Lollapalooza se ha posicionado como uno de los principales espectáculos masivos que han aterrizado en el continente. En 2011 Chile se convirtió en el primer país donde se exportó este evento desde Estados Unidos, siendo replicado posteriormente en Sao Paulo y, desde el próximo año, en Buenos Aires.

La contratación de bandas reconocidas internacionalmente ha hecho de esta instancia un espacio de gran cobertura mediática, incontables vitrinas publicitarias, invasivas estrategias de marketing y, en consecuencia, un alto número de asistentes.

Grupos como MGMT, Skrillex, The Killer, Arctic Monkeys y Pearl Jam tocaron en el Parque O’Higgings, además de bandas nacionales como Chico Trujillo, Los Tetas, Javiera Mena y Los Jaivas.

La calidad y trayectoria de algunas de las agrupaciones que han sido parte de este festival no se pone en cuestión, no está en duda.

Sin embargo, lo que hay detrás de Lollapalooza dista de ser un simple show musical: se ha transformado en un modelo de experiencia cultural percibida solamente desde una concepción estadounidense, mercantilización incluida.

Las entradas oficiales del evento alcanzan la suma de 105 mil pesos para asistir a los dos días de concierto. Esta cifra, aterrizada en Chile, equivale a la mitad del ingreso mínimo mensual de los trabajadores mayores de 18 años, y al 66 por ciento del sueldo mínimo para empleados menores de edad, que hoy alcanza el monto de 156 mil pesos. (Fuente: Dirección del Trabajo)

El valor real de esta cantidad adquiere más sentido si tomamos en cuenta que Chile es uno de los países más desiguales del mundo, donde el 60% de la población tiene un ingreso per cápita anual de 3 mil 500 dólares, mientras el 1 % más rico acumula un ingreso per cápita anual de 64 mil dólares.  (Fuente: Fundación Sol)

Estos datos pretenden exponer la reproducción de la cultura del endeudamiento crediticio, propia del modelo económico. ¿Cuántas de las entradas son pagadas al contado y cuántas en cuotas?

Capitalismo Verde

Capitalismo Verde

Capitalismo Verde

La dinámica del Capitalismo Verde responde a términos de humanización del sistema económico, en beneficio de la acumulación de ganancias de los grandes conglomerados industriales y comerciales, así como los derechos de explotación progresiva de los ecosistemas. (Fuente: El Capitalismo Verde, otra cara del un mismo modelo /Martín Ayala)

Lollapalooza se caracteriza, más allá de su parrilla de estrellas, por ser un festival con un espíritu “verde”. Diversas campañas han estado dirigidas a disminuir, por ejemplo, la huella de carbono, incentivando prácticas limpias como andar en bicicleta, reciclar y compartir automóviles.

Las verdaderas causas de la contaminación, sin embargo y lo sabemos, están en otro lado. El festival no escala a hacer mención de los grandes conflictos ambientales ni a denunciar a sus principales responsables, las multinacionales, en consonancia con las lógicas de marketing verde y de la Responsabilidad Social Empresarial.

A pesar de estos temas que podrían prestarse para la discusión, existe nulo cuestionamiento del evento a nivel mediático. Es más, es difundido como un panorama imperdible, más que cualquier otro encuentro musical.

De seguro la experiencia deja buenos recuerdos para quien disfrute de su banda preferida. Pero de ahí a ser presentado como un modelo de ciudadanía civilizada y bien pensante, hay una distancia. A no pasarse demasiadas películas, entonces.