(Texto del libro Plebiscito para una nueva Constitución, de Ediciones El Desconcierto, leído durante el encuentro ciudadano del pasado 20 de julio).

Chile, país OCDE, hemos obtenido este preciado título de país puntero, de nación triunfadora y pujante, transformándose en símbolo del modelo llevado a su extremo más desquiciado, siendo la codicia y el lucro instaurados como un valor, convirtiendo la ley del más fuerte en la imperante en todos los vínculos humanos.

El tipo de sociedad que construimos, feroz y competitiva, genera sin duda grandes desequilibrios en la salud de sus integrantes, que viven en la angustia de sentir cuestionado su propio valer, vulnerados en su dignidad, ya que en esta mecánica de lucha y competencia, arrogancia y desconfianza, para que uno “gane”, otros varios, la inmensa mayoría, deben perder.

Y en este escenario de egoísmo y abuso, la “guerra contra las drogas” en nuestro país, con especial énfasis en perseguir la Cannabis, ha sido, además de un rotundo fracaso, un poderoso medio de criminalización y control de los ciudadanos, en particular de la juventud. Los usuarios de Cannabis son perseguidos y tratados como delincuentes, siendo vulnerados sus libertades individuales y sus derecho a elegir utilizar esta planta milenaria para usos medicinales, recreativos, o espirituales, aliviando así en parte el estrés y el dolor provocado por la naturaleza de la vida poco amable que llevamos.

Necesitamos cambios profundos, que nos devuelvan la dignidad como sociedad, cambios que surjan desde el corazón de las comunidades, que terminen con la inequidad estructural de este modelo que niega al otro su valor. Necesitamos darnos un nuevo orden donde haya espacio para la empatía, la colaboración y la cooperación.

Necesitamos una constitución engendrada y nacida en libertad, de todos y para todos. Por eso estamos aquí y ahora, para hacernos cargo de escribir nuestra historia.