. Eso te puede llevar a que los demás te quieran catalogar, y la ansiedad por catalogar la veo muy clara en el antikirchnerismo. Por ejemplo, cuando Fito Páez dijo que le daba asco la gente que había votado a la centroderecha en la ciudad de Buenos Aires, fue censurado públicamente, impugnado por personas que se llenan la boca con la libertad de expresión. No sé si te queda clara mi posición. Para terminar, me gustaría tu opinión sobre la generación de poetas del 2000 en Argentina. Parece que se publica bastante, hay lecturas cada semana, pero aún no tienen la visibilidad de los de tu generación. ¿Qué sucede ahí? Lo que veo es que la supuesta espectacularidad de la poesía de los 90 se terminó incluso para nosotros mismos, e inevitablemente para los que vienen después. Entonces, ¿qué puedes hacer? Si te interesa, volver al texto y volver al poema, porque ya no se puede buscar la espectacularidad de los 90, pensar que la gracia de los 90 fue la fiesta, cuando en realidad la gracia fueron los textos.