chavismoEl oficialismo en Venezuela respira un poco más tranquilo. Luego de meses de inestabilidad política y económica internas, el partido oficialista liderado por el continuismo de Hugo Chávez se impuso ampliamente a la oposición venezolana.

Según los datos del Consejo Nacional Electoral (CNE), el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) obtuvo 196 alcaldías con el 54% de las votaciones totales, mientras que la oposición apenas alcanzó 33 municipalidades, fruto del 45% que acaparó.

Y a pesar de que participó un 59% del electorado, el principal líder opositor, Henríque Capriles dijo que “nadie debe sentirse orgulloso de esa participación” ya que considera el resultado del proceso democrático como una clara señal de la división interna del país.

Lejos de Caracas y hace ya casi un mes, la primera vuelta de las elecciones presidenciales en nuestro país convocó a un 48% de los electores, vale decir que más de 6 de los 13 millones de ciudadano con derecho voto, no lo votaron en las elecciones. Más de la mitad, no votó. Pero si se quiere comparar entre elecciones equivalentes, a las últimas Municipales en Chile, en octubre de 2012, concurrió apenas el 30% del padrón.

¿Por qué entonces se cuestiona la validez del modelo venezolano? O más importante aún, ¿son comparables ambas democracias y sus respectivas características del comportamiento cívico eleccionario?

Para Marcela Ríos, parte del Programa de Gobernabilidad del PNUD, el país de Bolívar posee un comportamiento histórico de alta participación electoral, lo que se repite en cada elección que se ha realizado en los últimos años. “Es más menos la tendencia que hay en ese país hace mucho tiempo y que además tiene ya muchas elecciones con el sistema de voto voluntario. Lo nuestro que es una introducción reciente”, comenta.

Según analiza la cientista política, “no hay una tendencia única, hay muchos países donde se mantienen altas tasas de participación electoral, como es el caso de Venezuela. Y lo que vemos en Chile es que la baja participación se venía produciendo mucho antes de que el voto fuera voluntario, por lo que es un fenómeno que precede el cambio de quiénes son los que se incluyen en el padrón”, por lo que no cabe sorprenderse de la decreciente participación chilena en las elecciones.

Por ello, Ríos plantea que son los momentos políticos de cada elección los que determinan más las tasas de participación, pues “con el voto voluntario lo que ocurre es que dependiendo de  cuán estrechas o competitivas son las elecciones, tiende a votar más o a votar menos gente”.

En Venezuela hay una polarización y una disputa donde hay mucho en juego para mucha gente, donde muchos ciudadanos sienten que se están jugando el proyecto de país en la elección y por lo tanto es una sociedad muy polarizada, algo así como lo fue para el plebiscito del 88 o la primera elección presidencial en chile el 89, donde la ciudadanía estaba muy movilizada, polarizada y politizada”, apunta la cientista política.

En una perspectiva se sitúa también la socióloga Lucía Dammert, quien comentó que en Chile, “si bien hay dos candidaturas, una de ellas corre con una ventaja fuerte y marcada. Esto puede generar cierto desincentivo al hecho de votar porque se percibe que de alguna manera la carrera ya está corrida. Eso no está pasando en Venezuela, no ha pasado en los últimos 10 años donde hay una sensación clara de que hay que ir a defender el modelo prácticamente en cada elección”. Por ello, sería “injusto” comparar las últimas elecciones en Venezuela con la primera vuelta chilena.

Para la analista, los momentos electorales están muy marcados por los ánimos políticos de polarización. Por ello, toda elección que enfrente un sistema de participación voluntaria, debe tener elementos atractivos para cautivar al votante, y así revertir las altas tasas de omisión que registran muchos países con voto voluntario.

“EE.UU es un país donde históricamente vota poca gente, y además las minorías son las que menos votan. Pero si miras las elecciones de Obama, él sacó a votar a prácticamente a toda la minoría afroamericana, casi en su totalidad, porque tenían un elemento que los hacía a ir a votar. Cuando tienes un sistema de voto voluntario tienes que tener algún tipo de incentivo, novedad, discusión, pelea, cosa que logre que la gente que no está vinculada a ningún bando político, se vincule”, señala Lucía.

Gobernabilidad y estabilidad en la región

A pesar de contar con una participación electoral que causa la envidia de muchos, la venezolana no es una de las democracias más celebradas por algunos sectores. Con momentos de crispación e intentos de golpe de por medio, la revolución chavista ha contado con una fuerte oposición empresarial pero no política, ya que hasta el momento no ha logrado articularse como una alternativa atractiva para los sectores populares de Venezuela, el principal grupo de respaldo político del Chavismo.

Esto lo reafirma Marcela Ríos, quien comenta: “Chávez fue reelecto, triunfó en todas excepto un referéndum, ganó todas las elecciones a las que llevó su coalición de gobierno por mayorías más o menos importantes, y ahora sigue su partido y sus candidatos logrando lo mismo. Uno podrá estar de acuerdo o no, y podrá haber ciertos cuestionamientos a los procesos, pero son elecciones han sido altamente supervisadas por organismos internacionales y lo que vemos es que la coalición gobernante tiene un apoyo popular muy importante”.

Por su parte Lucía Dammert, comparte la tesis y extiende el fenómeno a otros países de la región. “Tanto en Venezuela como Bolivia y Ecuador, los gobiernos que están hoy en las administraciones que han hecho un tremendo esfuerzo para incluir a los sectores más postergados, y son gobiernos que entregan muchos subsidios y políticas sociales bastante integrales, y puedo asegurar que debe haber múltiples iniciativas que buscan asegurar que la gente más pobre pueda ir a votar sin ir a gastarse la totalidad del dinero que tienen para el día. En Bolivia, por ejemplo, obviamente no es la clase media la que apoya a Evo sino las clases populares, que por primera vez pudieron elegir un presidente indígena”, finaliza.