Mujeres jazz chile¡Ay, qué gracioso va a ser cuando me vean a través del espejo y no puedan alcanzarme!” (Alicia a través del Espejo, Lewis Carroll)

  

  1. En 1937 una escritora norteamericana de libros para niños y divulgación musical, Hellen L. Kaufmann, caracterizó a la música de jazz como una mujer joven, coqueta y sensual con la cual los hombres se escapan cuando la esposa (la música clásica, docta, seria) se vuelve aburrida y exigente. En su libro “De Jehová al jazz”, afirmó: “El jazz es, a la larga, una caprichosa loca”, es decir, una libertina (moody jade en el inglés figurado de la escritora). 10 años antes, en 1927, Gabriela Mistral había escrito un “Primer recuerdo de Isadora Duncan”, donde opuso al cuerpo blanco de la bailarina clásica (contenedor de la belleza estética) el desenfreno del cuerpo negro de Josephine Baker (representando en ésta la decadencia bataclánica del arte y de la raza). Esta joven de New Orleans que huyó de los maltratos familiares y se conectó con el ambiente del sórdido Storyville o distrito de tolerancia (una especie de barrio rojo, prostibulario y delictual) conoció por derivación el jazz -en esa época baile más que música- y viajó a París con una orquesta (donde estaba Sidney Bechet). Su impacto al bailar casi desnuda fue cosmopolita. Ya famosa, la diosa de ébano visitó varias veces Chile (1929, 1947 y 1952).
  2. La Mistral, evidenciando racismo, la describió con adjetivos simiescos calificándola de “mona” y portadora de “ritmos bestiales” provenientes del “sótano hediondo de lo negrero” y propios de “la enorme sala de Charleston” (el jazz en la época) de la cual en buena hora la Duncan se había retirado. Pero ante el rechazo de los adversarios a la “bestia negra” surgió de inmediato la voz de sus admiradores y de los amantes del jazz. La propia Josephine Baker cuando visita Buenos Aires en 1928 denuncia que se la utiliza “como bandera que unos enarbolan en nombre de la libertad y otros desgarran a cuenta de las ‘buenas costumbres”.
  3. La actriz Ana González, la Desideria, decía haber tomado las armas del teatro motivada por su ejemplo. La cantante de jazz Rita Góngora recuerda haber visto una foto de la Baker en su casa (la madre de Rita fue una destacada poeta e intelectual). El exotismo, potenciado por el Art deccó y modernismo literario de la época, hará una doble lectura del cuerpo desnudo (y del jazz). Por un lado será la naturaleza libre e inocente, adánica; por otro, la carne del pecado y la corrupción. Deseo y temor amarrados a una mirada disociada en civilización y barbarie como extremos que se aman y se excluyen. Herencia de la misoginia romántica: temor a la mujer, ideológicamente conectada a la naturaleza, las masas populares y por extensión, al jazz mismo, inicialmente corporal y bailable. Y en el espejo del deseo, la sublimación que elevará a la Baker a modelo de elegancia y gusto chic.
  4. Las mujeres nos hemos ido formando unas a otras e ingresando poco a poco en un espacio que antes era preferentemente masculino” afirma Bárbara Wilson, cantante y actriz con quien hemos compartido la pasión y la curiosidad por saber más de mujeres en el jazz en Chile, escudriñando revistas antiguas en el Persa Bio-Bío, anotando datos de testigos, cotejando recortes, fotos, audios, verdaderos sabuesos olfateando el rastro de las olvidadas; visitando a las últimas lobas de ese jazz en sus casas: Kerry Keller, 93 años (quien en 1945 fuera presentada como la “Reina del jazz chileno”) residente en Pirque: nos abrió su corazón y su álbum de fotos, donde aparece actuando el la BBC de Londres, en Buenos Aires, en radio antes de ser actriz; Inés Délano, 82 años (activa a fines de los sesentas con los Santiago Stompers) ahora en su casa en Ñuñoa enseñado canto y dibujando a cada alumno un cuaderno de estudio personal hecho de puño y letra por ella, que estudió pintura en el Conservatorio; Teresa Orrego Salas (Lady Crooner del grupo chileno The Georgians entre 1943-45) de 91 años, que vivió en Harlem, New York, y tuvo en su mesa tomando desayuno al pintor catalán Joan Miró, que fue amiga de Bernstein y Arrau, ahora rodeada de hijas y nietos; Carmen Barros, activa como siempre en radio y teatro; Dina Murúa, Rita Góngora, Luz Eliana, entre otras.
  5. Y es que los espacios del jazz (nocturnos, públicos) estuvieron por mucho tiempo, vedados a las mujeres educadas cuyo rol estaba en la casa y la familia. “Dedicarse a la música, era lo peor que una niña de bien podía hacer”- comenta la cantante y actriz Carmen Barros entrevistada por Vera Cifras en holojazz, radio Universidad de Chile. Lo curioso es que la misma exigencia patriarcal que conminaba a esposas y maestras a quedarse en casa, requería y exigía la presencia externa de las “otras” mujeres, las solícitas compañeras para escapar del yugo de los deberes. El jazz también representó ese quiebre, esa ruptura de la rutina, pero resultó exigido por la misma dinámica de validación y canonización que cualquier actividad artística debía tener. Hubo congruentemente dos dispositivos discursivos para resolver tal tensión: elevar el jazz a rango docto, serio, universal (“sublimación”) o restringirlo a “género ligero” (“frivolización”); mirada disociada en civilización y barbarie como extremos que se aman y se excluyen, expresada también en una doble lectura metonímica y patriarcal del cuerpo femenino (y del jazz): por un lado naturaleza libre e inocente; por otro, fascinante carne del pecado y corrupción.
  6. Mujeres relacionadas con el espectáculo frívolo (vedettes, bailarinas) cantaron y bailaron jazz. Otras, en cambio, optaron por la versión sublimada del género (). De la primera modalidad: Alicia Vignoli cantaba en los años 30 “Bocinas de automóvil”, un exitoso shimmy de la Compañía de revistas Sarmiento que actuaba en el teatro Esmeralda de Santiago. Betty Lupetty interpretaba  el fox-trot “Al mal tiempo, buena cara”. También hubo compositoras de fox trot como Mercedes Orrego quien puso letra y música a “De mi tierra soy la flor” donde el imaginario nocturno es el escenario del romance con un simbólico negro (“Mi mamita es la luna/ y me alumbra hechicera/ cuando salgo a pasear/ con mi negro a bailar”). Luego el jazz se hará presente en las operetas y el cuplé interpretándolo todas las figuras extranjeras que visitan el país y poco a poco las locales. De la segunda modalidad, la del jazz elevado o sublimado, habrá una senda de vocalistas líricas de negro spirituals y de actrices que lo incorporaron a su trabajo. No obstante, ese mundo de música en cabaret, boîtes, teatro de revistas, quintas de recreos o sencillamente en prostíbulos, efectivamente existió. Lugares como “La Nena del banjo” (porque la regenta tocaba el banjo y era pareja de un violinista) o “La Pancha” – que fue mujer compañera del trompetista Lucho Aránguiz- (ubicadas en los Callejones de 10 de julio) eran lugares donde no pocos jazzistas en la década del 40 y 50 llegaban a tocar jazz con instrumentos de la casa, en un entorno fascinante que funcionó incluso en paralelo con la existencia de los primeros clubes de jazz en Santiago, y donde algunas de las mujeres que trabajaban allí mantenían relaciones personales (de amistad o pareja) con músicos aficionados y/o profesionales del jazz del momento.
  7. Mujeres de cuyos nombres no hemos querido acordarnos vivieron y cantaron acompañadas por grandes orquestas, aclamadas por un público que luego las olvidó. Otras ni siquiera fueron pensadas como sujetos dignos de recordarse.  Todas quedaron fuera del campo visual que orienta las cámaras de la memoria por no ser consideradas a plenitud como músicos de jazz. Ha llegado el momento de atravesar el espejo y abrazarlas, reconocerlas y oír su canto de amor por el jazz y su vida en él, agradecidos porque siendo más honestos y amorosos con ellas, lo seremos también con nosotros mismos.

 

Santiago, 2012.

* El autor es licenciado  en  Lengua  y  Literatura  Hispánica  en  la  Universidad  de Chile.  Director del Diplomado de Jazz en la Universidad Miguel de Cervantes (2009) y ponente sobre el discurso en  torno al  jazz en el  III Congreso  Interoceánico de Estudios Latinoamericanos  (Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2007) y en el X Congreso de la IASPM-AL, en Córdoba, 2012. Desde hace 12 años es Director del programa radial “Holojazz” emitido a por radio U. de Chile (102.5 FM).