RepLos resultados en las últimas elecciones dan cuenta de un proceso de profunda adaptación por parte del pueblo chileno. En este turno, la demanda de educación evidencia la imperiosa necesidad de transformación surgida desde las bases de la carencia y la esperanza familiar de las clases más empobrecidas.

Así, al menos, surgió la idea de continuar con la escuela República Dominicana, de La Florida. Hace un año, después de un par de rumores repartidos, los apoderados y la comunidad escolar del establecimiento se enteraron de su próximo e inevitable cierre: tras 47 años, el colegio que los educó a ellos y comenzó a educar a sus hijos podría ser terminado para siempre por la administración municipal de Rodolfo Carter.

“Cuando supimos, lo primero que yo dije es que íbamos a luchar contra el cierre del colegio, pero la funcionaria me dice: hagan lo que quieran porque el colegio está cerrado“, contó la vocera de los apoderados, Isabel Rivera.

Las autoridades argumentaban el cierre a partir de una supuesta baja en las matrículas, la pobre infraestructura del colegio y una eventual disminución de su calidad educativa, cosa que los apoderados niegan enfáticamente. Fue entonces cuando comenzaron las primeras manifestaciones.

En sus 47 años de trayectoria, el establecimiento proporcionó sus servicios educativos a miles de familias en La Florida, incluso a aquellas formadas por niños con problemas cognitivos, neurológicos y educativos.

 

La resistencia

Carter, máxima autoridad floridana, fue sorprendido de pronto por la resistencia y negación de los vecinos, quienes procedieron a realizar la ocupación del colegio ante la nula capacidad negociadora de las autoridades. Sin embargo, nadie pensó que la toma del establecimiento se alargaría hasta cumplir un año.

En este proceso, la comunidad del colegio República Dominicana ha forjado lazos y encontrado mecanismos para enfrentar el problema. Así, han realizado un diagnóstico al respecto de la educación pública y la necesidad de pensar en un modelo educativo diferente para sus hijos.

“Nosotros descubrimos que hay otras formas de educar a los niños, que no es enseñándoles a ser cuadrados, sino creando personas que tengan sentimientos, que puedan sentir y que sepan decidir por ellos solos”

“Nosotros descubrimos que hay otras formas de educar a los niños, que  no es enseñándoles a ser cuadrados, sino creando personas que tengan sentimientos, que puedan sentir y que sepan decidir por ellos solos”, reflexionó Rivera.

La organización alcanzada entre los apoderados concitó el apoyo del Departamento de Estudios Pedagógicos de la Universidad de Chile (DEP). Éste prestó el apoyo a los niños de la escuela durante el año, quienes pudieron seguir preparándose y aprendiendo gracias a su asesoría y a la de profesores jubilados que voluntariamente participaron de la organización. Durante estas semanas, todos esperan impacientemente el resultado de los exámenes libres rendidos por los estudiantes.

La construcción de la escuela comunitaria, sin embargo, sigue adelante. Los apoderados del colegio participaron de la creación de una propuesta educativa “hecha desde abajo”, como argumentó Rivera.

Es un colegio polivalente donde los niños van a poder estar con la comunidad. Hay sedes sociales, la idea es que ellos puedan participar y crear proyectos. Van a haber programas de integración educativa y un sinfín de talleres de tierra, huerto, animales, y mucho más”, contó entusiasmada.

Hasta el momento, la Municipalidad de La Florida tenía otros planes para el colegio: reabrirlo con un nuevo proyecto alternativo a la propuesta educativa de los padres. Por ello, los apoderados se encuentran negociando junto a las autoridades locales.

Rivera enfatiza que uno de sus objetivos de la propuesta para la Escuela Comunitaria es lograr “hacer nuevas personas. No queremos gente que sea un robot trabajando para otras. Queremos personas que sepan decidir, que sean un aporte para el país”.

 

RepúblicaEl sistema escolar de reproducción social

Desde la perspectiva de la socióloga Tania Madariaga, el sistema escolar formal, estandarizado por el Estado chileno, forma parte de las estructuras sociales que dan forma a los mecanismos de reproducción social. Especialmente, de aquella lógica de relaciones de fuerzas que estructuran el orden de la sociedad.

“En él domina la selección de modos de realización del trabajo pedagógico y contenidos a inculcar que han realizado quienes dominan la sociedad. La disputa por construir una acción pedagógica pública que no imponga los intereses de una sola clase o de la clase dominante, ocultando esta función de reproducción social del orden actual, forma parte de los debates que falta por abrir en tono a la educación”, argumentó.

Si bien la especialista valoró la iniciativa de la Escuela Comunitaria República Dominicana, aseguró que, debido a la estructura de funcionamiento que tienen los organismos educativos, es difícil que puedan concretar sus propuestas sin participar del debate central respecto a la educación.

“La comunidades educativas, en el marco de las funciones que impone el Ministerio de Educación, tienen un ámbito restringido de acción y no podrán salir de allí sí no conectan su que hacer con el debate nacional sobre qué tipo educación queremos y qué educación necesitamos, que recién asoma”, señaló.

En tanto, la experiencia tras la escuela y los intentos de ocupación del ex Liceo Metropolitano de Adultos, recientemente desalojado por órdenes de la alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, permiten reflexionar sobre las demandas de autogestión, organización y control comunitario. Iniciativas surgidas desde lo más abajo, en búsqueda de una nueva formulación del orden y los objetivos educativos, además de la necesidad manifiesta de participar activamente en la construcción de las políticas públicas.

Una experiencia, ante todo, política, tal como reconoce Rivera: “Nos fuimos dando cuenta de que si nos hubiéramos unido como comunidad, como gran parte del país, todos juntos, los niños no estarían sufriendo porque hubiéramos podido salvar la educación“.