Boric(Texto del libro Plebiscito para una nueva Constitución, de Ediciones El Desconcierto, leído durante el encuentro ciudadano del pasado 20 de julio).

Qué paradójico que mientras hoy, quienes queremos una nueva constitución democrática para Chile, unimos fuerzas aquí, en el ex Congreso Nacional, paralelamente en el actual Congreso y desde el Gobierno, se presentan iniciativas que buscan precisamente evitar lo que nosotros anhelamos: una Asamblea Constituyente que decida, valorando las visiones de todo nuestro pueblo, cuál es la carta magna que queremos para nuestra sociedad.

Senador Patricio Walker, senador designado Carlos Larraín, fácticos de la Concertación y la Derecha, señores del Gobierno: ¡su miedo solo nos da fuerza!

Dicho esto, quisiera partir por agradecer la invitación a este acto. Durante muchos años los movimientos sociales han luchado para multiplicar la fuerza de quienes quieren derrotar la herencia de la dictadura cívico-militar, abriendo una nueva etapa democrática para el país. Los movimientos de los que hemos sido parte no son propiedad de ningún dirigente o grupo: han involucrado a cientos de miles de chilenos, y con amplitud, fuerza y diversidad han logrado demostrar a la sociedad que la dictadura sigue viva no solo en la forma de enclaves autoritarios ni en las leyes: sigue viva en este modelo económico que ha hecho de cada rincón de nuestras vidas una mercancía.

Por eso este acto tiene un significado tan importante. Es parte de lo que hemos logrado en la lucha: sumar a las fuerzas de hoy, a las emergentes, a las que hemos sido excluidas, y también a fuerzas de ayer, que en su momento fueron parte de la “política de los acuerdos” de la transición. Porque como jóvenes somos conscientes que el mundo no nació el 2011 ni el 2006, sino que somos herederos de las cientos de luchas sociales que nos antecedieron, con las cuales tenemos la obligación de tener un permanente diálogo dialéctico, saber recoger sus valiosas experiencias, y también despercudirnos de sus traumas es nuestro deber. Hoy sumamos lo nuevo y lo viejo en la lucha por desterrar, de una vez por todas, el legado de la dictadura cívico-militar plasmado en su ilegítima Constitución, en la salvaguarda del orden que hace del ser humano un simple apéndice del mercado.

¿Cómo vamos a lograr nuestro objetivo? La derrota histórica del orden social de la dictadura solo puede ser infligida por una amplia alianza social y política que actúe unida. Una nueva mayoría que no nacerá de los estertores del pasado, que se asiente en el protagonismo de las fuerzas sociales, y que construya una nueva fuerza política plural, ante el descalabro y descrédito de la vieja política. Hoy queremos hacer una vez más el llamado a forjar ese gran entendimiento. Hay que sumar a muchos más.

Mientras lo hacemos, las fuerzas sociales saben muy bien que lo que viene es defender lo avanzado, defender los cambios que hemos exigido. Los defenderemos en la política, en la calle, y ante el próximo gobierno. La mayoría que necesitamos se forjará al calor de estas luchas, sumando a quienes estén del lado de la democracia y la igualdad, y separando aguas nítidamente con quienes defiendan la mercantilización de la vida y la vieja política. Será una etapa abierta, y deberemos ser también abiertos en este proceso de acumulación de fuerzas, sería imposible de otro modo. Coparemos la calle sin duda. Pero sobre todo necesitaremos creatividad y amplitud. Imaginación para inventar y resolver lo que las generaciones pasadas no pudieron, y conquistar los cambios que hoy, en pleno siglo XXI, la humanidad toda y los chilenos siguen esperando: libertad, igualdad, democracia. En una palabra: felicidad.

Armados con los aprendizajes de ayer y con las banderas que nunca pasarán de moda, con las enormes fuerzas creadoras del mundo actual que brotan de la colaboración de millones y que se expresan en nuevas fuerzas formas de solidaridad y de lucha, porque no seremos sangre nueva para viejas derrotas, tenemos la esperanza intacta de que juntos lograremos transformar nuestro país.