por Chiara Sáez

La digitalización de la TV chilena se está convirtiendo en una gran mascarada, donde los televidentes tendrán que invertir en la compra de un televisor digital dentro de los próximos años para ver lo mismo de siempre.

Sigue el avance de la ley de TV digital en el Congreso. Después de su aprobación por el Senado, el Ministro Errázuriz señaló que “el desafío de la TV digital será crear contenido de calidad”, como si la calidad no fuera un tema transversal también en el contexto analógico. Es una frase vacía, ya que es completamente dudoso que el modelo de negocios de la TV digital vaya a promover la creación de contenidos de calidad. De hecho, ni siquiera es claro que vaya a promover la generación de nuevos contenidos. Veamos por qué:

-En primer lugar, el proyecto no incorpora más fondos públicos que los ya existentes (Fondo CNTV) para la creación de contenidos de calidad. Este fondo a lo mucho permite unas 50 horas anuales de programación de calidad (la cual generalmente tampoco es emitida en los horarios de mayor audiencia, con la consecuente baja rentabilidad de la inversión pública). Supongamos que aumenta el número de canales: los mismos recursos públicos deberán repartirse entre más interesados. El texto aprobado dice que se va a privilegiar contenidos locales, regionales y comunitarios, pero el modelo sigue siendo el de fondos concursables, que no asegura sustentabilidad ni continuidad, toda vez que debe discutirse año a año por ley de presupuesto. De manera que la producción de contenidos sigue dependiendo en gran medida de la iniciativa que tomen los canales. ¿Por qué habrían de cambiar sus estrategias de programación y generación de contenidos en el entorno digital, si no existe ningún incentivo adicional para ello?

-En segundo lugar, el Congreso ha rechazado la idea de establecer cuotas de pantalla para la producción audiovisual independiente: se mantienen las cuotas ya existentes para la producción nacional en general (40%) y la aumenta la imperatividad respecto de que esta cuota nacional incluya películas, documentales y cortometrajes independientes. Pero de porcentajes concretos, nada. Lo cual no consagra un impulso al sector en el nuevo entorno. De manera que la digitalización tampoco será un incentivo para que los productores audiovisuales generen contenidos innovadores para la televisión abierta. En este sentido, tampoco hay un cambio con respecto a la situación en el entorno analógico.

-En tercer lugar, los grandes canales de televisión han declarado públicamente que tampoco van a generar nuevas señales de televisión (la digitalización permite que ahora puedan pasar hasta 13 señales de video, audio, imagen fija o datos donde antes sólo podía pasar un canal de televisión), de manera que por esta lado tampoco habrá nuevas ventanas para la difusión de contenidos

-En cuarto lugar, la creación de la figura concesional de concesiones con medios de terceros (concesiones sólo para crear contenidos, sin mecanismos propios de difusión: concesionarios ¿de segunda categoría?) pone a los productores audiovisuales independientes en la doble disyuntiva de tener que buscar financiamiento no sólo para la creación de contenidos (cuyos exiguos montos tendrán que repartirse entre más interesados), sino también para la difusión de los mismos (para lo cual deberán relacionarse con la otra nueva figura concesional creada: los Servicios Intermedios de Infraestructura, SII).

Con estas condiciones queda muy poco claro que se produzca algún cambio sustantivo en la creación de contenidos. Aumentará la dependencia de los productores audiovisuales no sólo respecto de los fondos públicos, sino también de los actores privados, pues deberán pagar a los SII para el acarreo de los contenidos que emitan.

La digitalización de la TV chilena se está convirtiendo en una gran mascarada, donde los televidentes tendrán que invertir en la compra de un televisor digital dentro de los próximos años para ver lo mismo de siempre (la opción más barata de adquirir un decodificador es prácticamente inexistente en Chile) y los productores audiovisuales independientes quedarán en una condición de mayor dependencia de los fondos públicos como de los intereses comerciales. Todo esto con la venia del Parlamento.

extraído de Agencia de Noticias