Por Wilson Tapia Villalobos

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Algo bueno que tengan las campañas electorales. Por lo menos, cada cuatro años la basura no se esconde debajo de la alfombra. Se lanza con desparpajo toda intención para que la podredumbre infecte lo más posible a los contrincantes. Un ejercicio bastante alejado de lo que se debiera entender por ese valor intrínseco que lleva dentro la Humanidad y que nos impulsa a honrar el sentido gregario. Pero, finalmente, la verdad tiene su precio. En este caso, el único que lo paga es el elector, que debe apretarse la nariz para evitar el vaho nauseabundo que despiden las lacras que corroen al sistema político chileno.

En estos días, el muestrario es variado. La revisión puede empezar por la ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, que con su mejor cara crispada le espeto un: “¡Concha de tu madre!”, al diputado y presidente del Partido Socialista, Osvaldo Andrade. Todo esto, en el hemiciclo del Parlamento. La señora Matthei tiene esos arrebatos. Tal vez debería estar en un lugar de reposo sometida a tratamiento para dominar ese carácter de amazona flaite y no en una Secretaría de Estado. Pero así de permisiva es la democracia chilena. Y como estamos en época electoral, las muestras sobran. La diputada independiente, pro Unión Demócrata Independiente (UDI), Marta Isasi, está siendo investigada por cohecho. Denuncias en su contra sostienen que habría recibido $25 millones por votar favorablemente la Ley de Pesca. Este cuerpo legal fija las cuotas de extracción para pescadores artesanales y pesqueras industriales. El pago a la diputada por Iquique lo habría hecho la empresa Corpesca. Defendiendo a Isasi, el precandidato presidencial de la UDI, Pablo Longueira, lanzó un argumento controversial. Dijo que la ley de pesca aprobada es muy favorable a los pescadores artesanales, ya que, en términos proporcionales, entrega a este sector el 55% de la pesca en las costas chilenas. El restante 45% queda para las empresas. Lo que Longueira no dijo fue que los pescadores artesanales son varios miles en el extenso litoral chileno y las grandes empresas aportan fortuna a un restringido grupo de cuatro o cinco poderosas familias. Y aquí quedó a la vista un tema que está en el debate desde hace tiempo. Hasta ahora han resultado ganadores quienes ostentan el poder económico. En el despiadado mundo de los negocios, triunfa siempre el más fuerte. Sobre todo si se entrega la asignación de recursos al mercado y el Estado se lava las manos, dejando que los privados impongan sus intereses. La diputada Isasi es cuestionada por cohecho. Y eso es un delito. Siguiendo con el recuento de bazofias de la semana, el diputado Juan Antonio Kast, secretario general de la UDI, fue nominado candidato a senador por Santiago Oriente. Se trata de una circunscripción emblemática. Hasta la nominación de Longueira, esa candidatura la disputaban Ena von Baer e Iván Moreira. El terremoto que significó el cambio del presidenciable Laurence Golborne por Longueira, trajo estos otros coletazos. La dirección de la UDI no dio mayores explicaciones. Simplemente cambió a esos dos nombres y subió a Kast. Nada se sabe tampoco acerca de quien asume la pérdida de una importante inversión en propaganda de von Baer y Longueira. Aquí entró Kast. Justificó la caja millonaria que maneja la derecha. Señaló que las personas que dirigen las empresas, que pueden ser empresarios, microempresarios o grandes empresarios, aportan dinero porque defienden un modelo económico. “¿Por qué no van a poder defender sus ideas?”, se preguntó. Kast tendría razón, siempre y cuando la democracia no se definiera como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Ante esta nueva visión, tal vez habría que preguntarle a los chilenos si les gusta que su sistema democrático de como resultado el gobierno de los que tienen mucho para los que tienen mucho y sigan haciendo crecer su poder económico. Finalmente, la pegunta sinceraría más las cosas y aportaría otro poco de basura. Esa es la visión de los conservadores. En la otra vereda, los socialistas siguen enfrascados en una disputa muy propia de la política actual. Lejos, por cierto, de la “buena política” que trata de impulsar su candidata presidencial, la ex presidenta Michelle Bachelet. El senador Camilo Escalona, uno de los referentes del Partido Socialista (PS), se negó a ir a primarias para definir quien será el candidato a senador por la circunscripción de Los Lagos, que él representa en la actualidad. La razón: No confía en la transparencia de las elecciones internas del PS. Respecto a Escalona hay que hacer algunos alcances. Él fue presidente del Partido. Incluso en su día de ira, cuando renunció a ir a primarias, recordó que la sede en que estaban la había comprado él. Pero no aclaró que lo había hecho como dirigente partidario. Detrás de toda esta caricatura de “buena política”, hay un arrastre importante de métodos stalinistas que Escalona utilizó para llevar al PS por la senda que él consideraba adecuada. Y es así como el socialismo chileno se fue desdibujando. A Escalona se lo identifica como el gran constructor del entendimiento con la derecha. Y es lo que hace que muchos digan que la democracia de los acuerdos que salió de esa mirada fue lo que transformó a los socialistas en gerentes del neoliberalismo chileno.  

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