Bomba Bencina, de Juan Carreño. Das Kapital Ediciones, 2012. Por Jaime Pinos

Este libro, segundo del autor luego de Compro Fierro (2010) incluye la siguiente dedicatoria: Dedicado a la Escuela Popular de Cine y al Festival de Cine Social y Antisocial (FECISO). Una referencia pertinente para un texto cuya lógica de construcción es marcadamente cinematográfica. Cine, ese arte de irse por las ramas derecho a lo esencial, como lo definiera Raúl Ruiz, aludido directamente en el poema “Diálogo de exiliados”. El poeta es aquí un camarógrafo. I am a camera escribió alguna vez Bob Kauffman. Poemas como escenas, escritas con la objetividad del registro, cuyo montaje va urdiendo este libro. La filmación por escrito de este documental sobre el mundo popular; sus vidas, sus voces, sus historias.

Se me vienen a la cabeza los trabajos de Jean Rouch, uno de los fundadores del llamado cine directo o cine verdad. Uno de los pioneros en la comprensión y la práctica del cine como una forma de investigación cultural. No como la producción de ficciones destinadas al espectáculo o al divertimento. Esta relación propuesta por Rouch entre cine y antropología me parece atingente respecto a Bomba Bencina. De hecho, se cita a aquí a Claude Levi–Strauss y a Margaret Mead, autores clásicos del pensamiento sobre la cultura. Pero, sobre todo, se recogen con rigor etnográfico materiales de diversa procedencia. Un poema escrito en la cárcel, la grabación del testimonio en primera persona de un poblador de La Legua, la transcripción del audio de un video publicado en Youtube.

Mi sueño es mostrar en un film lo que puede ser entendido directamente sin la ayuda de la narración. Explicar todo pero mediante recursos cinematográficos, dice Jean Rouch. De alguna forma, este texto apuesta a lo mismo. A construir un libro donde el poeta es una especie de operador que dispone fragmentos de lenguaje como fotogramas y cuya autorialidad radica más en ese trabajo de montaje que en el despliegue de su propia personalidad. En lugar de una voz, una mirada. Cine ojo. Camera stylo.

En el mismo sentido, me parece significativo el trabajo que hace este libro con el lenguaje popular. Con las hablas de ese mundo mayoritario. “DICE (Dispositivos Colectivos de Enunciación)” se titula un poema. Desde esta perspectiva, el libro completo podría leerse como una exploración de esos dispositivos, de esas formas de hablar. “¿Qué máh querih que te diga? ¿Cómo darme a conocer yo?, se pregunta Óscar Lucero desde La Legua (en grabación hecha el viernes 27 de abril de 2012, como se precisa en el texto). Por ejemplo, si aquí mismo me tropiezo con una piedra y me saco la chucha, esto es lo que hago yo: “hola mi nombre es Óscar Lucero y el día tanto tanto tanto entrando al almacén de don Miguel me saqué la chucha” esto es lo que escribo yo, si no hay piedra y sacá de chucha yo no escribo…”

Si no hay piedra y sacá de chucha. Desde otro ángulo, Bomba Bencina es un libro sobre la vida en el lado sombrío de un país dominado por el dinero y el consumo. Sobre la soledad y la violencia que tiñen los días de los miles que no están convidados a la fiesta. La desesperanza del padre de familia hablando desde la cárcel, por ejemplo: porque uno se saca la cresta/librando todo el día/pa llevar moneas pa la casa/y que no falte nada/que el cabro chico ande bien vestido/y de marca/pa darle el corte/de que el papá es choro/y se preocupa por la familia. O la frustración de los hijos de los perdedores: o sorprender/a compañeros de escuela/guoquitoqui en mano/vestidos de guardias/en el súper. Esas escenas. Escenas de la vida y la escritura como piedra y sacá de chucha.

Bomba bencina responde bien a su título, el libro está lleno de referencias al fuego. Sin embargo, es un incendio en particular la metáfora más fuerte y más dramática del país, de su lado de sombra: el incendio de la Cárcel de San Miguel. 8 de diciembre de 2010, 81 reos muertos. Este es el texto: “…esoh no son del cuarto, hermano, esoh no son del cuarto, loco, no son del cuarto, ¡saquen a loh locoh del cuarto!. ¿saquen a loh locoh del cuarto!, saquen a loh que ehtán en lah ventana!, ¡abre la puerta hijo e la maraca y la conchetumare!, ¡abre la puerta hijo e la perra y la conchetumare!, ¡abre la puerta!, ¡la puerta oye!…”. A pie de página, la siguiente referencia: Poema captado por un reo de la Cárcel de San Miguel con su celular, 8 de diciembre de 2010, disponible en el sitio: http://www.youtube.com/watch?v=fKvNFlESk–s&feature=related

La representación de la realidad. La realidad de la representación. Y de todo aquello,/que vi realmente? se pregunta en un verso. Ese es el problema que nos plantea este libro. Cómo, con qué ojo, podemos ver la realidad de ese país que se quema. Ver en el sentido de comprender. Ver lo que es la vida, realmente, en ese incendio de cárcel a la deriva.