Publicado en El Desconcierto Nº1. Julio de 2012

Cualquier referencia a la vida y obra de Walter Benjamin en medio del malestar que recorre el mundo, debe insistir en su talante revoltoso y su esencial incomodidad con el poder. Benjamin es el escritor de una ruptura fulgurante. Lo suyo es lo que cambia. Sus obras destacan en el pensamiento crítico de principios del siglo XX por su excepcional insistencia en la importancia de lo cultural en los procesos históricos. Vio con claridad el modo en que los productos culturales se convertían en dispositivos del poder social, hasta llegar por cierto a su certera objeción a la estetización de la política que promovía el nazismo. Una apropiación crítica de los bienes culturales disponibles, sostenía, resulta fundamental para la práctica transformadora. Allí se juega la posibilidad de un despertar que vincula la emancipación social y económica con una redención en las ideas. Pero ello requiere romper con la idea vulgar de la historia como continuidad y plantear, por el contrario, un ejercicio de interrupción que remite de forma amplia al concepto de montaje. Benjamin dirá que conocer el pasado no tiene que ver con la pretensión de captarlo “como verdaderamente ha sido”, sino con la apropiación activa de un “recuerdo que relampaguea en un instante de peligro”, del cual “el texto es el trueno que sigue retumbando largamente”. Por ello mismo, habrá que cuidarse entonces de hacerlo monumento, tomarlo como texto concluido, volverlo (de nuevo) una moda intelectual y dejar en cambio abierta la posibilidad múltiple de que cada cual experimente por sí mismo la maravillosa irritación de los ojos y la mente que produce su lectura.

Nació el 15 de julio de 1892 en Berlín. Estudió filosofía. En 1914 presidió la Asociación de Estudiantes Libres de Berlín. Desde mediados de los años treinta colaboró con el Instituto de Investigaciones Sociales de Fráncfort. Dedicado en París al proyecto de Los Pasajes –el más importante que concibió y que debió dejar inconcluso-, le fue retirada la nacionalidad por el régimen nazi. Fue apresado por el gobierno francés y enviado a un campo de prisioneros. Al salir en enero de 1940 escribió las Tesis sobre la historia. Abandonó París un día antes de la entrada de las tropas alemanas. Emprendió la huida al sur. El 25 de septiembre inició clandestinamente una ruta montañosa que lo llevaría a España. Llegado a Portbou, en Cataluña, la policía le negó el ingreso al territorio español, informándole que sería entregado a las autoridades de la Francia ocupada al día siguiente. Esa noche, luego de realizar algunas llamadas en el hotel, decidió tomar una fuerte dosis de morfina. Fue enterrado el 28 de septiembre en un nicho de alquiler. En octubre de 1941, cuando Hannah Arendt visitó Portbou con la intención de rendir homenaje al amigo muerto, no encontró seña alguna.

 

{Fragmentos}

“La imagen verdadera del pretérito pasa fugazmente. Solo como imagen que relampaguea en el instante de su cognoscibilidad para no ser vista ya más, puede el pretérito ser aferrado”. (De la Tesis V sobre la historia).

“Balzac fue el primero en hablar de las ruinas de la burguesía. Pero solo el surrealismo las ha hecho visibles. El desarrollo de las fuerzas productivas arruinó los símbolos desiderativos del pasado siglo antes incluso de que se derrumbaran los monumentos que los representaban. […] El inicio lo marca la arquitectura como una labor de ingeniería. Le sigue la reproducción de la naturaleza como fotografía. La imaginación creativa se prepara a ser práctica como dibujo publicitario. La creación literaria se somete, con el folletín, al montaje. Todos estos productos están a punto de entregarse al mercado como mercancías. Pero vacilan aún en el umbral. De esta época provienen los pasajes y los interiores, los pabellones de las exposiciones y los panoramas. Son pasos de un mundo onírico. El aprovechamiento de los elementos oníricos en el despertar es el ejemplo clásico del pensamiento dialéctico. De ahí que el pensamiento dialéctico sea el órgano del despertar histórico”. (De El libro de los pasajes).

“La transformación de la superestructura, que ocurre mucho más lentamente que la de la infraestructura, ha necesitado más de medio siglo para hacer vigente en todos los campos de la cultura el cambio de las condiciones de producción. […] (La) dialéctica (del arte) no es menos perceptible en la superestructura que en la economía. Por eso sería un error menospreciar su valor combativo. […] Los conceptos que seguidamente introducimos por vez primera en la teoría del arte se distinguen de los usuales en que resultan por completo inútiles para los fines del fascismo. Por el contrario, son utilizables para la formación de exigencias revolucionarias en la política artística”. (De La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica).

“La lucha de clases, que el historiador educado en Marx tiene siempre ante sus ojos, es una lucha por las cosas rudas y materiales, sin las cuales no hay las finas y espirituales. No obstante, estas últimas están patentes en la lucha de clases de otro modo que como la [mera] representación de un botín que le cae en suerte al vencedor. Están vivas en esta lucha como confianza, valentía, humor, astucia, empedernimiento, y ejercen su eficacia remontándose a lo remoto del tiempo. Una y otra vez pondrán en cuestión cada victoria que logren los dominadores”. (De la Tesis IV sobre la historia).

 

Traducciones de Walter Benjamin:

1973, Discursos interrumpidos, Taurus, Madrid.

1980, Iluminaciones I, II, III y IV, Taurus, Madrid.

1990, Diario de Moscú, Taurus, Madrid.

1995, La dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre la historia, Traducción, introducción y notas de Pablo Oyarzún Robles, ARCIS-Lom, Santiago.

2005, Libro de los pasajes, Akal, Madrid.

Textos disponibles en internet:

http://www.archivochile.com/Ideas_Autores/html/ideas_autores_esc_frankf.html

http://www.jacquesderrida.com.ar/restos/restos.htm

 

Página construida por el ayuntamiento de Portbou: http://walterbenjaminportbou.cat/es/content/inicio