A principios de los noventa en el Banco Central hacía cuentas ambientales y se tuvo que ir por plantear, con datos, algo evidente: que nuestro crecimiento económico se basa en la mera extracción de recursos naturales –peces, árboles, minerales–; o sea, que estamos viviendo a costa de depredar nuestro patrimonio natural. Desde entonces ha continuado conjugando la economía con el activismo político y ambiental, una mezcla que incomoda al poder del dinero y que hoy lo tiene instalado como un candidato a Presidente por el Partido Humanista. Urge por cambios radicales, que –recalca– son propuestas “normales y razonables que están implementadas en numerosos países que viven en paz y en democracia”.

Por Pablo Sepulveda- Artículo Periodístico de Edición Nº12/ Julio 2013

En 1993 renunció al PPD. Entiendo que en el pasado fue del Mapu. ¿Qué lo asemeja con esa cultura Mapu-PPD?

Durante mi adolescencia participé en la DC y entre el 90 y 95 fui miembro del PPD. Nunca del Mapu. Mi salida del PPD se debe a que mi mirada sobre lo que se debía hacer en materia económica en Chile no tenía las más mínima relación con la que desarrollaban el PPD y la Concertación en el gobierno. A partir de ese momento desarrollé con libertad mi actividad política junto a los estudiantes, a los trabajadores, a los pescadores artesanales, a los mineros, con organizaciones medioambientales.

¿Es usted ecologista?

Más que ecologista, me considero un activista político. Desde mi trinchera me he preocupado permanentemente por la causa ambiental, por la depredación de los recursos ambientales a partir de la operación irracional de las inversiones trasnacionales sin ningún control. El modelo neoliberal no respeta el medioambiente, por tanto, luchar por el medioambiente es luchar contra el ideal neoliberal. En resumen, puedo decir que me considero un político, economista, medioambientalista y anticapitalista.

¿Se define como socialista? Escalona, Fulvio Rossi, Viera Gallo son militantes del Partido Socialista… ¿Qué es ser socialista hoy?

Los personajes que nombras, antes que socialistas, son socialdemócratas de un sector que transó con el modelo y profundizó el sistema neoliberal. Ser socialista significa defender las demandas históricas del pueblo, de la parte sustancial de la nación y no solamente de sus élites. Pienso que mi lucha política se vincula con los valores socialistas: derecho a una educación y salud pública gratuitas y universales; recuperación de los recursos naturales; respeto por los derechos humanos. Mi compromiso tiene que ver con estos temas.

Siempre se dice que las campañas políticas se mueven más por emociones que por racionalidad. En tal sentido, usted parece ser el candidato de los indignados porque siempre está enojado. ¿Cuándo lo veremos contento?

Si uno considera el país real, no el país de fantasía que venden al exterior, considerando sólo las cifras macroeconómicas como si fueran la única verdad, difícilmente se puede estar contento. El 90% de los chilenos no llega a fin de mes con el sueldo que recibe. Más del 50% de los chilenos debe entregar casi un 60% de su salario a bancos o al retail, y padece jornadas de trabajo de 12 horas en condiciones laborales precarias, sin hablar de los recorridos interminables para ir y volver del trabajo. Tenemos un modelo socioeconómico abusivo en el cual unos pocos se benefician a costa de muchos. La situación que vive el país no puede dejarnos indiferente, y esa preocupación es la que expreso: la realidad angustiante que viven chilenos y chilenas.

Si se aprobara una Asamblea Constituyente y usted fuera elegido miembro de ella, ¿qué indicaciones le parecen fundamentales que estén en una nueva Constitución en el plano ambiental?

En la Asamblea Constituyente debe establecerse el marco en el cual nuestra sociedad se desarrolle, con respeto de los derechos y no del lucro despiadado. En materia ambiental debemos plasmar en la Constitución el respeto por el medioambiente, que se reflejara en el establecimiento de derechos ambientales con el fin de llevar a cabo un desarrollo ecológico, social y económico en armonía. La Constitución debe ser una guía para, primero, detener proyectos depredadores y, segundo, para desarrollar una política de protección medioambiental que al mismo tiempo genere una nueva relación con nuestro entorno.

¿Está de acuerdo con que es necesaria una carretera eléctrica pública que facilite el acceso de los pequeños generadores a la red?

Creo que es necesario garantizar el acceso de todos a la electricidad. Tenemos que estudiar la forma de realizarlo. Somos favorables a un esquema público, porque considero la energía eléctrica como un bien estratégico para el buen funcionamiento del país, y que es algo demasiado serio como para dejarlo en manos exclusivamente privadas, con más razón aún si son extranjeras.

¿Qué porcentaje y en qué plazo propone usted de las ERNC? ¿Le parece bien 20/20 (20% en 2020)?

La implementación de energías renovables no convencionales es necesariamente de largo plazo. Chile tiene muy pocas fuentes de energía y estamos condenados a desarrollar energías sustentables. Soy en principio favorable al proyecto 20/20 abandonado por este gobierno a favor, era que no, de licitaciones privadas en el sector.

¿Qué haría con HidroAysén?

HidroAysén, bajo mi administración, no tiene posibilidades de existencia. Es un proyecto que no está destinado a satisfacer las necesidades de las personas sino solventar inversiones mineras en el norte. Bajo esas circunstancias no puede seguir adelante.

Si se hiciera un buen ordenamiento territorial del país, ¿en qué lugar de Chile pondría a las termoeléctricas?

No autorizaré termoeléctricas en Chile. No podemos seguir con ese modelo. Es más, estamos por acabar con las termoeléctricas. Son una de las formas de generación de energía más contaminantes. Nuestra política es avanzar hacia energías limpias, renovables. Se dice que las termoeléctricas y las hidroeléctricas son necesarias para la continuidad de los proyectos mineros y que si nos oponemos a estas formas de generación de energía estamos frenando el progreso del país. Lo cierto es que Chile ni siquiera necesita mantener los niveles de extracción minera que hoy ostenta pues lo que eso ha implicado es, en primer lugar, una caída en el precio del cobre y, además, una degradación ambiental brutal. Las mineras privadas y transnacionales sólo están interesadas en promover el aumento de la producción de energía mediante estos proyectos con el fin de mantener o acelerar el saqueo de nuestras riquezas básicas, de modo de mantener el bajo precio que hoy tiene y comprarlo luego fuera de nuestras fronteras para hacer sus colosales ganancias sin dejar nada a los chilenos. Lo que estamos diciendo es que, junto con nacionalizar el cobre, debemos disminuir los niveles de extracción de mineral. Ello contribuirá a un precio más beneficioso para nuestros intereses y a terminar con la degradación ambiental.

¿Cómo evalúa la institucionalidad ambiental que tiene Chile?

Hay buenos profesionales, hay conciencia y capacidad de planificación, pero esto resulta inútil por la cobardía política existente. Ningún político ha tenido el coraje de enfrentar al mundo empresarial y a las multinacionales para establecer reglas firmes e imponer multas de verdad en caso de incumplimiento. Un ejemplo: la multiplicación aberrante de automóviles en Santiago. Los políticos se hacen los que van a resolver el tema impulsando el uso de bicicletas, pero ¡ni hablar de tocar al mercado automotriz! que es un mero comercio de estricta importación! Si, como en Francia o en Alemania, en Chile se fabricaran automóviles y que una medida contra esa industria pusiera en juego el trabajo de decenas de miles de personas, lo entendería. ¿Pero poner en jaque a toda la metrópoli y sobrecontaminar el aire de millones de personas por unos cuantos importadores de automóviles? Yo prohibiría los autos en los centros de mayor actividad, como ocurre en Singapur, que no es un país comunista, y establecer un servicio de transporte público de primera categoría.

Si hubiese sido Presidente, ¿habría intervenido, como hizo Piñera, para parar Barrancones?

No sólo Barrancones sino también Pascua Lama y las 42 termoeléctricas que aprobó Bachelet. En nuestro gobierno no habrá proyectos que destruyan el medioambiente como han hecho la Concertación y la Alianza.

No se dice hoy, pero Santiago es una cloaca ambiental. ¿Tiene alguna propuesta para revertir la situación de Santiago?

Esta condición es efecto de varias situaciones. Primero, el nivel de concentración poblacional de Santiago es insostenible. Disminuir la contaminación empieza por generar políticas de desconcentración territorial, con políticas que promuevan y posibiliten la migración hacia las regiones. Sin un mayor desarrollo de las regiones, la Región Metropolitana seguirá siendo un lugar donde la calidad de vida se vea mermada por la contaminación, los enormes trayectos para ir a trabajar y estudiar, los tacos…

A propósito, Bachelet ha izquierdizado sus propuestas, incluyendo aspectos como la elección democrática de los intendentes o la gratuidad en la educación. ¿Por qué, en vez de criticarla a todo evento, no reconoce aspectos en los que su candidatura pudiera coincidir? ¿Sólo es por un tema de no confiarle credibilidad, por ser de la Concertación?

Cuando la ciudadanía desconfía de las promesas de la Concertación lo hace con conocimiento de causa. Los estudiantes desconfían de Bachelet porque vivieron la experiencia de la traición que significó en 2006 el acuerdo que sellaron con ella y los presidentes de partidos de la Alianza y la Concertación. Que hoy izquierdicen el discurso, cuando gobernaron 20 años con las ideas de la derecha, no es signo de replanteamiento ideológico sino que es porque quieren regresar al poder. Lo suyo es una estrategia de marketing y no una convicción. Lo que yo he señalado es que cuando se concibe a la ciudadanía como un consumidor y a la política como un mercado, es muy probable que veamos propuestas erráticas como las que ha hecho Bachelet. Y es que cuando ella dice en un periódico de lectura juvenil que está por la educación gratuita y en un periódico del establishment que la educación pública gratuita es regresiva, estamos frente a una estrategia de mercado y no a una convicción política. Hoy ella está en campaña para primarias y necesita diferenciarse de los sectores más derechistas de la Concertación. Pero el primero de julio la veremos correr a los brazos de la Democracia Cristiana y derechizar su discurso sin pudor alguno. Bachelet no se mueve por convicciones, sino por cuotas de mercado. Ella es una candidata tipo bebida de fantasía.

Volviendo al tema, ¿qué haría en materia de descentralización?

Propondremos una ley de descentralización que entregue a las regiones competencias específicas en materias de desarrollo económico, educación, cultura, transportes, planificación territorial e infraestructura. Pero, y esto es lo más importante, con transferencia de los recursos necesarios para que las regiones puedan hacerse cargo de estas nuevas responsabilidades. Los gobiernos regionales tienen que ser verdaderas asambleas regionales y no simples comités de selección de proyectos financiables por el Fondo Nacional de Desarrollo Regional.

Se le critica que usted plantea cosas imposibles porque sabe que no va a ganar. Si llegara a ser Presidente, y teniendo un Parlamento adverso, ¿cómo lo haría para llevar a cabo sus promesas?

Nuestra candidatura no se plantea de manera testimonial ni desde el derrotismo. Hemos dicho que nuestra lealtad está con la voluntad popular que desea impulsar las transformaciones y para eso es indispensable ganar las elecciones. Pensamos además que el actual escenario político nos presenta una gran oportunidad pues hay 7 millones de chilenos que no se van a levantar a votar por las candidaturas de la Concertación o la Alianza. Si logramos representar a una parte importante de esos ciudadanos, entonces el resultado puede ser promisorio. Por otra parte, aquello de la imposibilidad de nuestros planteamientos es un invento de quienes desean mantener todo igual. Efectivamente, en el marco de la actual institucionalidad política, todo parece imposible. Esta Constitución fue diseñada para que nada cambie. Por eso hemos dicho que nuestra primera medida será convocar a un plebiscito para que el pueblo de Chile manifieste si desea cambiar la Constitución por medio de una Asamblea Constituyente. De ser positiva esa respuesta, y estoy seguro que así será, el camino a las trasformaciones que estamos impulsando estará allanado. En ese marco, la oposición del Parlamento es inviable pues no hay poder constituido que pueda negarse a la voluntad soberana de un pueblo que exige recuperar su derecho a decidir la forma que da al país que quiere vivir y legar a sus hijos. Nuestras propuestas no son dementes ni totalitarias. Son normales, razonables.

Fuera del Partido Humanista, ¿qué movimientos y/o dirigentes sociales concretos lo apoyan?

Lo que estamos construyendo es un referente político colectivo que hemos bautizado como Todos a La Moneda. Allí está presente el Partido Humanista y el Partido Izquierda Unida junto a organizaciones políticas como Movimiento Amplio de Izquierda (MAIZ), el Movimiento Nueva Izquierda, Hijos de Mafalda, Libres del Sur… alrededor de 15 organizaciones que buscan ser el sostén de las esperanzas de un pueblo que está dispuesto a refundar Chile sobre principios democráticos. Entre los representante de esas expresiones políticas y del movimiento social, estudiantil y sindical se encuentran personas como Tomás Hirsh, ex candidato presidencial; Salvador Muñoz, presidente de Izquierda Unida y ex coordinador de la campaña de Jorge Arrate; Luis Mesina, dirigente sindical de los trabajadores bancarios; Gustavo Pacheco, fundador de la Unión Nacional Estudiantil; artistas e intelectuales como Malucha Pinto y Humberto Maturana; entre muchos otros.