Pancho FigueroaHay en Francisco Figueroa una tendencia en volver al 2011 a la hora de precisar sus ideas. Es como si desde ahí pudiera ordenarse para transmitir lo que ese año, para él, tiene de modelo y lección: unidad, amplitud, movilización. Conceptos en los que insistirá y que considera imprescindibles para la fortaleza del movimiento estudiantil y la de izquierda política.

–      ¿Qué balance político haces de lo que fue la campaña?

–      Ha sido una experiencia muy positiva en el sentido de construir convergencias con esfuerzos y trayectorias de orígenes diversos. Gente que trabaja en diferentes frentes, de distintas matrices políticas. Socialistas, comunistas, del mundo crítico concertacionista e independientes en su gran mayoría. Esa concordancia, en el contexto de la fragmentación tan ridícula de la izquierda, es algo que nos pone muy contentos. Al revés, nos preocupa bastante un contexto con una gran cantidad de candidaturas presidenciales que tiene ideas de izquierda, más la abundancia de grupos que creen que con su sola acción van a cambiar el mundo. Nosotros en la candidatura hemos querido hacer lo contrario.

–      Se deduce que la candidatura ha permitido, entre otras cosas, hacer un diagnóstico de las fortalezas y debilidades de la izquierda actual.

–      Las fortaleza es que las ideas de izquierda, humanistas y libertarias, que defienden la igualdad sin apellidos y la libertad en un sentido amplio, no solo de hacer dinero, siguen siendo acogidas. Muchas de las convicciones que hoy movilizan a la ciudadanía y por las que la clase política debe responder han tenido su origen en la izquierda. Lo que pasa es que este sector no ha tenido la capacidad de realizarlas. Hoy el dogma neoliberal se hizo pedazos, después de 40 años de vigencia. Por lo tanto se hace necesario no volver al pasado, pero sí recuperar algunas miradas para las políticas de Estado. Para ello, el principal obstáculo es el sectarismo muy profundo, la mentalidad de mercado que también ha penetrado en la izquierda y que nos ha legado propuestas políticas de nicho, es decir, una izquierda para los ecologistas, otra para los que creen que el poblador es el sujeto, otra para los intelectuales y también una que se aferra a los partidos políticos tradicionales. Es como ir al mall: hay izquierdas para todo. El desafío por lo tanto es juntar diversidades y no fragmentarlas.

–      Durante el siglo XX, la principal vía de articulación de la izquierda fueron los partidos de clase. Hoy, procesos y candidaturas como los que describes son posibles en distritos ilustrados, pero no en zonas populares ¿Qué reflexión te merece ese supuesto, si lo compartes?

–      Estoy de acuerdo con el supuesto. Las reformas neoliberales transformaron tan profundamente la sociedad y el poder político desarmó tanto al campo popular que hoy, para la izquierda, para los esfuerzos de cambio, resulta mucho más difícil construir sentido y voluntad de acción en el mundo popular. El neoliberalismo, entre otras cosas, se encarga de provocar esa desarticulación. Pero eso no nos debe hacer renunciar, por el contrario, nos debe llevar a comprender las nuevas complejidades que supone construir politización. En mi distrito lo que hay es una clase media tradicional que dependía de un Estado que ya está desapareciendo. Que trabajaba en el sector público, en las universidades y colegios del Estado. O en el mundo de la cultura, con ayudas públicas. Pero en la medida que el Estado va retrocediendo estos sectores se sienten cada vez más huérfanos. Entonces creo que es ese sentimiento de orfandad lo que los moviliza, lo cual no es nuevo, porque el 2011 tiene mucho de eso. El 4 de agosto de ese año, cuando nos reprimen, la gente que sale a las calles no es, como era antes, la de las poblaciones, sino en comunas de clase media: San Miguel, Ñuñoa, sectores de Providencia, La Florida. Entonces hay en esos segmentos una herida que puede construir sentido para el resto de la sociedad, dándole curso a las frustraciones o aspiraciones de otros sectores.

–      En comunas como las que nombras, hay algunas dimensiones emergentes de una disputa desde la izquierda, como la ocupación del espacio público. El proyecto de Josefa Errázuriz tiene mucho de eso, pero tal cosa es completamente inviable en vastos sectores donde no hay plazas ni canchas de fútbol ¿Cómo incorporamos la dimensión espacial o territorial a la lógica de construcción?

–      El valor que puede tener esa dimensión es que cualquier proyecto transformador debe tener altos niveles de participación ciudadana. A su vez, el Estado es cada vez más incapaz de mediar entre los derechos de los ciudadanos y el afán de ganancia de los capitalistas, que prima sin contrapeso. Para rearmar poder social, hay que empoderar y ahí la ocupación del espacio público juega un rol fundamental. Eso tenemos que ser capaces de expandirlo a toda la sociedad y no solo en los lugares donde hasta ahora están dadas las condiciones.

La izquierda y la izquierda autónoma

–      Tu candidatura es parte de una decisión colectiva de la Izquierda Autónoma, que además postula a Daniela López en Valparaíso y Gabriel Boric en Punta Arenas ¿Cuál es tu evaluación de cómo ha resultado ese paso?

–      Para nosotros lo estratégico es que se tiene que construir una fuerza histórica, un movimiento amplio que renueve las luchas sociales de siempre. No se trata de juntar firmas ni fuerzas para legalizar a la Izquierda Autónoma como un partidito nuestro. Queremos ser parte de una alianza muy diversa y muy plural. Eso se juega en un plazo más largo que supone la confluencia de distintas vertientes, donde nosotros queremos aportar con un grano de arena estando siempre en la lucha social, estudiantil principalmente, pero también en otros campos. Esto, para nosotros, incluye lo político electoral, y se traduce en invitar a mucha gente que está desilusionada con la Concertación, con la izquierda tradicional o que, incluso, nunca ha participado. Decirles que hay una forma distinta de hacer izquierda, que no somos solo estudiantes con ideas para la lucha estudiantil, sino que estamos interesados en la transformación social.

Pero además, queremos combatir ideas como la subsidariedad del Estado y la democracia restringida. Para hacerlo teníamos que estar presentes en esta elección, junto a muchos otros. No hay 2013 sin 2011 y esto implica dos cosas: primero, que las candidaturas presidenciales han debido pronunciarse sobre estos temas y, segundo, que no nos pasen más gato por liebre. O sea, que no se hagan más discursos progresistas y simultáneamente políticas de derecha. Como decía Pirincho Navarrete, la Concertación ha hecho mucho de eso para contener al movimiento social.

–      En estos meses, muchos han hablado de “los dirigentes estudiantiles que postulan al Parlamento”, pero hay entre ustedes no solo similitudes, sino también diferencias ¿Cuáles son, actualmente, éstas últimas?

–      Hay diferencias, las hubo siempre y dentro del movimiento estudiantil también. Los que postulamos al Parlamento provenimos de colectivos distintos, con matrices y prácticas políticas diferentes, pero el 2011 fuimos capaces de unirnos para hacer algo más grande que nosotros. Nuestra voluntad antes y ahora es que pesen más las convergencias que las diferencias. Somos los únicos entre las candidaturas estudiantiles que las apoyamos a todas, porque a pesar de las diferencias que tenemos en esta vuelta creemos que la capacidad de articularnos que tuvimos el 2011 es mucho más relevante para la transformación que la alianza de un sector de ese movimiento con la vieja política de la transición. La unidad de todos nosotros va a resultar, a la larga, mucho más efectiva, no solo para constituir eventualmente una bancada parlamentaria sino para seguir corriendo los límites de lo políticamente posible en este país. Nosotros, la Izquierda Autónoma, queremos provocarle una ruptura a la vieja política desde la independencia, pero sin perder la vocación de unidad con los referentes del movimiento estudiantil de 2011.

 –      ¿Cuál es el peso en esa ecuación del factor Michelle Bachelet? Algunos de los dirigentes a los que aludes han sido muy visibilizados en su candidatura.

–      No es nada fácil porque Bachelet es más que Bachelet misma. Este ascenso triunfal al poder es al mismo tiempo la expresión de la derrota de la izquierda y de las dificultades que tendremos para articularnos. Siendo lo más probable su triunfo, la elección presidencial ya no es lo más importante, sino que exista la presión suficiente para que su gobierno no pueda evadir las demandas que está planteando la ciudadanía. Ella es un espacio en disputa y hay una influencia cada vez más presente de los grupos económicos en su candidatura. Los partidos políticos decaen y ella los ningunea, pero al mismo tiempo el grupo Luksic pone y saca empleados suyos del comando. Tendremos que contrapesar esa influencia neoliberal en el próximo gobierno desde una posición de independencia y presión.

La Fech y las candidaturas

 –      ¿Cuál es tu interpretación política del resultado de la elección de la Fech?

–      El resultado indica una frustración muy grande del mundo estudiantil ante la no consecución de sus demandas, parecida a lo que ocurrió después de 2006. Por eso hay una mayor desconfianza de los métodos usados tradicionalmente por el movimiento. Eso se expresa en algunas realidades que hoy presenciamos, como la baja participación y la fragmentación. Los chicos de Luchar crecen a partir de esa sensibilidad y estado de ánimo. De la incapacidad de estas instituciones por recoger las demandas, tenemos que los reclamos contra toda institucionalidad en sí misma crecen mucho más, porque se ve que la interacción con ellas es una cosa inútil, como sucedió en Derecho, donde ganó una lista de chistes contra la izquierda estudiantil. Entonces ésta, creo, debe entrar en una profunda reflexión, porque la necesidad de movilizarse y actuar con unidad se tiene que reconstruir permanentemente.

 –      Andrés Fielbaum interpretó el resultado como una señal clara de los estudiantes a enfrentar a Bachelet, mientras Melissa Sepúlveda criticó a los ex dirigentes que postulan al parlamento, lo cual incluye una crítica política a la Izquierda Autónoma ¿Cuánto pudo influir eso en el resultado?

–      Estoy de acuerdo con Andrés, en el sentido que lo que hizo posible el 2011 y lo que nosotros pusimos sobre la mesa fue la unidad, incluso por sobre posiciones muy claras y discrepantes que pudiéramos tener. Nos la jugamos, con altos costos, porque el Confech no se quebrara y porque nuestras diferencias no tuvieran visibilidad pública, porque eso le hacía mal al movimiento. Esos principios hay que mantenerlos, nosotros perdimos en la Fech, estamos en la vicepresidencia y queremos mantener esa vocación. Creo que con los libertarios estamos de acuerdo en que lo que realmente importa es fortalecer el movimiento estudiantil y no las orgánicas particulares, que es una conducta que forma parte de otra tradición de la izquierda que nosotros no compartimos. Estamos para que a la Fech y al movimiento le vaya bien y, en ese sentido, para actuar unidos con la Melissa.

Respecto a las críticas a las postulaciones, es un asunto heterogéneo. En nuestro comando hay chicos que nos apoyan y que estuvieron en la Fech con la lista que ganó, haciendo una diferencia entre nuestra candidatura y, por ejemplo, las de Giorgio y Camila, por vincularse con la Nueva Mayoría. Muchos libertarios están en la candidatura de Marcel Claude, también. La UNE, que es la segunda fuerza de Luchar, está muy comprometida en su comando. Entonces esta crítica es, fundamentalmente, una crítica a las alianzas con la Concertación, más que a las postulaciones en sí. Hay muchos libertarios que están con nosotros en Ñuñoa y Providencia que así nos lo han hecho saber.

 –      Ahora, más allá de la coyuntura hay un debate de fondo respecto a la relación del movimiento estudiantil con la institucionalidad y con el campo electoral.

–      Sí, es un debate real y súper fundado, porque la política institucional ha hecho bien poco mérito para congraciarse con la sociedad. Ante la ciudadanía es sinónimo de corrupción, burocracia y sordera. De hecho, a quienes critican a los que nos votan les recomiendo que vayan a golpearle la puerta a los presidentes de los partidos, porque ellos son los verdaderos responsables, no los que legítimamente desconfían. Son Escalona, Jovino Novoa o Sergio Bitar los que le han hecho verdaderamente mal a la confianza en las instituciones, mucho más que el anarquismo o que el movimiento estudiantil. Nosotros vemos que la política institucional es súper dura porque sus términos siempre son impuestos por los que van ganando, pero que si no apostamos a cambiarlos siempre seremos regidos por intereses ajenos. Toda sociedad, hasta la más utópica, requiere de institucionalidad, pero se trata de que sea propia, que los ciudadanos la sientan como legítima.