Balance 2013 El año que termina fue prolífico en enseñanzas políticas. Incluso,  hizo recordar ciertos comportamientos que ya son tradicionales, pero no por debidamente aquilatados por quienes los practican. Con seguridad, el 2013 ha servido para que Chile se adentre un poco más en un mundo que cambia de manera acelerada. Y en el que, obviamente, la clase dirigente -sin distinción de ideologías- intenta evitar la “contaminación”.

Una vez más, la derecha terminó su mandato con los integrantes de la coalición enfrentados. Lo mismo que ocurrió al final de la presidencia de Jorge Alessandri (1958 – 1964). Debieron pasar más de 4 décadas para que la derecha llegara nuevamente a La Moneda sin la ayuda de aviones ni tanques. Y la experiencia terminó de manera similar. Con una derecha anunciando profunda reflexión.  Con avisos de aggiornamento. Con comportamientos llamativos. Con Andrés Allamand, ex ministro de Defensa de la administración Piñera, culpando a éste de ser el responsable de la debacle que significó la postulación de Evelyn Matthei a la Presidencia de la República. Y el Gobierno respondiendo que no se espera “nada de él”.

Y cuando el presidente de la Unión Demócrata Independiente (UDI), diputado Patricio Melero, busca explicaciones para la derrota, sus palabras tampoco iluminan el nuevo sendero.  “Tenemos más cultura de oposición que de gobierno.  La UDI creció en ese contexto”, afirmó. Si se pone atención a lo que dice el senador Alberto Espina, de Renovación Nacional, se hace evidente que la derrota aún no permite reflexiones de fondo. Espina sostiene que el fracaso de Matthei se debió a que Michelle Bachelet era una “tremenda candidata”.

Tal como sucedió con Alessandri, Piñera carga con la responsabilidad mayor para los que ayer fueron sus aliados y hoy detractores. Desde RN y la UDI, el fuego es graneado.  Se lo acusa de sembrar confusión entre los seguidores de la derecha, al transformar en una efeméride de grandes proporciones la conmemoración de los 40 años del golpe militar. Su frase de “los cómplices pasivos” fue una verdadera bomba que detonó en la coalición de Gobierno. Personeros de la UDI y RN se sintieron afectados. Fueron los que colaboraron abiertamente con la dictadura del general Pinochet.  Y era a ellos a los que se refería el presidente. Para muchos, Piñera buscó cimentar una base política que le permita volver a La Moneda en 2017.  Sin embargo, hasta hoy, las encuestas lo muestran con un respaldo exiguo entre la ciudadanía.  Y el punto que más lo afecta es la falta de credibilidad. Algunos de los que fueron sus propios partidarios y participaron en su gobierno, hoy no creen que sus gestos hayan sido para fortalecer una democracia que aún no está sólida.

Otro acontecimiento importante del 2013 fue el desapego de los ciudadanos por la institucionalidad democrática. Cerca del 60 de los chilenos con derecho a voto no concurrieron a las urnas a elegir a la máxima autoridad del país. La política se encuentra entre las actividades con menor crédito.  Y la actividad parlamentaria es percibida más como un latrocinio en contra del Estado, que como una función fundamental para la marcha de la nación.

También en el año que termina comenzaron a manifestarse signos inequívocos de un cambio generacional. Dirigentes como el socialista Camilo Escalona o el UDI Jovino Novoa, parecen haber sido relegados a lugares secundarios. El primero sufrió una derrota humillante en su aspiración por seguir en el Senado. Y fue aún más significativa porque para llegar a esa candidatura desarrolló todo tipo de presiones, incluso desacreditando a su propio Partido.  Novoa, en cambio, ha tenido un paso a segundo plano menos escandaloso.  Pero ya está claro que su influencia política no es la misma.

En la Democracia Cristiana (DC), tal vez la noticia más impactante fue la derrota de una de sus estrellas electorales: Soledad Alvear. Lo que, aparentemente, provocó la reaparición de Gutenberg Martínez, su esposo. Se trata de un ex diputado democratacristiano, gran operador político al servicio, entre otros, del ex presidente Patricio Aylwin. Ahora Martínez aspira a buscar un lugar más hacia la derecha para la DC. De allí su rechazo a que los comunistas ocupen algún cargo ministerial en el próximo gobierno. Entre los planteamientos que parece manejar, está el hacer de la DC un partido bisagra.  Un partido que se mueva con facilidad entre el progresismo y la derecha.  Y que pueda formar alianza tanto con ésta como con colectividades socialdemócratas o afines a esa ideología.

El desconcierto que deja el 2013 es otra de las lecciones que debieran aprenderse. El tiempo no pasa en vano y el mundo cambia.  Lo que obliga a que la política también mute sus búsquedas.  Un proceso que en Chile recién parece haber comenzado.  ¿Esta vez será en serio?