PSUJesús Redondo es el director del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, del Observatorio Chileno de Políticas Educativas (Opech) y miembro de la directiva del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. En su amplia experiencia en el área, ha analizado las falencias de la Prueba de Selección Universitaria (PSU), su lógica de competencia y las decisiones que la han posicionado como el principal mecanismo de medición y acceso a la educación superior en Chile.

¿Cuál es el principal problema que usted detecta en la Prueba de Selección Universitaria?

La PSU puede tener alguna utilidad pero el problema que tiene es que durante muchos años se ha convertido en el único indicador y herramienta de las universidades para el acceso de los estudiantes. El problema de la PSU fundamentalmente es que, por las características que tiene, correlaciona con el origen social y con la cultura familiar y adicionalmente con el tipo de colegio en el que ha estado y el tipo de entrenamiento que ha tenido para la prueba, y eso le da un sesgo de clase socioeconómico que distorsiona el sentido que tiene una prueba de selección universitaria.

En ese sentido se produce una distorsión porque pareciera que es el único dato que tenemos para saber cómo los chiquillos van a enfrentar la universidad y está demostrado que eso no es así. En la medida en que ha habido otros métodos alternativos de entrada, por ejemplo, a través de cupos de equidad, propedéuticos, plazas especiales para deportistas destacados, para etnias, etcétera, se ha podido constatar y hay evidencia a nivel local como internacional que en realidad el resultado PSU no es el indicador que mejor asegura el éxito en la universidad.

 

“Hay evidencia a nivel local como internacional que en realidad el resultado PSU no es el indicador que mejor asegura el éxito en la universidad”.

¿Cuál es el rol que juega el ranking de notas en este escenario?

Se ha introducido porque la evidencia que hay es que en realidad el mejor proyector tiene que ver con rescatar los mejores talentos que se han podido desplegar en cualquier escenario que les ha tocado vivir. Y por lo tanto, el mejor alumno del colegio más pobre y de peor condición del país, es más seguro que va a sacarle mejor partido a la universidad aunque tenga peor puntaje PSU que un alumno mediocre o que ha tenido resultados promedio bajo en un liceo de excelencia o en un colegio particular pagado.

 

¿Cómo se puede imaginar una herramienta de medición para entrar a la universidad que cumpla esas características? 

Lo primero es diversificar los indicadores y no cometer el error de creer que con un indicador se resuelve todo, hay que buscar una gama de indicadores. Por ejemplo, darle la relevancia que corresponde a todo el proceso de la enseñanza media, eso indica medir cierta irregularidad en los estudiantes. No darle el peso a la PSU –que hoy día tiene- de decir: ésta es la radiografía promedio de todos los estudiantes.

Con el tema del ranking uno dice: bueno, si usted estuvo en un lugar, da lo mismo el que sea, lo que importa es saber cómo usted aprovechó ese entorno, darle más peso a ese factor. Y además introducir más indicadores que puedan medir cuáles son las competencias de las personas para enfrentar sus realidades sociales, etcétera, pero ahí dependería de cada universidad. Quizás habría uno que no ha sido tomado en cuenta y que yo creo que debería ser general para todas las universidades y es el tema de la vocación. Que de verdad un alumno quiera ir a la carrera que le interesa en primer lugar y no que le gane alguien que en realidad había dejado esa opción en la cuarta preferencia. Evidentemente el que la quiera en primer lugar va a sacarle más provecho. Es un elemento que no ha sido tomado en cuenta y solucionaría muchos problemas que se dan de cambio de carrera.

 

Hay gente que dice que, por sus características, la PSU es un instrumento de educación de mercado, ¿qué piensa usted acerca de eso?

Yo no creo que el problema esté exactamente en cómo está construida la prueba. Evidentemente hay universidades en el mundo que ya no tratan de hacer pruebas de ingreso que sólo sean de alternativas sino que se piden pruebas que sean de desarrollo, de discusión de temas, más profundidad en el conocimiento que meramente responder la a, la b o la c. Y en este sentido son pruebas que requieren de más dedicación para su evaluación, pero que dan mejor el perfil de los estudiantes. De todas formas, en realidad el gran problema de la PSU es que, queriendo justificar que estás seleccionando a los mejores candidatos posibles porque son los más capaces e inteligentes, en realidad lo que está ocultando es que las mejores plazas universitarias se le están dando a los alumnos que provienen de los lugares económicamente más altos y con familias de nivel sociocultural más desarrollado.

Ese es el problema central que está ocultando una selección que ya está hecha y por lo tanto está haciendo creer a los que no están seleccionados que en realidad ellos tienen menos potencial, menos capacidades, oportunidades, todo y que, por lo tanto, no pueden acceder a ese tipo de instituciones de más prestigio, como las universidades estatales o del CRUCH. Ese es el problema central, más que esté sirviendo a una educación de mercado. En realidad la PSU y el Simce tienen el problema de servir a una educación de mercado cuando se convierten en el único indicador, se convierten en una especie de moneda que sirve para todo y está ocultando decisiones que están tomadas.

 

¿Cuál cree usted que es el aspecto central de esa discusión?

Están poniendo el debate entre los liceos de excelencia y los colegios vulnerables como diciendo quién tiene más derecho a entrar a una plaza de excelencia en la Universidad de Chile. Si hay un niño que hizo el esfuerzo por entrar a un colegio y estar ahí  versus el que se quedó en su primer liceo de partida. ¿Quién de los dos tiene más derecho a entrar a la universidad? La cuestión no es quién de los dos, sino por qué no pueden los dos. El Estado no ha creado suficientes plazas universitarias en el sistema público. Entonces no hay para qué poner a pelear a los estudiantes de esos colegios, sino ponerlos a pelear por más plazas universitarias y por más inversión del Estado en universidades públicas.

 

Ese es el debate de fondo, finalmente…

Claro, pero eso es lo que se oculta porque finalmente ambos estudiantes tienen posibilidades para aprovechar muy bien la universidad. La Chile tiene esa forma de medición que impide postular a alguien con menos de 600 puntos, es un estándar que es transversal a toda la universidad y yo creo que es un tema que deberían revisar y preguntarse qué significan 600 puntos. ¿Está significando que hay un talento suficiente o más bien está favoreciendo al nivel socioeconómico y cultural más alto del país?

 

“Deberían revisar y preguntarse qué significan 600 puntos. ¿Está significando que hay un talento suficiente o más bien está favoreciendo al nivel socioeconómico y cultural más alto del país?”

Más aún considerando que en Chile el promedio de la PSU está muy por debajo de los 600 puntos…

Hay mucha gente por debajo de los 600, por supuesto, y serían excelentes estudiantes. Eso está incluso estudiado. Por ejemplo respecto al propedéutico hay evidencia de que estudiantes que entran a la universidad en esa modalidad y bajo los 600 puntos tienen excelente rendimiento incluso en las carreras más llenas de estudiantes de nivel socioeconómico alto.

 

Los cupos de equidad son un mecanismo que se está extendiendo a diversas universidades. ¿Cuál es su opinión sobre ellos?

Es un mecanismo transitorio en el fondo, provisorio hasta que las instituciones tomen la decisión de hacer un cambio en las formas de acceso, pero eso hay que compensarlo con evidencias. En la medida en que hay grupos de estudiantes que demuestran que contra todo diagnóstico previo, les va bien, son capaces de sacarle provecho a la universidad, son suficientes para decir que hay que hacer un cambio en los mecanismos de acceso. Yo diría que en estos momentos en Chile el tema más urgente es aumentar los cupos en las universidades estatales.

 

Pareciera que la PSU es el reflejo de un problema mucho mayor con la educación en Chile…

Sí, totalmente. Es como un síntoma, ¿no?