“Nacht der langen Messen” (Noche de los cuchillos largos) u “Operación Picaflor”, como la pudo haber bautizado la DINA en sus delirios exterminadores. Entre el 30 de junio y el 2 de julio de 1934, el regimen nazi desató una violenta purga  contra sus críticos del interior del Partido en Alemania. La operación política consistó en una serie de asesinatos cuya finalidad era deshacerse de las SA (Sturmableitung), organización paramilitar a cargo de las operaciones de propaganda, asaltos a particulares opositores a Hitler, judíos y disidentes en general. Las SA, bajo las órdenes de Ernst Rhöm, constituían, según sus asesores, un peligro y una amenaza al poder del Führer Adolfo Hitler. La matanza dejó 85 dirigentes y algunos cientos de esbirros asesinados, y más de mil opositores a Hitler arrestados. Los ejecutores, por su parte, fueron los miembros escogidos de la SS (Schutzstaffel), cuerpo de élite al servicio directo de Hitler, algo así como su guardia pretoriana, cuyo comandante era Himmler, también capo de la Geheime Staatpolizei, la temida Gestapo, o Policía Secreta del Estado, antecedente referencial de la DINA mitopolitana del capo Manuel Contreras Sepúlveda, directo dependiente de La Jefatura Superior del Estado, en su tiempo. La explicación de los asesinatos fue escueta: “debían ser eliminados para evitar un Golpe de Estado”.

La pregunta que cabe hacerse, a propósito de la cita coloquial del Jefe de Estado mitopolitano, es más o menos la siguiente: ¿A quien quiere asustar el CEO de esta corporación? Y, también, ¿quienes son los que se exponen, el 16 de diciembre, a la acción de los cuchillos largos? Y esta otra ¿quienes son los que esgrimirán los cuchillos largos, es decir, los ejecutivos ejecutores de tamaña advertencia? Y, ¿qué entenderá él por “cuchillos largos”? ¿Será parte del 44% de mitopolitanos que no entienden lo que leen?

Probablemente él no sabe que en la Alemania de hoy tales menciones están prohibidas por ley y que es delito ese tipo de referencias y que es delito citar cualquier cosa que se asocie al nazismo y que tales delitos se pagan con cárcel porque demuestran una intolerable e inaceptable nostalgia por el horror y la miseria intelectual de unos cuántos individuos que pensaron que podían someter al mundo a su demencial ideología. En Alemania no es chiste el nazismo, ni se puede frivolizar. Su metida de pata al dejar un autógrafo inconveniente en el propio Libro de Visitas Ilustres en Bonn, escribiendo algo así como: “Deutschland über alles”, consigna nazi que emocionaba al mismísimo Hitler y su pandilla, debió congelar la sangre de sus anfitriones que se callaron la boca al darse cuenta de que el visitante no era otra cosa que un turista mediocre disfrazado de estadista. Ellos saben que para ser estadista hay que creer, al menos, en el Estado y su importancia. Así que, qué pueden importar las pintorescas inepcias de un especulador financiero disfrazado de gobernante. Nada, sería la respuesta correcta.

Lo que tampoco parece saber el mandatario es que Hitler ordenó la matanza para deshacerse de sus enemigos personales y, sobre todo, de los conservadores, de quienes pensaba y creía que no podía confiar. En este caso particular, ¿quienes serían los conservadores que molestan al émulo del Führer? ¿Quienes sus enemigos privados? La otra pregunta que se desliza es si acaso la instalación de la anunciada Nueva Derecha ¿exige a sus integrantes hacerse cómplices de algo parecido a una “Operación Loica”? Para los que no recuerdan cómo es físicamente una loica, ésta tiene el pecho rojo, como si la hubieran herido con un cuchillo largo.

Pareciera de todo punto de vista inconveniente pensar que una autoridad política responsable de la conducción de Mitópolis, por conflictuado que esté ante los embates de la realidad real, como la define el poeta Parra, incluya en sus metáforas coloquiales y oratorias una mención a tan deleznables hechos, incluso si fuera cierto lo que un ujier a su servicio ha dicho a la prensa: “el Jefe de Estado no tuvo mala intención en lo que dijo”, posiblemente porque no se acuerda a qué se refiere lo de los cuchillos largos. Es decir, que a lo ignorante habría que sumar lo imbécil. Conviene recordar que es históricamente paradigmático el uso de tales expresiones descomedidas y amenazantes en el lenguaje político de las derechas mitopolitanas. Salta de inmediato la destemplada voz del desvaneciente general José Ramón cuando dijo, como parte de un discurso de exaltación patriótica: “Ante cualquier señal de peligro, nuestros brillantes y acerados corvos están dispuestos para la defensa de la patria”. Y también de los sagrados negocios de mis patrones, debió añadir.

Durante la dictadura cívicomilitar, los ejecutores de la Caravana de la muerte mataron, asesinaron como miserables que fueron (y que son), a numerosos prisioneros políticos usando sus corvos “antes” de acribillarlos a balazos. Luego de la expulsión del dictador liberado de su condena por demente senil y ancianidad inútil, no por inocente, claro está, el brigadier José Zara, paracaidista y comando, ofreció a su mafioso general “disponer, para lo que sea que usted decida, de sus corvos acerados”.

El 30 de marzo de 1985, en el camino a Quilicura, cerca del aeropuerto, sus torturadores y asesinos abandonaron degollados con corvos los cadáveres de Santiago Nattino, Manuel Guerrero y José Manuel Parada, secuestrados días antes por la DICOMCAR, Dirección de Comunicaciones de Carabineros, crimen ejecutado por los minusválidos mentales subalternos del general Mendoza, miembro de la Junta Usurpadora, que el mandatario parece no recordar para incluir en su estúpida referencia. Otro de sus compinches, el payasesco digitosenador Larraín, se permite comentar a la prensa que él no está “pensando” en ninguna “degollina” si acaso pierden las elecciones de diciembre. Está en su ser de derecha. Lo hicieron durante un siglo y medio. Lo llevan en sus pechos grabados, como dice la estrofa que tanto les gusta cantar y que los emociona.

Se le habrá olvidado al heredero de los “ochocientos”, insoportable regüeldo del pasado, que él mismo es un conservador extraordinariamente visible? Porque la frase en cuestión lleva enredada unos recados para los culpables de las derrotas y entre estos figuran varios nombres que deben estar ultra temblorosos esta quincena. Pero, no seamos pesimistas, todas las palabras pertenecen a los modos metafóricos y simbólicos de la oratoria presidencial. No quiere decir, lo que diga, que aquello vaya a ocurrir. En Mitópolis todos saben que el humor presidencial es así. Desmesurado, algo tonto, desaforado, insólito, quizás patafísico, pero nada de qué preocuparse. Al menos de su parte, meine herren.