HinzpeterEn algunas de las tantas marchas del 2011, mientras él articulaba la fuerza policial que saldría a reprimir la protesta, los estudiantes de la Universidad de Santiago invocaron una y otra vez el nombre de su padrino: ¡Atención hijos de Enrique Kirberg y Víctor Jara!

Kirberg, como Rodrigo Hinzpeter Kirberg, el ministro de Interior de Sebastián Piñera, quien durante esta semana vio fracasado uno de sus proyectos emblemáticos sobre seguridad social. La ley Hinzpeter, como la llamó la prensa y los estudiantes, fue rechazada por 51 votos contra 43 y, su tramitación, cerrada de forma definitiva, propinando un duro golpe al centro de su legado político.

De familia socialista, Rodrigo Hinzpeter dejó su trabajo como abogado en Estados Unidos para comenzar a forjar una carrera política en Renovación Nacional a partir del 2001. Los antecedentes familiares lo vinculan a un sorpresivo perfil de izquierda: el padrino Enrique Kirberg fue rector de la Utem y preso político de la dictadura en Isla Dawson, mientras que su padre mantuvo una amistad con Salvador Allende, quien además era su compañero de estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

Pese a la tendencia de su cuna, Hinzpeter ingresó en los ochenta a la Unión Nacional (UN) influenciado por las ideas de Andrés Allamand y Alberto Espina. En los noventa terminaría comandando la juventud de Renovación Nacional y, años más tarde, convirtiéndose en el compañero inseparable del presidente Sebastián Piñera.

Diversas versiones cuentan que, tras la derrota del 2006 en las elecciones presidenciales, Hinzpeter realizó un minucioso estudio de las candidaturas de derecha alrededor del mundo. Y, junto a Piñera, volvieron a intentarlo para el 2010, esta vez obteniendo un triunfo indiscutible en las urnas. “Ayudaré a Piñera donde él quiera que yo esté”, comentó entonces en una entrevista.

La campaña de Piñera, una de las más exitosas de la derecha en los últimos años, se fraguó, entre otras estrategias, a punta de cerca de 50 focus group que le permitieron conocer las sensibilidades de los chilenos. Entre ellas, la preocupación por la delincuencia, algo que ha marcado y obsesionado su trayectoria política.

Antes de comenzar sus labores en el gobierno, Hinzpeter proyectó los próximos logros del gobierno de manera algo errática:

“Me gustaría ver el Ministerio de Desarrollo Social instalado en La Moneda y coordinando la ejecución de las políticas antipobreza. Ver también una Mesa de Diálogo con los profesores que trabaje en una mejora de sus condiciones y en la calidad de la educación. Finalmente, que se encuentre concluida o a punto de terminar la urgente reestructuración del Sename, el que debe convertirse en un Servicio Nacional de la Infancia: moderno, eficiente y que realmente ayude a los menores en condiciones de vulnerabilidad y a sus familias”.

 

Su prontuario políticoCacerolazos

Desde su cartera en Interior, Hinzpeter forjó una labor que ha sido constantemente cuestionada por el mundo social. Durante el 2011, en el auge del movimiento estudiantil, la protesta callejera vivió inolvidables episodios de violencia policial. Uno de los más recordados ocurrió el 4 de agosto, cuando La Moneda decidió rechazar el permiso de secundarios y universitarios para marchar, provocando serios enfrentamientos en diversos lugares del país.

La represión de la fuerza policial generó un amplio impacto social, expresado durante la noche de aquel día en masivos cacerolazos. Los padres de Chile, hasta ese momento vistos en una que otra manifestación, aparecieron en las calles para exigir al gobierno un alto en la violencia aplicada sobre sus hijos. Hinzpeter, en tanto, fue demandado.

“Estamos querellándonos contra el ministro Hinzpeter por el proceder represivo que tuvo el día de ayer, donde se violaron libertades constitucionales como las de reunión y desplazamiento por la vía pública y hubo detenciones ilegales y represión desmedida contra particulares”, argumentó la entonces presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, Camila Vallejo.

Apenas unas semanas después, durante un paro de la Central Unitaria de Trabajadores, el estudiante Manuel Gutiérrez recibió un balazo letal de parte de un carabinero, mientras observaba las protestas junto a su hermano en silla de ruedas. Parlamentarios y estudiantes apuntaron a la responsabilidad política del ministro del Interior, quien fue alertado previamente sobre la ascendente escala de violencia en el trato de las policías.

Gerson Gutiérrez aseguró que Hinzpeter le prometió ayuda y justicia a su familia, pero que “la única cosa que tuvimos fue una reunión con unos psicólogos del programa de Apoyo a Víctimas del ministerio del Interior que fueron para la casa una vez y unas cajas de mercadería, nada más”.

A los episodios se suman las denuncias de diversas organizaciones mapuche contra el ex ministro, la aplicación sostenida de la Ley Antiterrorista y su estrepitoso fracaso en la persecución de anarquistas y miembros de casas okupa, en el extenso Caso Bombas. A fines del 2010, cuando su historial aún no contaba con estos antecedentes, 81 reos murieron quemados en la cárcel San Miguel.

“(…) al Gobierno le duele el fondo del alma y el corazón que se pierdan vidas, aquí en este país no sobra nadie, todos somos hermanos del mismo pueblo”.

“Simplemente solidarizar con las familias que han perdido un ser querido y decirles que al Gobierno le duele el fondo del alma y el corazón que se pierdan vidas, aquí en este país no sobra nadie, todos somos hermanos del mismo pueblo”, reflexionó ante la tragedia.

Durante sus dos primeros años de gestión, a la vista de la compleja relación de Hinzpeter con diversos sectores del mundo social, sus índices de aprobación ciudadana bajarían en 12 puntos.

 

El ocaso de Piñerismo

A meses del fin del mandato de Sebastián Piñera, es posible advertir dos etapas de su gobierno: una con Hinzpeter como ministro del Interior y otra con el abogado en la cartera de Defensa, cargo en el que se ha desempeñado desde hace un año.

Ley HinzpeterLa primera etapa del gobierno registra una alta influencia de la perspectiva del hombre de confianza de Piñera: una agenda marcada por el tema de la delincuencia –cuya batalla en La Moneda ya dieron por perdida-, persecución a la disidencia política -anarquistas, mapuche, estudiantes y alzamientos en regiones- y un estilo político que experimentaba girar hacia la “Nueva Derecha”, cuyo pragmático proyecto se ha visto frustrado por el rechazo ciudadano y la baja aprobación en las encuestas.

Aunque se resistió durante un largo tiempo, a fines del 2012, cuando Piñera accedió a remover a Hinzpeter de su cartera, su administración comenzó a experimentar un importante cambio. En efecto, analistas políticos han asegurado que el gobierno sufrió un impulso cuando decidió declinar de su gabinete técnico para dar un espacio a las figuras políticas consagradas de la derecha.

Hoy, mientras Hinzpeter se mantiene fuera del círculo de intervención política ante los medios, los últimos esbozos de su legado comienzan a caer: la emblemática Ley Hinzpeter sufrió una dura derrota en el Parlamento y miembros de la derecha comienzan a culpar a Piñera del fracaso en las elecciones presidenciales.

“Creo que ellos que van a ser Gobierno a partir del 11 de marzo van a echar de menos esta ley, se van a dar cuenta del error que han cometido”, señaló Chadwick sobre el rechazo de la legislación impulsada por su antecesor. El mismo Hinzpeter, en tanto, no ha emitido declaraciones hasta el momento.

A meses del fin del mandato, Hinzpeter luce una desordenada barba que casi pareciera graficar las aristas del sacrificado paso por el gobierno de su amigo Sebastián, cuya relación llegó a comprar con la dupla Montt y Varas. El dúo Hinzpeter y Piñera, eso sí, está lejos de recordar los días dorados en que el ministro tenía las palabras precisas para defender al presidente de cada una de las críticas formuladas por la oposición y el oficialismo.

“Sebastián ha forjado su posición empresarial a partir de sus propios esfuerzos y talentos, no es uno más de la clase empresarial típica”, señaló en alguna época pasada. Hoy, cuando Pedro Sabat y Manuel José Ossandón aseguran estar arrepentidos de haber votado por Piñera, Hinzpeter no alza la voz para destacar las cualidades del presidente ni para disparar dardos a la derecha que tantas frustraciones le causó. A futuro, es posible que el proyecto de renovación política tome ventaja ante el evidente desgaste del sector. Por el momento, es hora del desalojo.