La actriz, hija, nieta, bisnieta y tataranieta de militares, fue detenida y torturada después del Golpe de Estado y tuvo que vivir exiliada.

Esta es su respuesta a la esposa del violador de derechos humanos, brigadier Miguel Krassnoff, quien reclamó -antes del traslado desde el penal Cordillera a Punta Peuco- que “las cárceles de lujo no existen”.

Carta respuesta a la señora Angie de Krassnoff

ME DUELE Y ME ESPANTA

Me duele y me espanta leer una carta abierta de la señora Angie de Krassnoff acusando al mundo, del “injusto castigo” que vive su marido y por ende ella y su familia, porque él es una víctima inocente, inmolado solo por haber luchado contra un “ejército marxista argumento casi infantil y que no resiste análisis.

Resulta penoso comprobar que 40 años después aún no se de cuenta de con quien se casó y tuvo sus hijos.

Yo viví con espanto como las muchachas que compartían celda conmigo, temblaban sin control y de miedo a la sola mención de su nombre, dos de las cuales, Muriel Dockendorff y María Elena González, torturadas personalmente por él, son hoy “Detenidas Desaparecidas”, ninguna de las dos llegó a cumplir los 25 años, una de ellas se había casado dos meses antes, la otra murió junto a su único hermano. Ninguna jamás había empuñado un arma.

Me duele, y me espanta que ese ser, como otros que lo acompañan hoy en su sentencia, hayan formado parte del Ejército de Chile, el que llevo en la sangre, por el que mi padre siendo Coronel tuvo un accidente de aviación quedando inválido, mi abuelo siendo capitán pasó a retiro, debido a un accidente ecuestre, dedicó el resto de su existencia a escribir cuentos militares y cuyo monumento se levanta en los jardines de la Escuela Militar; por el que mi bisabuelo, Coronel leal al Presidente Balmaceda, fue asesinado y del que mi tatarabuelo fuera Comandante en Jefe a mediados del siglo 19 y que se integrara a sus filas por amistad con Manuel Rodríguez.

Ese Ejército en el que me crié, entonces poblado por centenares de hombres valientes y respetables, como el General Schneider, el General Prats el General Pollarolo, el General Joaquín Lagos, el humilde y leal sub-oficial ayudante de mi papá el maravilloso y siempre sonriente” chico Morales,” el sub-oficial Martínez, quien por años nos llevó al colegio en el coche con caballos y arneses con campanitas, del Regimiento “Coraceros,” el ordenanza Bustamante y los tantos cabos, sargentos, hasta “pelados,” que me enseñaron a ensillar y montar mi caballo, con cariño y gentileza, desde muy pequeña.

Me espanta que todo lo construido por tantos hombres de bien, haya sido mezclado con personajes de la ralea de Pinochet, Contreras o este mismo Krassnoff.

Me entristece ver como esta señora sigue culpando a los otros de la maldad que habita en el hombre al que, en su infinita ceguera, aún defiende. Pobre mujer.

Pobre mujer que perdió a una hija, nosotros, los otros, no le deseamos eso a nadie, sabemos lo se siente.

Pobres tantos militares nobles que vieron a su amada Institución albergar a perturbados y sádicos.

Pobres de aquellos que tuvieron por Comandante en Jefe a alguien capaz de mandar matar a sus superiores y camaradas de armas solo por hacerse del Poder.

Pobres aquellos viejos militares duros que confunden la lealtad al Tirano con el amor a la carrera.

Pobres de nosotros los hijos, a los que aún nos duele haber vivido el tiempo en que el Ejército del que fuimos niños orgullosos, pasó por la oscuridad mas oscura, arrastrado por un traidor a quienes juró defender.

Pobres los héroes de nuestra historia, como los hermanos Carrera y los valientes muchachos héroes de la batalla de la Concepción, que vieron ensuciar con sangre su recuerdo.

No señora Angie de Krassnoff, las personas como su marido jamás debieron pisar un recinto militar.

No se confunda, él no es lo que antaño se llamó y se llama nuevamente hoy, un digno oficial del Ejército de Chile, él es solo un pobre hombre, como su cómplice y jefe, que solo despiertan horror, que cumplen justa condena por sus crímenes y que como único futuro, tienen por delante, el juicio de Dios.

No son víctimas de nadie, ni hay confabulación alguna en su contra, solo cosechan lo que sembraron, creyendo con soberbia que gozaban de la mas absoluta impunidad.