Aunque algunas voces han sindicado al proyecto como responsable de los aluviones que enturbiaron las aguas del Maipo con la consecuente imposibilidad de la sanitaria Aguas Andinas para generar agua potable, la situación parece estar más relacionada con lluvias altas inesperadas, probablemente asociadas al cambio climático. Así, dentro del contexto de este fenómeno global, el verde pulmón santiaguino del Cajón del Maipo estaría ya padeciendo sus efectos y lo que es peor, éstos, se verán inevitablemente acentuados conforme avance la ejecución de Alto Maipo, proyecto aprobado en septiembre de 2011 por la Dirección General de Aguas (DGA) a pesar de presentar una serie de irregularidades, incluido un acuerdo secreto con Aguas Andinas , poseedora de los derechos del agua que bebemos.

El Proyecto Hidroeléctrico Alto Maipo

Alto Maipo es un proyecto llevado a cabo por la transnacional AES Gener S.A. (perteneciente a la estadounidense AES Corporation) y cuya inversión es cercana a los US$ 1.000 millones. El PHAM se ubica en la parte alta de la cuenca del Maipo, uno de los sitios más estratégicos para el bienestar de la población de Santiago, considerando que ahí nace el agua que abastece a cerca de un 70% de la población capitalina y riega la casi la totalidad de los suelos agrícolas, además de que constituye una de las principales áreas recreacionales de Santiago.

Originalmente fue presentado como ‘sustentable’. A diferencia de lo que ocurrió con el otro emblemático proyecto hidroeléctrico en discusión (HidroAysén), el PHAM consiste en dos centrales de pasada (Alfalfal II y Las Lajas), que en conjunto generarían 531 MW de electricidad y que inyectarían al Sistema Interconectado Central (SIC) un promedio de 2.500 GW al año. Sin embargo, para lograr esto, el proyecto requiere intervenir los afluentes Yeso, Volcán y Colorado a través de un sistema de túneles subterráneos de 70 km de largo, que prácticamente cortará el cauce del río Maipo desde el sector de El Volcán hasta El Manzano, sentenciando inevitablemente a toda esta zona a un destino de desertificación con la consecuente muerte de las actividades culturales, turísticas y productivas que se generan en torno al río Maipo.

En efecto, de acuerdo a un estudio realizado por la Universidad de Chile y cuyas conclusiones fueron ignoradas por la autoridad, al entubar y excluir el aporte de estos tres ríos alimentadores del Maipo se reducirá en cerca de un 22% la producción de sedimentos del río. Si a esto se suma la normal actividad de extracción de áridos de la zona, tendremos que el lecho del río se hundirá, afectando a los canales que riegan más de 100.000 hectáreas agrícolas en 10 comunas de la capital socavando potencialmente la infraestructura de algunos puentes. Asimismo, el mínimo caudal de agua que cruzará el Cajón conllevará a un colapso ecológico que destruirá la característica flora y fauna de este paisaje cordillerano, mermando una actividad turística que ha mostrado un creciente desarrollo recibiendo a más de un millón y medio de visitas tanto internacionales como nacionales cada año.

¿Cómo llegamos a esta situación?

Tres elementos pueden distinguirse y podrían ser aplicables a otros escenarios en donde se compromete nuestro capital natural en nombre del crecimiento económico. Primer elemento, la institucionalidad ambiental diseñada bajo el alero concertacionista está hecha para aprobar (y no para rechazar) proyectos. Asimismo, el proceso de evaluación ambiental al que deben someterse los proyectos es considerado como un ‘lomo de toro a eliminar’ para destrabar la inversión privada, tal como lo señaló el ex miembro del directorio de AES Gener (hasta julio de 2011), Jorge Rodríguez Grossi, mientras fuera triministro de economía, energía y minería durante el gobierno de Lagos. A esto se agrega que los proyectos son evaluados en sí mismos, sin que exista una evaluación comparativa de alternativas (dentro de las cuales debería considerarse la no realización del proyecto). En otras palabras, son los privados quienes deciden dónde realizarán su proyecto sin que exista una directriz estratégica territorial que indique previamente donde es pertinente su ubicación. El proceso además excluye a la ciudadanía y su derecho a ser parte de decidir si desea o no la ejecución de un proyecto en su territorio. La participación es acotada y supeditada a cuando los proyectos ya están prácticamente definidos e ingresados al sistema de evaluación.

Segundo elemento y considerando lo mencionado anteriormente, las decisiones de inversión no consideran una evaluación social económica para su ejecución y su realización sólo depende de que el agente privado obtenga un buen retorno respecto a su inversión. Así, como siempre o casi siempre, los mayores beneficios son capturados por privados mientras los costos se sociabilizan. En el caso del PHAM, se habla de una inversión millonaria y salvadora, existe un actor privado que nos proveerán de la energía eléctrica necesaria para no quedar a oscuras en los próximos años, pero ¿quién asume la pérdida del capital ambiental y cultural del Cajón del Maipo que, por cierto, es altamente valorado por la ciudadanía? La respuesta es conocida: todos nosotros.

Tercer elemento, y como emblema de la aplicación del neoliberalismo a ultranza en nuestro país, el agua, a diferencia de lo que ocurre en el resto del mundo, no es un bien público sino que está en manos de privados que creen entender cómo darle un mejor uso, una vez más, no para el beneficio de la ciudadanía sino para el bolsillo propio. Cuenta la leyenda que hubo un momento dentro del proceso de discusión del PHAM en donde Aguas Andinas se oponía férreamente al proyecto, incluso impugnando la resolución de calificación ambiental, sin embargo, poco después la ciudadanía se enteraría de que la sanitaria había firmado un pacto secreto con AES Gener, instalando inmediatamente la preocupación de que algo turbio estaba ocurriendo. Y así fue, la razón del secretismo tras el convenio es el compromiso de Aguas Andinas a entregar durante los próximos 40 años un considerable caudal de agua (que en rigor debiese ser destinada al consumo de la población) para abastecer a AES Gener en aquellos casos en que el recurso presente alta turbiedad, contaminación y excedentes.

Las consecuencias del cambio climático

El oscuro panorama descrito se configura además en un contexto donde el fenómeno climático global está jugando un rol clave. Los últimos cortes de agua sufridos por los capitalinos estarían relacionados con las hasta hace poco ‘infrecuentes’ lluvias en altura, probablemente relacionadas a los efectos de un cambio climático que ya comenzó. Y el escenario próximo se vislumbra más complejo aún.

Diversos estudios realizados para Chile muestran que Santiago es una zona vulnerable a los efectos de este fenómeno con proyecciones de que para el año 2065 el río Maipo pierda hasta el 70% de su actual cauce. Sumémosle a esto la mayor probabilidad de lluvias en altura que provoquen rodados que enlodarán las aguas del Maipo, ¿qué harán entonces los dueños del agua?, ¿lucrar con ella y venderla para producir más electricidad? Bajo la política de AES Gener y Aguas Andinas tendremos garantizado que para capear el calor de los futuros veranos los refrigeradores y ventiladores funcionarán, aunque no podremos hacer hielo ni sentarnos bajo un árbol en el Cajón del Maipo. Hoy, ellos tienen el agua, nosotros la sed.