nicolasa-quintremanEl martes 24 de diciembre falleció ahogada una de las más insignes líderes mapuche-pehuenche, Nicolasa Quintreman. Su cuerpo fue encontrado flotando en las turbias aguas del embalse artificial de la represa Ralco, el mismo por el cual alcanzó notoriedad pública al oponerse tenazmente a su construcción.  A la edad de 74 años, su desaparición física trae a la memoria uno de los casos socioambientales más brutales de los que se tenga recuerdo en la historia reciente, y para algunos además levanta sospechas en torno a las circunstancias que rodearon su muerte, la cual está siendo investigada por Fiscalía, aunque ya estaría establecida una presunta causa accidental.

El impacto en las comunidades y el mundo mapuche no se ha hecho esperar. Para Domingo Manuncura, ex director de la CONADI y quien renunció a su cargo por sus diferencias con el manejo del gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle a la tramitación del proyecto, la causa del fallecimiento deja espacio a la duda y debe ser investigada a fondo. “Espero que el Fiscal agote todas las diligencias, todas las hipótesis, y que no deje ninguna conjetura afuera,  porque es de interés de toda la comunidad mapuche y de la sociedad chilena el que se esclarezca en forma absoluta la verdad de los hechos, en el sentido de que sí fue un accidente, que se esclarezca, pero que no queden dudas en el aire”, señaló.

“Nicolasa penetró fuertemente en el corazón de muchos indígenas del país, no solamente los mapuche, y que la reconocieron y valoraron”

“En el Alto Bio Bio hemos tenido dos muertes históricas. La muerte por razones naturales del cacique Antonin Curriao, que junto con Nicolasa y otros dirigentes del Alto Bio Bio, fueron emblemáticos en todo este proceso de defensa del territorio pehuenche. Estos líderes, hombres y mujeres, obviamente que dejan una huella profunda que no desaparece con el tiempo. No son fugaces en la historia de nuestra cultura. Nicolasa penetró fuertemente en el corazón de muchos indígenas del país, no solamente los mapuche, y que la reconocieron y valoraron”, profundizó Manuncura.

Por su parte, la antropóloga Valeska Madriaga, quien vivió en la zona cordillerana durante ocho meses en pleno periodo del conflicto entre la empresa Endesa y las comunidades pehuenches, expresó su preocupación e incredulidad ante la hipótesis inicial que señalaba un posible suicidio de parte de Nicolasa. “Mi primera reacción fue no creer la tesis del suicidio porque las ñañas conocían las montañas de pies a cabeza, ellas no necesitaban ni un sendero. Para mí es raro que una persona que conoce tanto un sector tenga un accidente, se caiga y se muera. Sobre todo con Nicolasa, que era tan autónoma y segura de sí misma; era viejita pero los mapuche viven 90 años, y esta señora tenía 74, tenía para rato. Por lo que la conocí, por como vi que se movía, es muy extraño que se haya caído y se haya ahogado en el lago”, comentó Valeska.

Para la voluntaria que llegó hasta la localidad cordillerana, la figura de Nicolasa era la de una mujer muy luchadora y que siempre mantuvo la claridad necesaria para liderar a su comunidad, rol que no llevaba sola, sino en conjunto con más abuelas y, sobre todo, con su hermana Berta, quien asumía más el rol de vocera al interior de las comunidades. “La ñaña Nicolasa era más bajo perfil pero cuando tomaba la palabra, era la más clara y consciente de lo que estaba pasando. Siempre me acuerdo de algo muy decidor de cómo era, es que íbamos caminando hacia el nguillatuwe, donde se hacen los nguilltaún, y ella iba con unos bolsos muy cargados, y cuando me acerqué a ofrecerle ayuda, me dijo ‘no, ustedes no son de acá, y yo no puedo estar dependiendo de ustedes. Cuando se vayan me voy a quedar sola, así que yo no puedo depender de ustedes, tengo que hacer mis cosas sola’. Y en eso era siempre muy dura, muy clara. Ella marcaba una línea más clara en comparación que las otras familias, que eran más cándidas”, comenta.

La lucha contra Endesa

1512624_10152113107845729_1254227234_nEl mega proyecto hidroeléctrico emplazado en el Alto Bío Bío fue una de las últimas consecuencias directas de la dictadura de Augusto Pinochet. En 1989, el Estado de Chile asumió un compromiso con la empresa eléctrica española para la construcción de dos centrales, Pangue y Ralco. Ambas funcionando de manera complementaria, aportarían energía eléctrica para el país -5% de aporte al Sistema Interconectado Central-  y, se suponía, generarían progreso para la empobrecida localidad indígena. Por esos años, explican además quienes defendieron los derechos de las comunidades, no existía ni la Ley Indígena ni la Ley de Bases del Medioambiente. Así, los gobiernos de la Concertación defendieron e impulsaron el proyecto, siendo la administración de Eduardo Frei Ruiz-Tagle la que jugó el rol más preponderante en dicho conflicto.

Nicolasa Quintreman era una más de las ñañas de la comunidad de Ralco-Lepoy, que en total eran 7 mujeres  y sus familias, que se negaban  a firmar los acuerdos que Endesa estaba logrando uno por uno con los dueños de los terrenos que serían inundados por el embalse artificial de las represas.

Entre 1997 y 1998, el conflicto que generaban estas ñañas erigió a Nicolasa como una figura que destacó por la profundidad de sus palabras y pensamiento, que traspasó fronteras incluso. “Su muerte no significa una pérdida de su legado, por el contrario, ahora se va a reconocer con más profundidad y al mismo tiempo eso irá creciendo. Por mucho tiempo, ella será recordada como una mujer excepcional, una luchadora social, humilde, sencilla, modesta, frágil físicamente pero de una fortaleza espiritual absolutamente envidiable y que muchos están llamados a mantener y desarrollar”, señaló al respecto Namuncura.

El impacto por la construcción de las represas que tanto resistió Nicolasa se hacen cada vez más notorios en Quepulca-Raclo y Ralco-Lepoy, los lugares más afectados. Según la última encuesta Casen, las comunas del Alto Bío Bio y Santa Bárbara, las más cercanas, son las de mayor pobreza en el país, y según investigaciones privadas, presentan la mayor tasa de suicidios a nivel nacional, triplicando la media del país. Además, y en un hecho muy paradójico, en las comunidades pehuenches que fueron reubicadas se paga la tarifa eléctrica más cara del país. Según datos de la Comisión Nacional de Energía, si en Santiago se pagan $16.315 por 150 kWh en un mes,  los pehuenches, pagan $27.280 por el mismo consumo.

El abandono de Endesa

ralcoDiversos informes advirtieron de un futuro lúgubre para las comunidades afectadas, que fueron divididas y reubicadas a kilómetros de distancia, y ahora ya no tienen el apoyo mutuo que  antiguamente los caracterizaba. “Acá se ha cumplido el vaticinio de que estos mega proyectos se instalan, su rentabilidad es altamente conveniente para los dueños de los proyectos, los impuestos que se pagan se centralizan en términos nacionales, porque las regiones no captan los beneficios, y las empresas se desentienden de las comunidades, las localidades y los pueblos”, resume Namuncura.

Para el ecólogo Juan Pablo Orrego, presidente de la ONG Ecosistemas, los planes de reubicación fueron mal diseñados para la cultura pehuenche, puesto que se pensaron en términos de comunidades agrícolas cuando los mapuche de la alta cordillera son más bien recolectores. Estas decisiones los condenaron socioeconómicamente, asegura. “Incluso Endesa los convencía con el slogan, ‘Represas o pobreza’, y si tú mirabas bien, con más profundidad, veías que efectivamente había mucha pobreza pero con diferencias, y tenían el piñón, que era su cosecha que nunca fallaba. Y en cambio, les dan tierra planas para cultivar”, comenta el también antropólogo.

La lucha que emprendieron las ñañas por preservar su cultura, y además los engaños a los que sometieron a los pehueches los negociadores de Endesa, quedó retratado en el documental del director catalán Manel Mayol “Apaga y vámonos”, realizado en 2005 a un año de que comenzara a funcionar la central hidroeléctrica que tanto resistió Nicolasa.