Por Kena Lorenzini, fotógrafa

La fotografía está demostrando ser un actor fundamental en la recuperación de la Memoria, madre de la historia, en esta conmemoración de los 40 años del golpe cívico/militar. Sí, el golpe quebró la institucionalidad, pero también el proyecto y la vida cotidiana de los tres años de la truncada Unidad Popular. De ahí la necesidad de rescatarlos del olvido.

Al intentar recuperar las imágenes de cómo fueron esos tres años, saltan fácilmente aquellas con los personajes reconocidos y los hechos emblemáticos, con Salvador Allende como figura principal. Poco hemos visto sobre el pueblo, su vida cotidiana, los rostros de mujeres, hombres, niñxs, pues si hay algo innegable es que el pueblo fue el verdadero protagonista de la Unidad Popular, ésa fue la meta de Salvador Allende y fue ese pueblo el que lo llevó a la primera magistratura. Un pueblo que lo alzó en andas, que se tomó las calles, que celebró por ser “mirados” por un líder con respeto, no como un “sector” al cual asistir. El pueblo luego de largo tiempo volvía a ser protagonista de su historia. En la fotografía encontramos el lugar por excelencia para hurgar y encontrar a ese pueblo como simbolismo del quehacer de la Unidad Popular. Como memoria de la vida cotidiana.

Invocar la memoria de la vida cotidiana: la vestimenta, el peinado, las costumbres de la cocina, la forma de enfrentar los problemas, los desafíos, la manera de hablar, los hogares, las escuelas, el trabajo, el ocio, el deporte (fundamentalmente el fútbol) y tanto más, esto es lo que se guarda en el corazón de la fotografía de la época.

En ese cotidiano es dónde se jugaba el accionar de la Unidad Popular. Sin embargo, la historia en general no ha buscado allí, como si el quehacer de la UP no hubiera estado orientado a cambiar y mejorar la vida de las personas, devolverles sus derechos. Es ahí donde podemos constatar la historia, reconocer cuánto construimos entre todxs. Mostrar no sólo a aquellxs que estaban en los espacios de decisión y poder.

Recurrir a esas imágenes es retratar el modo en que se tomaron los espacios de la ciudad, se construyeron los espacios de la solidaridad “poniéndole el hombro”, con las mujeres/madres levantando exigencias para una atención digna en los servicios de salud, recuperando los medios de producción, siendo agentes del poder cotidiano.

Las mujeres y hombres que por primera vez tuvieron acceso a una alfabetización respetuosa de su historia personal, la retoma de la escolaridad, y rescatando relatos de la época muchxs han hablado de la “felicidad” como el centro de su vida cotidiana, la utopía era realidad en su vida diaria. Muy pocos del pueblo se restaron, y muchas personas de situación de vida privilegiada se comprometieron con este proceso, acercándose con respeto y emoción. Hay fotografías de todxs compartiendo un vinito después de las clases de alfabetización.

La Unidad Popular fue un momento que cambió la mirada sobre la vida y sus expectativas a tantxs. Se ve en sus rostros. Lamentablemente el concepto “hombre nuevo” invisivilizó la lucha de género, enfocándose en las mujeres/madres y la salud y bienestar de lxs niñxs, como se ve con claridad en la Revista “Paloma”, “la” revista de mujeres de la UP.

Hurgamos en las fotos de la época y vemos tantos rostros felices que, innegablemente, refulgen más con el brutal corte que sacó de un plumazo al pueblo de su destino como hacedores de su propia historia.