Todos a la Moneda

“Para no hacer de mi ícono pedazos,

para salvarme entre únicos e impares,

para cederme un lugar en su parnaso,

para darme un rinconcito en sus altares.

Me vienen a convidar a arrepentirme,

me vienen a convidar a que no pierda,

me vienen a convidar a indefinirme, me vienen a convidar a tanta mierda”

El Necio. Silvio Rodríguez

 

 

 Este escrito busca ser una contribución a ello.

Sin duda la evaluación está dominada por el resultado electoral. La baja votación obtenida por el candidato del movimiento Todos a La Moneda constituye objetivamente un fracaso ante la posibilidad de marcar un hecho político en esta contienda electoral presidencial, e instalar una alternativa desde la izquierda anticapitalista que efectivamente y más allá de lo testimonial, pudiera incidir en la agenda de un nuevo ciclo político.

 

Pero el fracaso requiere ser explicado, y junto con ello mirar lo que de este proceso también hemos ganado. Ni un poquito de autocomplacencia, ni análisis oportunistas o parcelados. Debemos tomar todo por partes, para volverlo a armar.

 

El Fracaso

 

Cuando uno entra a la contienda electoral, la principal medición es el resultado en votos. Hay análisis en otros planos, necesarios e incluso determinantes para el futuro, pero lo primero y significativo es el resultado obtenido. Un partido se gana con goles, se hagan como se hagan. Aquí los votos cuentan, y con el 2,8% obtenido no ganamos la contienda ni tampoco alcanzamos la meta.

 

El desglose de datos así lo demuestra. Marcel sacó prácticamente lo mismo que le daba la primera encuesta CEP y menos que la lista de parlamentarios y de CORES de Todos a la Moneda.

 

La suma de los votos de Marcel con los de Roxana no nos dejan tampoco dentro del piso de la izquierda extraparlamentaria –antes de los lamentables pactos y acuerdos del Partido Comunista con la Concertación–, que se mantuvo entre un 5% y 6% en las últimas dos elecciones. Por otro lado, creemos que sumar, sin más, las votaciones de Sfeir y MEO, es un ejercicio aritmético que no se condice con las distancias políticas existentes con sus proyectos, que si bien plantean algunas críticas que compartimos al capitalismo neoliberal, no representan una ruptura radical contra dicho modelo.

 

Marcel Claude obtuvo un 2,80% de los votos; en senadores, la lista de Todos a La Moneda alcanzó un 3,47%; en diputados se alcanzó un 3,36%; finalmente, en cores se logró llegar al 4,51%. Aunque históricamente la izquierda ha obtenido menores votaciones en lo presidencial que en representantes de orden más local, podemos afirmar, de acuerdo a los resultados parlamentarios y de cores, que la candidatura presidencial no alcanzó a expresar todo su potencial electoral.

Pero los fracasos no solo están en esta candidatura, pese a que hoy nuestros ojos están puestos en aquello. La bajísima votación obtenida por Roxana también es un golpe para una propuesta popular que terminó condenada a lo testimonial, y si incluso miramos hacia el otro lado de la vereda, con la abstención como protagonista, ni Bachelet podría estar festejando; con menos votos absolutos que los obtenidos por ella misma en las elecciones el año 2005, se muestra que el supuesto impulso y fuerza de una nueva mayoría con la que viene a gobernar, no es tal.

 

Pero volvamos a mirarnos a nosotros: el fracaso electoral es claro. Lo que importa son las causas.

 

 

Las causas del fracaso

 

Los resultados estuvieron bajo las expectativas. No somos de los que obnubilados por el fenómeno de activación político-social que generó la candidatura, o el “ímpetu” de las redes sociales, creyeron que era posible llegar a los dos dígitos o incluso pasar a segunda vuelta. Pero sí nos vimos muy sorprendidos por los resultados, pues el 2,8% obtenido estuvo muy bajo respecto de un 5% que estimábamos como el piso de votación para hablar de una instalación política exitosa.

 

Este golpe recibido impone una primera y central pregunta ¿Por qué?

 

Partamos primero por cuáles creemos que NO son las respuestas.

 

En primer lugar, descartamos las respuestas fáciles que culpan al empedrado. Siempre los medios de comunicación de masas buscarán invisibilizarnos, siempre estaremos carentes de recursos y de tiempo. Éstas son dificultades no condenas, tal como lo muestran otros procesos políticos del continente que han podido avanzar en circunstancias igualmente adversas.

 

Creemos que son muy pobres también las explicaciones que culpan a la “juventud” de no ir a votar. La idea de que “los cabros no se levantaron” como explicación central, supone que el comportamiento electoral de determinados grupos debe adecuarse a las expectativas que nos hicimos de ellos, en lugar de considerarlos como objetivo de trabajo político electoral destinado a convencerlos de nuestro proyecto, sabiendo además que no podemos analizar las supuestas opciones políticas en función de parcelas etarias.

 

No compartimos tampoco los análisis simplistas y estereotipados que culpan del fracaso al comando o grupos dentro de él, o las debilidades del candidato. Si bien existieron objetivamente situaciones y estructuras que en nada operaron como requería la campaña, incluyendo errores del propio candidato, estas explicaciones no permiten determinar los factores políticos del fracaso y más bien procuran deslindar responsabilidades y reemplazar a un grupo de iluminados por otro, con el que supuestamente sí hubiéramos podido llegar al éxito. Es una historia y un patrón explicativo –el del grupo malvado que frustra un movimiento condenado al éxito– demasiado manido en el movimiento revolucionario como para ser tomado en serio.

 

Llegados a este punto, también queremos descartar la idea del “desplome” de la candidatura de Marcel Claude, pues aquí es donde creemos empiezan los errores y falencias que explican el resultado. No hay ningún antecedente serio que permita sostener la tesis de que Claude estuvo marcando seis o siete puntos, o cifras cercanas a los dos dígitos, y que en algún momento del tiempo la candidatura simplemente “se derrumbó”.

 

Si analizamos las encuestas, que a fin de cuentas no estaban tan erradas como se sostuvo en su momento, podemos afirmar que la candidatura de Claude nunca llegó a sobrepasar el 5% de aprobación. Si es que hay una caída, ella fue leve, quizás del 3,5% al 2,8% final, pero no más que eso. La encuesta IPSOS, que en algún momento le llegó a dar un 7% de aprobación, resultó muy lejos de los resultados finales (a Roxana Miranda por ejemplo, le asignó casi tres veces más que lo obtenido). La encuesta UDD-La Segunda, una de las que resultó más acertada en los resultados finales, nunca le dio a Claude más de un 3%.

 

Las causas del fracaso hay que buscarlas entonces, en factores colectivos de las fuerzas que apoyaron y levantaron la candidatura de Todos a La Moneda y sus relaciones con las fuerzas sociales que buscaba representar. Es dentro de este contexto, y no dentro de parcelas de análisis, donde hay que ubicar los factores individuales y de organización del comando central, la mesa política y todos comandos que trabajaron de Norte a Sur por la candidatura.

 

Es así que para nosotros hay tres ámbitos claves para explicarnos el fracaso electoral:

 

1)      Un análisis político  deficiente

No leímos la realidad en clave electoral y supusimos que el gran activismo político-social de la campaña, -un hecho objetivo comprobable en la enorme movilización electoral de adherentes y uno de los activos más importantes sobre los que se basó la candidatura-, se expresaría directamente en adhesión electoral en las urnas.

 

Se pensó que se contaba con un piso de votantes, alrededor de un 5%, que ya estaba asegurado y que a partir de allí la campaña debía ampliarse para llegar a otros sectores, en busca de los míticos dos dígitos, cuando en realidad ese piso no existía aún y conquistarlo debió haber sido uno de los objetivos principales.

 

Como dijimos antes, esta candidatura no cayó en picada, sino que nunca llegó a estar en la altura que se supuso.

 

De aquí pueden derivarse múltiples errores de despliegue y énfasis comunicacionales, que terminaron teniendo una candidatura con poca claridad hacia los votantes de su perfil y enraizamiento social.

 

En definitiva no primó un análisis electoral certero, limitando la posibilidad de saltar del activo político social aglutinado a una expresión electoral contundente.

 

¿Razones de la falta de este análisis? Múltiples, pero por sobretodo carencia de capacidades individuales y colectivas, como falta de espacios eficientes para su desarrollo. Todas ellas las podemos remitir, a su vez, a la falta de un vasto enraizamiento social que predominó en las fuerzas integrantes del movimiento Todos a La Moneda.

 

2)       Incapacidades Organizativas

Una de las grandes fortalezas de esta candidatura fueron los comandos locales. Las voluntades conjugadas y entregadas a un objetivo común, sin ninguna retribución a cambio más que la certeza que estamos construyendo un nuevo camino de profundas transformaciones,  llegaron a ser el corazón de Todos a la Moneda y de las candidaturas. Hombres y mujeres, de diversas edades, de grandes ciudades y localidades pequeñas, que se levantaron sin orientaciones más que una voluntad irrestricta por difundir esta alternativa.

 

Pero pese a este corazón voluntario que bombeó fuerte, la sangre no logró fluir.

 

Fueron las incapacidades organizativas como movimiento las que no permitieron dar mejor cauce a la fuerza de los voluntarios: carencia de una columna electoral fuerte, insuficiente número de voluntarios para equipos centrales, una red de comunicaciones y propaganda débil.

 

No se logró coordinar correctamente las labores de la mesa política y del comando, lo que hizo que la campaña careciera en la práctica de una cabeza política definida que pudiera proveer de insumos al candidato. Por ejemplo, jamás hubo una discusión sobre campañas como “Marca tu Voto”, que permitieran generar una orientación política, por lo que muchos temas fueron finalmente improvisados y resueltos por el candidato, generando, como en este caso, señales políticas erráticas, a contrapelo del sentido común que imperaba en la izquierda.

 

En este fenómeno se expresó la existencia de dos visiones políticas contrapuestas sobre la campaña, que en líneas gruesas podemos expresar como “un movimiento para impulsar la campaña” o “una campaña para impulsar el movimiento”.

 

Estas importantes carencias organizativas impidieron finalmente darle impulso a la campaña presidencial y realizar plenamente el potencial político electoral de la candidatura, abordando las tareas centrales que se desprendían de los datos político-electorales, como por ejemplo ser capaces de trabajar para enfrentar el 50% de desconocimiento del candidato, que  a la luz de los resultados, era claramente una de las principales tareas.

 

3)      El fenómeno electoral que no fue

Nuestro candidato se constituyó en un fenómeno para el activo político-social de izquierda, huérfano en el cuadro general de fuerzas políticas nacionales, pero no para la gran masa de los votantes.

 

La simbiosis entre un activo político-social entusiasmado y el candidato fue retroalimentándose, generando un discurso exitista que fuera del movimiento fue leído como mesianismo.

 

En una campaña, el rol del candidato siempre es clave para inyectar fuerza y optimismo a los sectores que lo apoyan. Como recurso comunicacional, el discurso de “pasar a la segunda vuelta” era legítimo, pues ninguna candidatura puede limitarse a ser un eco de las encuestas, aunque le asignen un bajo resultado. Pero nadie tuvo la capacidad ni para tomar distancia de este recurso ni para ajustar la estrategia a la realidad político electoral fuera del círculo de los adherentes entusiastas.

 

Para superar todas las carencias con las que ya sabíamos que cargábamos, se necesitaba generar un fenómeno electoral que no fue.

 

Terminamos la contienda electoral con una medición que es reflejo de la propia fuerza real que se logró desplegar e impulsar en ciertos sectores, y no así el impulso de una candidatura su generi que podría superar las deficiencias objetivas que aun como izquierda no se logran enfrentar.

 

La decisión de apoyar a Marcel Claude fue correcta, pues se reveló como la candidatura que más cerca estuvo del piso de un 5% que estimamos el mínimo para hablar de una alternativa instalada en forma exitosa. Si hablamos de fracaso, es precisamente porque dicha candidatura permitía plantearse ese objetivo. Nuestra apuesta no fue el folklore político ni hacer antropología de la pobreza, -opciones por ciertas legítimas-, sino marcar un hecho político a nivel nacional con efectiva proyección de gobierno. Fue el resultado el que constituyó un fracaso, no el haber hecho la apuesta.

 

 

Los avances

 

Pese a que no logramos cumplir el objetivo central de instalar una alternativa política relevante a nivel nacional, logramos avances sustantivos en la construcción de fuerza política y social.

 

La campaña nos deja con un activo político social coordinado, que hasta comienzos del 2013 no existía, articulado y con claros ejes programáticos.

 

Logramos construir un alto nivel de confianza política entre fuerzas con niveles significativos de inserción social en el mundo sindical, territorial y estudiantil que estuvimos en la campaña. Ésta es una base política que debe proyectarse en función de superar la dispersión y fragmentación endémica que sufre la izquierda, pues entendemos que la unidad no será fruto de esfuerzos de buena voluntad ni de la elección correcta del momento político, sino de la existencia de fuerzas con inserción político-social real para las cuales la unidad se constituya en necesidad objetiva para avanzar.

 

El voto de Marcel Claude es un voto activo. Las grandes movilizaciones electorales generadas –marcha al SERVEL para la inscripción, acto del Caupolicán, acto de cierre de campaña– así como el esfuerzo sostenido durante los nueves meses de la campaña,  nos muestran a miles de voluntarios trabajando con esfuerzo y entrega por transformar Chile. Más allá del fracaso electoral, son miles de voluntades que siguen dispuestas para la lucha, y que hoy tienen como prioridad la organización e inserción social.

 

Hitos dentro de estos avances en organización e inserción de masas lo constituyeron candidaturas de organizaciones políticas y sociales que obtuvieron cifras de respaldo muy interesantes en términos de proyección política, y también muy por sobre la media obtenida dentro del Movimiento Todos a la Moneda, y que junto con ello reflejan una votación con compromiso activo, y por tanto con voluntad de apertura e involucramiento en procesos de articulación y lucha para los próximos años.

 

Algunos de los ejemplos a destacar son el de Sebastián Farfán, secretario general de la UNE y ex dirigente estudiantil del año 2011, quien obtuvo 7.301 votos y un 6,3% en el distrito 13, Valparaíso, Juan Fernández e Isla de Pascua en su candidatura a diputado. También la candidatura a diputado de Luis Soto, gran dirigente de Modatima y férreo defensor del agua, igualmente de la región de Valparaíso, quien en el distrito 10 obtuvo el 5,85% de las preferencias con 7.126 votos.  Doris González, candidata a core y dirigente del Movimiento de Pobladores Ukamau, alcanzó 6.480 votos en la circunscripción provincial Santiago III (Estación Central, Cerrillos, Maipú); la lista llegó a 18.899 votos, con un 8.14% de votación; en su comuna, Estación Central, Doris logró 2.427 votos, frente a 930 obtenido en octubre de 2012 como candidata a concejal. Viviana Abud, secretaria general del sindicato SITECO de trabajadores subcontratistas de El Teniente, de Rancagua, como candidata a core llegó a 3.376 votos y un 4,28%, dentro de la lista que obtuvo 7.477 votos y un 9,48%. En la provincia Cordillera (Puente Alto, San José de Maipo y Pirque), Julio Oliva, de los Comités Comunistas, postuló a core y llegó a 3.047 votos, un 2,13%, y la lista llegó a 8.514 votos y 5,97%. Finalmente, en la Circunscripción Senatorial de Coquimbo, Luis Vega, candidato a senador del MPMR, logró 15.585 votos y un 6,48%.

 

Estos son algunos ejemplos –hay otros a nivel nacional dentro del TALM y algunas muy cercanas a éste, como la de Víctor Hugo Bahamonde en Chiloé, que se posicionó a nivel territorial como un importante liderazgo con un 5,84%- de candidaturas que efectivamente impulsaban una unidad de la lucha social con la lucha política, y en ello aportaron por terminar con esa supuesta distancia entre ambas, logrando ser así parte de las candidaturas con mejores resultados comparativos dentro del Todos a la Moneda, y por sobretodo con una importante proyección político social y electoral a futuro.

 

Resultados en este plano, y por sobretodo los ejes programáticos y de lucha que se proyectan, constituyen un salto hacia adelante en términos de construcción de fuerza política e inserción social de izquierda. Es un activo político sobre el que queremos seguir construyendo, convencidos de que la organización real es la única base segura para futuros avances. Somos fuerzas que superando la fragmentación, buscamos irrumpir en el escenario nacional, y hemos dado hoy un paso significativo en dicho cometido que tendrá mucha más historia que estos breves meses.

 

Por ello no dudamos ni un ápice en afirmar que si bien tenemos un escenario desventajoso de injerencia nacional desde una alternativa política dentro de estos años, tenemos avances sumamente significativos que sin este trayecto no habríamos alcanzado y que nos permiten proyectar un proceso de suma  relevancia nacional para la construcción política de una fuerza anticapitalista para Chile.

 

 

Los horizontes

 

No podemos pensar en ningún caso, que nuestros horizontes políticos estarán ajenos a lo que a nivel nacional se fragüeen estos próximos cuatro años de gobierno. El cambio de eje gravitante dentro de la Concertación, los golpes electorales recibidos por la Democracia Cristiana, la profunda crisis de la derecha política y la llegada al parlamento de jóvenes que han sido relevantes a nivel nacional debido a su protagonismo en el movimiento estudiantil –Boric, Jackson y Vallejos- son claras señales del cambio de ciclo político que se comienza configurar desde el año 2011 y del que tanto se ha escrito.

 

Faltan aun cosas por resolverse dentro de estas semanas y meses para lograr tener un análisis certero de la configuración del próximo gobierno, y por tanto aspectos más precisos serán obviamente tomados en otras hojas aún por escribir.

 

Sabemos que será necesario un análisis más fino, más allá de las generalidades y trazos gruesos con que se ha caracterizado desde la izquierda anticapitalista al bacheletismo. Es preciso caracterizar en forma detallada cuáles serán las vías por las cuáles la Nueva Mayoría buscará cooptar y desmovilizar a los movimientos sociales, qué están dispuestos a tranzar los grandes empresarios y el capital transnacional para comprar nuevamente paz social, cuáles serán los ejes discursivos, y con qué políticas concretas se implementarán las líneas generales.

 

Pero pese a ello hoy debemos preguntarnos, ¿Cuáles son los aspectos centrales que debemos impulsar como fuerzas anticapitalistas que hoy no tenemos presencia ni en el parlamento ni obviamente menos en el gobierno? ¿Cuál es nuestro rol y nuestro aporte en la lucha político social que hemos de impulsar para cambiar Chile?

 

No hay confianza ni expectativa alguna en el rol del gobierno de Michel Bachelet para configurar los cambios profundos en Chile. Al neoliberalismo no lo venceremos sin un pueblo organizado, consciente y movilizado, ni tampoco sin una fuerza política que sea capaz de impulsar un programa verdaderamente transformador. De Bachelet y el “progresismo” concertacionista podemos esperar, paralelamente a las migajas que pródigamente dispensará para cooptar y desmovilizar el movimiento social, centenares de obstáculos para que dicha fuerza efectivamente surja y se consolide.

 

Nuestro deber es entonces crear e impulsar dicha fuerza.

 

Por ello será clave la unidad que se logre desplegar a nivel político social y en las luchas sectoriales. Que podamos contribuir efectivamente a ese impulso multisectorial que tiene la llave para poner los temas relevantes como agenda nacional, y luchar por ellos conquistando a cada vez más adherentes por las grandes transformaciones. En este impulso hemos de confluir con todos quienes tienen este mismo horizonte. No podemos caer ni en mesianismos ni en sectarismos estériles, sobre todo en estos próximos año, donde lo que necesitamos es unidad en las calles, y alcanzar esa masividad y fuerza de años anterior. Sin eso solo estaremos poniendo en la bandeja de la cooptación, y por tanto en manos de los vaivenes del gobierno, a un movimiento débil e incapaz de mantener su propia agenda.

 

Debemos a su vez enraizar los ejes programáticos que entre tantas voluntades y esfuerzos se han podido construir durante largas y arduas luchas. Enraizarlos en sectores que lo defiendan, en posibilidades políticas y técnicas que lo sostengan y por su puesto también, enraizarlo en el corazón y mente del pueblo chileno como voluntad y posibilidad real de cambio. Con ese programa combatiremos todas los entreguismos del próximo gobierno cuando el gran empresariado venga a presentarle la factura de pago a todas las regalías entregadas. Con ese programa se medirán las labores de los parlamentarios y sus cercanías con la demandas populares, y por sobretodo con ese programa se construirá la columna vertebrar de la nueva fuerza anticapitalista que tenemos que lograr construir.

 

Debemos robustecernos, tener cada vez más herramientas para enfrentar las siguientes contiendas, que en ningún caso son sólo electorales. Por ello no podemos creer que hoy la tarea se reduce a la mera construcción partidaria de una fuerza electoral. Ella sólo puede ser producto de un esfuerzo mancomunado de lucha social. Nuestras debilidades durante estas elecciones no fueron solo por falta de instrumento electoral, sino que por sobretodo fue por falta de instrumento político. Y como nosotros construimos para subvertir la realidad, nuestros instrumentos no se basan ni en dinero, ni en triquiñuelas legales o solo en algún liderazgo, sino que se ha de basar por sobretodo en un pueblo organizado, consciente y movilizado.

 

De ahí venimos, ahí siempre hemos estado y desde ahí nacerá todo lo que tengamos que levantar para seguir avanzando. Por ello la preocupación central que debiéramos tener desde los comunales existentes y desde las fuerzas que levantaron este proyecto, es el enraizamiento social y programático. Ahí estará nuestra segunda y gran medición, en la cual ya no podemos dejar espacio alguno para fracasos.

 

Podemos parecer necios hoy, pero las condiciones que han mostrado a un Chile descontento, aguerrido y movilizado, tienen raíces tan profundas que solo podrán ser resueltas con cambios de igual magnitud. Por eso es revolución o nada, y hoy lo que parece anécdota, mañana hará historia.