El próximo martes 29 de Octubre las escuelas de Chile vivirán un proceso inédito que tendrá como protagonistas involuntarios a cientos de miles de niños y niñas de 7 u 8 años. Este es un hito sin precedentes. Se incorporarán al sistema de pruebas estandarizadas censales niñas y niños tan pequeños: por primera vez todos los segundos básicos rendirán una prueba del SIMCE. Como ya es sabido, la aplicación de esta prueba ha generado estrés en los otros niveles educativos, producto de la presión a la que son sometidas las escuelas para obtener buenos puntajes. Por lo tanto, es esperable que este estrés sea aún mayor en niñas y niños pequeños, quienes se encuentran en una etapa muy sensible de su desarrollo y tienen menos herramientas para enfrentar la situación de presión a que serán sometidos. La campaña Alto al SIMCE, que reúne a investigadores y expertos, estudiantes secundarios y universitarios, apoderados y profesores, ha lanzado una voz de alerta llamando a detener la implementación del SIMCE. Este llamado está motivado por las negativas consecuencias, tanto emocionales como educativas, que tiene el SIMCE en los niños y sus familias y profesores. Existen evidencias que muestran cómo las escuelas comienzan a preparar a los niños y niñas para esta prueba desde primero básico o incluso desde kínder. Por ejemplo, una escuela de la comuna de Ñuñoa en la Región Metropolitana señalaba entre sus estrategias implementadas durante el último tiempo la “aplicación de instrumentos de evaluación con modelo de prueba SIMCE desde 1ro básico” y la realización de “tres ensayos SIMCE al año”. Otro ejemplo: en un colegio de La Florida con altos puntajes SIMCE, en reunión de apoderados, los profesores piden a las familias apoyo para obtener buenos resultados en estas pruebas porque si no ellos perderán su trabajo. Por otra parte, las políticas de mediciones con altas consecuencias empuja la existencia de prácticas éticamente cuestionables. Hay casos de estudiantes y apoderados que señalan que se les ha informado que el SIMCE tiene nota al libro y que las notas serán publicadas en internet, que sus niños han tenido que rendir ensayos SIMCE con nota, e incluso que se les han ofrecido estímulos inadecuados (como una buena calificación) si rinden un buen SIMCE. En Chile, desde la implementación del SIMCE hace 25 años, tanto políticos como académicos han impulsado políticas que dependen de la medición educativa, asociando los resultados de las escuelas en pruebas estandarizadas a incentivos y castigos. De esta manera, se promueve que las escuelas se enfoquen sólo en aquello que es medido por el SIMCE, dejando de lado los demás aspectos que enriquecen la vida escolar y dando cuenta de un concepto de niño como mero reproductor de conocimientos. En el caso de niñas y niños tan pequeños, la situación se agrava todavía más ya que pruebas como el SIMCE se presentan de manera completamente descontextualizada, sin respetar sus características de desarrollo y favoreciendo a muy temprana edad mala disposición al aprendizaje, ya que la asociación del aprendizaje al rendimiento en una prueba podría generar asociaciones negativas hacia éste. Así, en el caso del SIMCE de comprensión lectora, por ejemplo, asociar la lectura al rendimiento en una prueba de este tipo podría crear asociaciones negativas, provocando el efecto de desincentivo a la lectura. Existe evidencia que señala que lo más importante para desarrollar habilidades lectoras es el gusto por la lectura, por lo que asociarla a eventos estresantes como el SIMCE iría en desmedro de ella. Las políticas educativas de los últimos años, como la promulgación de la Ley General de Educación y la creación de la Agencia de Calidad de la Educación, han aumentado la presión a las escuelas por obtener buenos resultados en el SIMCE. Esto produce un clima de tensión que finalmente se traspasa a los niños y niñas y a sus familias; clima de tensión que, de acuerdo a la evidencia que nos han aportado las neurociencias durante las últimas décadas, provoca un daño irreparable en sus trayectoria de desarrollo. Además, existe temor de padres y apoderados de denunciar las presiones sobre la prueba y exponer a los niños a situaciones emocionalmente impactantes, dado que las presiones sobre directivos escolares terminan impactando las relaciones en la escuela. Los académicos, investigadores, padres y apoderados, profesores, y estudiantes que integran Campaña Alto al SIMCE, expresan su compromiso con los niños y niñas del país, para construir una educación integral, crítica y reflexiva, concebida como un derecho social. El SIMCE es un obstáculo para este propósito, y está dañando profundamente a las nuevas generaciones y su relación con la escuela y la escolaridad. Es necesaria una discusión amplia en nuestro país acerca de la evaluación educativa, que permita desarrollar un modelo de evaluación educativa más justo, democrático, respetuoso de la infancia y de las realidades locales.

Más información sobre organizaciones participantes y adherentes a Alto al SIMCE en http://alto-al-simce.org