Publicado en El Desconcierto Nº12, Julio 2013 Entrevista de Patricia Matus de la Parra

“Hasta el 73 hablábamos de revolución. Todos hablábamos de revolución pero ningún movimiento, ni partido, ni nadie habló de cambiar la Constitución. Nos llenábamos la boca con la palabra revolución, pero no estábamos cambiando la Constitución. La prueba está en que Allende, que hablaba de revolución, nos criticaba a nosotros al tratar de establecer la asamblea del pueblo, nos trató de contrarrevolucionarios porque quien estaba haciendo la revolución era él desde el Estado y la Unidad Popular y respetando la Constitución”.

“Ahora, cuando los partidos no están hablando de revolución, es el movimiento ciudadano el que plantea esta idea de cambio constitucional (…) cambiar la Constitución es revolución, desde Aristóteles para adelante que han dicho eso”

“(…) Entonces éramos movimiento de masas, esperábamos que los partidos, Allende, hiciera la revolución. Nosotros apoyábamos, aplaudíamos, seguíamos y brincábamos en las calles. Éramos masa seguidora, en cambio hoy día hay un cambio profundo en nosotros, y los partidos no han cambiado. Para mí históricamente los partidos son criaturas de Constitución, crecen al interior de una Constitución. Respetan la Constitución, hablan de revolución, pero no cambian la Constitución. En 200 años, ningún partido ha cambiado una Constitución”.

“Lo interesante es que es ahora la ciudadanía sin partidos es la que quiere cambiar la Constitución. ¿Cuál es el factor que incidió en eso? Yo creo que el factor fundamental es que ahora tenemos una memoria que estamos respetando. Memoria colectiva, popular, que en ese tiempo no respetábamos. En ese tiempo era ideológico, en tanto que respetaba la Constitución, y porque quienes hablábamos de revolución lo hacíamos desde ideologías importadas. El castrismo, el maoísmo, los cheguevarimos venían de fuera. La Democracia Cristiana venía de Francia. La memoria no se respetó, por eso andábamos con libritos recitando consignas”.

“El discurso de los cabros de la Aces tiene cero marxismo vulgar, hoy día todos hablan del discurso propio que surge de su asamblea, de su territorialidad. Y eso es nuevo en Chile. Es un factor que induce a la autonomía política, permite hacer política profunda, que es la que emana de la soberanía popular; la política convencional es la que se mueve alrededor del Estado, respetando las leyes del Estado. La profunda es la política ciudadana. Y quedó en evidencia con el Pingüinazo, la Asamblea manda, no hay dirigentes, sólo voceros, principio básico de la soberanía. Ahora tenemos a lo largo de todo Chile asambleas que actúan con soberanía. Y eso es nuevo. Como lo que ocurrió en Magallanes, Aysén, Calama, Freirina; con Montenegro, Vallenar, Quellón, Chonchi. (…)Lo más interesante es que aparecen las asambleas territoriales, lo que es mucho más potente que la CONFECH. A los cabros no les gusta mucho eso, yo les digo ustedes están desfilando desde el 2011, entonces dos años de desfiles, son 40 o 50 marchas. ¿Cuánto han avanzado? Están marcando el paso, en cambio Freirina se asoció de otra manera en base al territorio como comunidad local, como vecindario, tomaron conciencia de lo que afectaba su vida, atacaron el enemigo y lo mandaron cambiar (…)”.

“(…) Y si todas las asambleas se reúnen podemos manejar el país. Ellos ya hicieron una primera convocatoria nacional de asambleas territoriales, y la idea central es que se vayan constituyendo las asambleas locales, provinciales y regionales, y que actúen sobre su región. Y luego ir pensando cómo constituir una Asamblea Nacional Constituyente sin partidos políticos. Por eso yo creo que el movimiento social que se está proyectando a paso más seguro al ejercicio de poder constituyente son las asambleas territoriales”.

“(…) Ahí hay recursos que están en la tierra. Estos movimientos tienen ese problema, ¿qué van a administrar? Quien no administra recursos propios no tiene poder. Son dos tipos de poder, el poder del puño en alto y el que te da control. Yo pienso que la salud, la educación, el empleo, medioambiente, el control de la producción es mucho más fácil reformarlo y controlarlo en lo local que en lo nacional, porque en lo nacional se pone inevitablemente ideológico, político y los partidos se ponen a sus anchas. (…) Hay que comenzar por la comunidad, plantear ahí y reformar ahí mismo a corto plazo, la educación, la salud, no sólo la vivienda. Tienen que resolver ahí el problema de la educación”.

“Por eso estamos en un proceso constituyente, esto no es para que digamos en marzo del otro año Asamblea Constituyente, con tanto apuro que se acepte que el gobierno convoque y se rija por la Constitución anterior. Un proceso legal, ordenado, eso ha ocurrido en el pasado y termina con que militares y políticos manejan el proceso. Si no queremos eso, porque si no votemos por Bachelet y punto, hay que incentivar y desarrollar el aprendizaje de soberanía, que es lento, y el estorbo actual tiene mucho que ver con el problema de los gremios”.

“(…) Entonces lo que está ocurriendo es que todavía quedan obstáculos por eliminar, y que la gente aprenda a ser soberana, porque en estos 200 años nos han enseñado a ser peticionistas, a pedir, demandar y si nos dan saltamos y brincamos y tiramos piedras. Petición y protesta. Para mi modo de ver ésa no es una ciudadanía digna de sí misma, es la negación del ciudadano soberano”.

“(…) No es ahora el momento de una asamblea constituyente. Hay mucha gente que entiende que la Constituyente tiene que ser organizada altiro, ahora ya. La verdadera solución es que las revoluciones no se juegan en un evento, son procesos, y si tengo que enseñar procesos sociales triunfantes, no puedo pensar en procesos que manejen diez personas. Todas las personas que tienen pasado marxista tienen la idea de que la revolución es un acto, un hecho, la toma del Palacio de Invierno, la Toma de la Bastilla. No, es un proceso de aprendizaje que Recabarren entendía muy bien, el aprendizaje del pueblo, el desarrollo de la inteligencia del pueblo y que éste gobierne”.

Esta entrevista fue hecha en paralelo a otra con Manuel Antonio Garretón.