Por Camilo Brodsky / Edición Nº14, Septiembre 2013

Desde los balcones de la FECh, en la Alameda y a metros de La Moneda donde acabaría muriendo por la democracia y el socialismo, el Dr. Salvador Allende, cuatro veces candidato a la Presidencia de la República, se dirigía a un pueblo ansioso, feliz y preocupado por su triunfo en las últimas elecciones. Se iniciaba el intenso y truncado camino chileno a la Revolución.

Con profunda emoción les hablo desde esta improvisada tribuna por medio de estos deficientes amplificadores –el aire debió estar cargado esa noche, como cargado estuvo los días y meses antes de la elección, asesinato del comandante en jefe del Ejército a manos de un comando de ultradercha incluido. El Clarín titulaba el 5 de septiembre: ¡ALLENDE PRESIDENTE! El pueblo arrasó en reductos momios. Algunos meses antes, en mayo del 70, el Secretariado Nacional del MIR definía en un documento sobre la posición del movimiento ante las elecciones que se acercaban, la situación del país, señalando que La creciente magnitud de la masa plegada a estas movilizaciones, tanto como los métodos de lucha empleados (…) si bien no colocan a la masa en la preinsurgencia, indican eso sí un marcado y persistente ascenso en el movimiento de masas en los últimos tres años. Este es el fenómeno más relevante del panorama social y político actual, el que caracteriza el periodo y evidentemente será el que enmarcará el proceso electoral y le definirá su papel. Una vez transcurridas las elecciones, una vez pasado ya el discurso de Allende en la sede de la FECh frente a ese montón de pueblo esperanzado, el MIR indica, en otro documento, que Hemos dicho que el ascenso de las movilizaciones de masas permitió lo que creíamos muy difícil: la mayoría electoral de la UP.

“¡Qué significativa es, más que las palabras, la presencia del pueblo de Santiago, que interpretando a la inmensa mayoría de los chilenos, se congrega para festejar la victoria que alcanzamos limpiamente el día de hoy, victoria que abre un camino nuevo para la patria, y cuyo principal actor es el pueblo de Chile aquí congregado! ¡Qué extraordinariamente significativo es que pueda yo dirigirme al pueblo de Chile y al pueblo de Santiago desde la Federación de Estudiantes! Esto posee un valor y un significado muy amplio –por su parte, el Enano Maldito del Puro Chile les recordaba que Les volamos la ra…. ja-ja-ja-ja-ja-ja-ja-ja… je-je-je-je-je-je-je-je-je-je… ju-ju-ju-ju-ju-ju-ju-ju-ju… ji-ji-ji-ji-ji-ji-ji-ji-ji-ji-ji...–. Nunca un candidato triunfante por la voluntad y el sacrificio del pueblo usó una tribuna que tuviera mayor trascendencia. Porque todos lo sabemos. La juventud de la patria fue vanguardia en esta gran batalla, que no fue la lucha de un hombre, sino la lucha de un pueblo; ella es la victoria de Chile, alcanzada limpiamente esta tarde –según el Informe Rettig, 1.737 jóvenes de menos de 35 años fueron ejecutados o desaparecidos por agentes del Estado una vez desatada la represión tras del 11 de septiembre de 1973. Esos jóvenes son el 75,6% del total de casos constatados por la comisión, y muchos de ellos almorzaron, con seguridad, en el casino de la Unctad –hoy transfigurada en GAM luego de pasar un tiempo oscuro y largo como Diego Portales. Dice Pedro Lemebel: Santiago se bamboleaba con los temblores de tierra y los vaivenes políticos que fracturaban la estabilidad de la joven Unidad Popular. Por los aires un vaho negruzco traía olores de pólvora y sonajeras de ollas, “que golpeaban las señoras ricas a dúo con sus pulseras y alhajas”. Esas damas rubias que, pedían a gritos un golpe de Estado, un cambio militar que detuviera el escándalo bolchevique. Los obreros las miraban y se agarraban el bulto ofreciéndoles sexo, riéndose a carcajadas, a toda hilera de dientes frescos, a todo viento libre que respiraban felices cuando hacían cola frente a la UNCTAD para almorzar. Algunas locas se paseaban entre ellos, simulando perder el vale de canje, buscándolo en sus bolsos artesanales, sacando pañuelitos y cosméticos hasta encontrarlo con grititos de triunfo, con miradas lascivas y toqueteos apresurados que deslizaban por los cuerpos sudorosos. Esos músculos proletarios en fila, esperando la bandeja del comedor popular ese lejano diciembre de 1972. Todas eran felices hablando de Música Libre, el lolo Mauricio y su boca aceituna, de su corte de pelo a lo Romeo.

“Yo les pido a ustedes que comprendan que soy tan sólo un hombre, con todas las flaquezas y debilidades que tiene un hombre, y si pude soportar –porque cumplía una tarea– la derrota de ayer, hoy sin soberbia y sin espíritu de venganza, acepto este triunfo que nada tiene de personal, y que se lo debo a la unidad de los partidos populares, a las fuerzas sociales que han estado junto a nosotros. Se lo debo al hombre anónimo y sacrificado de la patria, se lo debo a la humilde mujer de nuestra tierra. Le debo este triunfo al pueblo de Chile, que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre. 1.075.616 chilenos votaron en 1970 por Salvador Allende y la Unidad Popular. Un 36,3% de los votos válidamente emitidos respaldaron el proyecto político tras el cual se alinearon el Partido Socialista, el Partido Comunista, el Partido Radical, el Partido de Izquierda Radical, el MAPU y la Acción Popular Independiente de Rafael Tarud, a los que se sumó el respaldo decidido de la CUT. A poco andar, el Gobierno Popular enfrentó lo que el asesinato del general Schneider auguraba: en 1971 se funda el Frente Nacionalista Patria y Libertad. Wikipedia nos ilustra: En 1972 el grupo realizó una operación de internación de armas desde Argentina, a cargo de Roberto Thieme, el cual logró ingresar alrededor de 100 fusiles de asalto, destinados a ser utilizados en acciones de sabotaje. En marzo de 1973, un grupo de Patria y Libertad del cual formaba parte Michael Townley, llevó a cabo una operación destinada a desactivar un aparato que el gobierno había instalado para interferir las transmisiones del Canal 5 de Concepción, dependiente de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Los hechos culminaron con la muerte del obrero José Tomás Henríquez. La responsabilidad moral se le adjudicó al sacerdote Raúl Hasbún, director ejecutivo de la estación televisiva. En julio del 73 la araña de Patria y Libertad asesinaría –en un ataque del que también participó otro grupo de ultraderecha, el Comando Rolando Matus del Partido Nacional– al edecán naval de Allende, el comandante Arturo Araya Peters. Uno de los procesados por la muerte de Araya fue Luis “Fifo” Palma Ramírez, quien tras el golpe de Estado se integraría al Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea, teniendo una activa participación en las detenciones, torturas y desapariciones adjudicadas al Comando Conjunto.

“Dije y debo repetirlo: si la victoria no era fácil, difícil será consolidar nuestro triunfo y construir la nueva sociedad, la nueva convivencia social, la nueva moral y la nueva patria. Mucho se hizo y mucho pasó, sin embargo. No es necesario escarbar mucho para notar que los tres años que duró la Unidad Popular fueron uno de los momentos de mayor plenitud para las libertades no sólo políticas, sino también personales y creativas, aunque no a todos les gustara. Habla Nemesio Antúnez: apenas yo empezaba como director [del Museo de Bellas Artes], fue “Museo 70”. Y la Tribu NO recitó, y la Cecilia [Vicuña] hablaba de los orificios, de los hoyitos del cuerpo. Y todos leyeron en voz alta, arriba de un pedestal, porque sacamos las esculturas, y estaban los pedestales solos… Y recitaron los otros, y la gente reclamó, parece que me iban a hacer un sumario, recuerdo, sí, hubo una acusación. Sobre el mismo evento, la farandulera y facha revista Vea cita a un escandalizado testigo: parecía un fumadero de marihuana, el olor era insoportable. Las poesías eran todas “de la cintura para abajo”, con garabatos, temas escabrosos, ataques al Papa, alabanzas al MIR.

“Sólo quiero señalar ante la historia el hecho trascendental que ustedes han realizado, derrotando la soberbia del dinero, la presión y la amenaza, la información deformada, la campaña del terror, de la insidia y la maldad. Cuando un pueblo ha sido capaz de esto, será capaz también de comprender que sólo trabajando más y produciendo más podremos hacer que Chile progrese y que el hombre y la mujer de nuestra tierra, la pareja humana, tengan derecho auténtico al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación, al descanso, a la cultura y a la recreación, juntos, con el esfuerzo de ustedes vamos a hacer un gobierno revolucionario. La revolución no implica destruir sino construir, no implica arrasar sino edificar; y el pueblo chileno está preparado para esa gran tarea en esa hora trascendente de nuestra vida. Otra revolución se estaba gestando, sin embargo, desde el inicio del camino emprendido por el pueblo; una que no sabía de dudas ni escrúpulos a la hora de alcanzar sus objetivos. El 29 de junio de 1973 se produce el levantamiento del Regimiento Blindado N° 2, al mando del coronel Roberto Souper. Aunque el conato fue sofocado por militares leales al mando del general Carlos Prats, el hecho pone en movimiento la maquinaria golpista con la aplicación por parte del Ejército de la Ley de Control de Armas aprobada por la oposición el año 72, y cuya ejecución se hace efectiva de manera exclusiva en fábricas, poblaciones y organizaciones populares, desmantelando casi completamente las condiciones para una eventual resistencia militar ante nuevas asonadas. En un acto en Teatro Caupolicán, el secretario general del MIR, Miguel Enríquez, señala que éste no es sólo un acto de análisis, éste es un acto de preparación para los próximos enfrentamientos, éste es un acto de combate, éste es un llamado a la clase obrera y al pueblo a reafirmar su posición combativa y a reemprender con más fuerza que nunca la lucha sin cuartel contra las clases patronales, contra Frei, contra Jarpa, contra los enemigos de nuestro pueblo. (…) Los suboficiales, soldados y carabineros deben desobedecer las órdenes de los oficiales golpistas y, en ese caso, todas las formas de lucha se harán legítimas. (…) Compañeros trabajadores: vivimos momentos definitorios, las conquistas y el futuro de los trabajadores están amenazados. (…) El pueblo no se dejará amarrar las manos. La clase obrera y el pueblo están en disposición de combate, están decididos a defender sus conquistas y están más decididos hoy que nunca a conquistar su futuro. (…) Compañeros: el pueblo debe prepararse para resistir, debe prepararse para luchar, debe prepararse para vencer.

“Les digo que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria.

“Gracias, gracias, compañeras. Gracias, gracias, compañeros. Lo mejor que tengo me lo dio mi partido, la unidad de los trabajadores y la Unidad Popular.

“A la lealtad de ustedes, responderé con la lealtad de un gobernante del pueblo, con la lealtad del compañero Presidente”.

Fue literal.