Algo más que importante en las convicciones de Ricardo Flores Magón, revolucionario anarquista mexicano, es tal vez su convencimiento casi absoluto de que los indígenas del llamado continente americano eran “anarquistas sin saberlo”. Se podría afirmar que ésa es su idea más original respecto al desarrollo de las luchas sociales en nuestro continente. Sobre todo si consideramos que vivió y luchó antes que la ola marxiana que, posteriormente, abrasaría el todo y la nada del análisis político y social de nuestras realidades. Discípulo de Proudhon, Bakunin y Kropotkin, amigo y simpatizante de Zapata antes que de Pancho Villa, Flores Magón consideró que América Latina estaba madura para una revolución social de tipo libertario. Hoy se lo considera uno de los precursores más importantes de la Revolución Mexicana, con monumento y todo, cuestión con la que, indudablemente, no habría estado de acuerdo.

Por Cristián Vila Riquelme

Si Ricardo Flores Magón, político, periodista y escritor mexicano, nacido un 16 de septiembre de 1874 en Eloxochitlán, Oaxaca, México, y muerto en extrañas circunstancias el 21 de noviembre de 1922 en la prisión de Leavenworth, Kansas, Estados Unidos (hay al menos tres versiones sobre su muerte) no hubiera convivido con los indígenas de la Sierra Mazateca en su primera infancia y, posteriormente, en 1892, no hubiera participado en las manifestaciones estudiantiles en contra de la tercera reelección de Porfirio Díaz, posiblemente su itinerario político hubiese sido otro.

Por tradición familiar, él y sus hermanos estaban cercanos a los círculos liberales que, frente a la corrupción de los gobiernos de Porfirio Díaz, fueron evolucionando cada vez más a posturas revolucionarias casi impensables para el México de esa época. En 1900 funda, junto a uno de sus hermanos (Jesús), el periódico Regeneración, desde donde denunciaban la corrupción de la dictadura porfirista, provocando la primera sublevación obrera en su contra, lo que finalmente causa la clausura del diario y su encarcelamiento. En 1903, desde los balcones del periódico satírico El Hijo de El Ahuizote, arrendado el año antes y donde colaboraba el pintor José Guadalupe Posada, cuelga un enorme crespón negro con la leyenda “La Constitución ha muerto” en referencia a la Constitución liberal de 1857, sumándose a las cuestiones que fueron creando las condiciones para la Revolución de 1910. Encarcelado una vez más, en 1904 parte al exilio a Texas junto a su hermano Enrique y otros compañeros, donde republica el periódico Regeneración y en 1906 funda junto a otros camaradas el Partido Liberal Mexicano (PLM) entre cuyos postulados se encontraban, por ejemplo, la supresión de la reelección (vicio y base de la dictadura de Porfirio Díaz), el fin de la pena de muerte, la obligatoriedad de la enseñanza elemental hasta los 14 años, el establecimiento de un salario mínimo, la expropiación de los latifundios y de las tierras sin trabajar (en otras palabras, una reforma agraria con todas las de la ley), así como la obligación de regular las jornadas de trabajo. Pero las ideas anarquistas, aunque había leído también a Marx, ya habían plasmado su personalidad política al leer los escritos de Proudhon y Bakunin, como también de sus contemporáneos Stirner, Lorenzo, Reclus, Malatesta, entre otros, y sobre todo los trabajos de Piotr Kropotkin, El Apoyo Mutuo y La Conquista del Pan, que lo influyeron grandemente en sus concepciones éticas y solidarias de la revolución.

Cuando en 1910 Francisco Madero lo invita a unirse al Plan de San Luis, con la intención de derrocar al dictador Porfirio Díaz, Flores Magón no se une a la causa maderista por considerarla una mera rebelión burguesa que no llegaba al meollo de la cuestión social, al preconizar sólo una revolución de tipo político, olvidando el lado económico y sin el objetivo de la supresión del Estado y de la propiedad privada, puesto que la revolución era un conflicto entre capital y trabajo. Y si bien simpatizó con la lucha de los campesinos zapatistas en el Estado de Morelos, no consideró que aquella fuera suficiente por cuanto, según él, sólo se limitaba a la restitución de la tierra. Aunque de allí, también, surgió su idea de que los indígenas eran “anarquistas sin saberlo” por la horizontalidad que mostraban en su organización.

En 1911 organizó una sublevación en Baja California, siempre apoyado por anarquistas de diversas nacionalidades, con el objetivo de independizarla y establecer una república socialista libertaria, aunque algunos dicen que en realidad se proponía transformar la península en un centro de operaciones para extender la revolución a todo el país. Los revolucionarios y sus comunas libertarias fueron finalmente derrotados en junio de 1911 por las fuerzas federales.

Cuando en 1918, junto a Librado Rivera (uno de los fundadores del PLM), publica un manifiesto dirigido a los anarquistas del mundo, desde los Estados Unidos (que a la sazón se había incorporado a la Primera Guerra), es encarcelado junto a Rivera (por derrotistas y traidores) y condenado a 20 años de prisión. Fallece el 21 de noviembre de 1922, de un paro cardíaco según la versión oficial, pero según Librado Rivera fue ahorcado, aunque existe una tercera versión que dice que Ricardo Flores Magón fue apaleado hasta morir por los guardias de la prisión.

Fragmentos

«La solidaridad es fuerza. Se puede limpiar del dedo una gota de agua; pero se requiere la fuerza del arrecife para resistir el empuje del océano. La solidaridad es progreso, pues la vida significa evolución, y la solidaridad es condición de la vida. La solidaridad es armonía, cooperación entre los seres humanos, gravitación para los cuerpos celestes. ¿Qué es la luz solar? La solidaridad de los siete colores del arcoíris» «El filósofo, al leer las constituciones de los pueblos cultos, no puede menos que sonreír. La palabra “ciudadano” es un sarcasmo, la palabra “libertad” es una ironía» «Las escuelas oficiales educan al pueblo en el sentido de hacer de cada hombre un sostenedor del sistema actual» «La dictadura de la burguesía o del proletariado, es siempre tiranía y la libertad no puede alcanzarse por medio de la tiranía» «No queremos ricos, no queremos sacerdotes ni gobernantes; no queremos bribones que exploten las fuerzas de los trabajadores; no queremos bandidos que sostengan con ley a esos bribones, ni malvados que en nombre de cualquier religión hagan del pobre un cordero que se deje devorar de los lobos sin resistencia y sin protesta. Porque cualquiera que esté una pulgada arriba de nosotros es enemigo» «No soy magonista, soy anarquista. Un anarquista no tiene ídolos» «Mi conturbado espíritu se regocija con la visión de un porvenir en que no habrá un sólo hombre que diga “tengo hambre”, en que no haya quien diga “no sé leer”, en que en la tierra no se oiga más el chirrido de cadenas y cerrojos»