LechnerEl primer nacimiento es contingente, nadie elige dónde nacer. Venimos al mundo, como diría Octavio Paz, entre sangre, mierda y pañales, sin haber podido nunca decidir dónde nacer. El segundo nacimiento es el que Lechner eligió. Decidió ser chileno y latinoamericano un año antes de que su cuerpo se cayera del alma. La verdad es que Lechner honró a Chile y América Latina cuando aceptó la nacionalidad chilena. A través del compromiso con el pensamiento social y político honró la posibilidad de los cambios. Como pensador de lo social y de lo político escribió libros que trascienden las coyunturas en la medida que ponen en cuestión los consensos y los pactos que le tocó presenciar como director de FLACSO, institución que presidió entre 1988 hasta 1994. Vivió el Chile de la Unidad Popular, vio el genocidio cometido por la Junta Militar y también vivió los años del auge de las políticas neoliberales. Palabras como consenso, pacto, democracia, subjetividad, conflicto social, Estado y revolución, entre otras, no son extrañas a su pensamiento político. Por el contrario, estas palabras constituyeron el léxico político indispensable para el pensamiento de Lechner y, al mismo tiempo, lugares de sospecha y de urgencia reflexiva. Era por sobre todas las cosas un pesador social y un gran lector que desde muy joven se convenció de que el espacio de la reflexión teórica y política significaban un compromiso con el cambio social.

De Lechner se pueden decir muchas cosas; que su sociología política está demasiado atada al liberalismo democrático; que el límite de su pensamiento está dado por el agotamiento de la democracia parlamentaria; que su reflexión sobre el miedo y la subjetividad en Chile no pasa de ser una elucubración socialdemócrata; que su teoría de la subjetividad es una teoría del orden, etc., etc. No obstante, lo que no se puede decir es que Lechner no era un pensador político que vivió comprometido con la lucha por transformar las estructuras de dominación, con la posibilidad de una democracia radical. A diferencia de otros cientistas sociales no se podrá nunca decir de él que vivió como un asalariado de los hechos empíricos, de la “realidad concreta” y que en nombre de ésta abandonó los libros, la reflexión teórica. Lechner entendió desde sus primeras obras que no hay posibilidad de un pensamiento democrático sin la lectura de las más complejas teorías. De su obra se puede decir que es precisamente un intento por descifrar la complejidad del presente. La convicción de la importancia de la teoría y la urgencia de ésta para pensar las condiciones de imposibilidad del presente es algo que intuyó desde su temprana estadía en Chile. Era un lector de Marx y de la tradición del Marxismo, un lector de Blanchot, de Bataille, de Althusser, de Foucault, de Adorno, Horkheimer y Marcuse, de Apel y Habermas, de Hobbes y de Tocqueville. También fue un seguidor  indiscutible y asiduo de la teoría del conflicto de Ralf Darendorf, quizás más asiduo de lo que él mismo pudiera haber confesado.

Con Darendorf no sólo comparte su primera nacionalidad, sino también el presupuesto ontológico de que las sociedades se desarrollan debido al conflicto y el horizonte liberal basado en la libertad y en un concepto fuerte de democracia. De hecho, de su primer libro La democracia en Chile (1970)—publicado en la Argentina por iniciativa del director de la histórica revista de orientación marxista Pasado y Presente, José Aricó—Lechner dice: “la dinámica del cambio social, el conflicto de clases, la democracia como institucionalización de conflictos. Eran temas ausentes en la escuela norteamericana pero, a mi juicio, indispensables para la comprensión del proceso chileno.”[i] Pero no es sólo Darendorf y la filosofía alemana y francesa la que marca el desarrollo de su pensamiento intelectual.

Cuando llega a América Latina en la década de los sesenta, llega en el contexto de un hervidero de grandes intelectuales. Este hervidero será aún mayor debido a la experiencia de la Unidad Popular. Lechner estuvo rodeado de intelectuales de la altura de Franz Hinkelammert, Alain Turaine, Enzo Faleto, Enrique Cardoso y Osvaldo Sunkel, entre muchos otros. Desde fines de los sesenta fue amigo íntimo de José Arico y en sus último años, amigo entrañable del destacado cientista social Tomás Moulian.  Conoció de cerca el debate que en América Latina había tomado lugar a través y en virtud del libro Política y sociedad en un periodo de transición (1965) de Gino Germani, libro clave de las teorías de la modernización. Conoció el auge de la teoría de la dependencia y el desarrollo en América Latina; Santiago era una importante capital de las letras y la producción teórica. Se sabe que entre 1967 y 1968 el ensayo Dependencia y subdesarrollo en América Latina (1969) de Fernando Enrique Cardoso y Enzo Faleto fue escrito en Chile. Lechner conoció lo mejor de este laboratorio, de este hervidero intelectual en el que circulaban los teóricos brasileños Theotonio Dos Santos y Vania Bambirra, quienes junto a André Gunder Frank y Ruy Mauro Marini, formularon desde una perspectiva marxista la teoría de la dependencia en América Latina. En otras palabras, Norbert Lechner no sólo fue parte de una ciudad letrada, sino del compromiso ético e intelectual con el cambio social. Entre sus libros más célebres, los siguientes son indispensables para el debate sobre lo político: La crisis del Estado en América Latina (1974), La conflictiva y nunca acabada construcción del orden deseado (1984), Los patios interiores de la democracia (1998) y Las sombras del mañana (2002). El lector puede consultar las Obras escogidas (2007, LOM Ediciones) de Norbert Lechner donde se encuentran compiladas casi la totalidad de sus libros y verificar en su contexto los siguientes fragmentos:

 

“La determinación fáctica de la realidad es a la vez una determinación normativa. El poder se realiza qua orden… La realidad no es una naturaleza muerta sino una producción social”

 

“El estado nos vigila invisiblemente como los ojos de Dios. Me hace recordar la situación límite que evoca con tanto rigor el Libro de Job”

 

“La categoría de lo imposible no ha sido estudiada con la atención que se merece. Sirvió de pretexto para subrayar que lo posible es el único objeto de constantes investigaciones”

 

“La llamada ‘crisis de sentido’ que vislumbramos por doquier podría ser el reflejo de un horizonte utópico, si no ausente, al menos opaco. De poco sirve proclamar un fin de las utopías similar al supuesto fin de las ideologías… Toda reflexión de nuestra realidad social sigue produciendo o reproduciendo utopías”

 

“La política ya no es lo que era. Más que de una ‘despolitización de la sociedad’ se trata de una ‘despolitización de la política’”

 

“Sólo quien acepta la muerte puede oponerse al orden. Pero no puede construir un orden a partir de la muerte. Falta construir un orden sin miedo a la muerte: La aspiración anarquista”

 



                         Lechner, Nobert. “Las condiciones sociales del trabajo intelectual.” En Obras escogidas. Lom Ediciones, 2007.