ránking de notasResulta curioso hablar de discriminación cuando aparecen tímidas medidas de compensación (acción afirmativa), que pretenden favorecer a los estudiantes con mejor trayectoria de desempeño académico en la educación media de cada uno de los colegios y liceos del país, independientemente de sus características socio-económicas, culturales o de vulnerabilidad.

Es sintomático que los que saltan al ruedo del debate sean los liceos públicos que más “discriminan” al seleccionar y expulsar a sus estudiantes en base a los resultados escolares. Favorecen de esta forma la segmentación, segregación y apartheid educativo que caracteriza nuestro sistema escolar en el concierto internacional.

El uso del ranking viene a equilibrar marginalmente las posibilidades de acceso a favor de los estudiantes más exitosos de los liceos más vulnerados (la mayoría de los públicos), por sobre las posibilidades de acceso del 50% de los estudiantes de más bajos resultados escolares de los liceos de “excelencia”. Lanzando así una señal hacia el sistema escolar y hacia las decisiones familiares: no parece  la mejor estrategia dejarse seleccionar y segregar tempranamente para lograr el acceso a la universidad.

El uso del ranking reconoce, por parte de las universidades, que la PSU – por sí sola – no es lo que mejor predice la permanencia y éxito en la educación superior. La PSU no reconoce talentos sino que oculta la selección de clase socio-económico-cultural bajo la apariencia de objetividad de prueba estandarizada.

Se abre así un debate entre: a) la estrategia del ascenso social meritocrático a través de aceptar, por decisión propia o de los padres, ser seleccionado y segmentado tempranamente para “compartir y educarse con los mejores”, cueste lo que cueste; y b) la estrategia del ascenso social meritocrático a través de permanecer en el liceo cercano, vulnerado, público, aprovechando óptimamente las oportunidades disponibles en su entorno. Resulta así una suerte de escenificación del conflicto entre valores culturales de las clases medias y de las clases populares.

Se desata con el debate del ranking una competencia entre “los de abajo”. Pero, ¿cuál es el problema que se oculta? El problema es muy simple: el número de cupos universitarios de calidad disponibles es menor que el número de jóvenes con talentos y capacidades suficientes para el éxito en la educación superior.

La estrategia de generar “mercado educativo” en la educación superior ha sido un gran “fraude”. Hay más oferta, pero de mala calidad y muy cara. Los jóvenes con talentos y capacidades quieren acceso a las universidades de calidad, y estas no tienen los cupos suficientes.  Específicamente, en los últimos 40 años no se ha creado ninguna universidad pública en el país; además, los cupos disponibles en estas universidades han aumentado demasiado lentamente. El estado chileno no ha invertido lo suficiente en educación superior (el más bajo de la OCDE), y ha equivocado groseramente su orientación: financiamiento de un mercado educativo desregulado, sin control del lucro ni de la calidad, en lugar de inversión en universidades públicas reguladas y de calidad.

No es de extrañar que el debate se oriente, en los medios de comunicación, al conflicto entre “los de abajo” – las mayorías – ; porque si estos descubren sus intereses comunes – el problema que se oculta – , entonces… el debate será otro.

Foto: Universidad de Santiago.