raul-sohr-Se ha instalado la imagen que La Haya nunca falla a favor o en contra de manera categórica, ¿qué es lo que realmente se puede esperar de cara al fallo del 27 de enero?

“El fallo probablemente va, en el mejor de los casos, a rasguñar alguna parte del territorio marítimo chileno, y en el caso peor puede haber una pérdida significativa. El problema para Chile es que no tiene nada que ganar. La mayor victoria que puede obtener Chile es que las cosas sigan igual como están, y eso es improbable. Lo más probable es que Perú obtenga algo. De hecho, el derecho actual tendería a darle la razón al reclamo peruano exigiendo la bisectriz. En muchos casos se ha fallado en términos similares”.

“Lo que ha planteado Chile es que hay tratados de larga vigencia que establecen una frontera establecida, y que se deben respetar esos tratados. Aquí no está solamente en juego la situación chilena, si no que si se trasgreden estos tratados, bueno, se abre una situación bastante compleja. El planteamiento de Perú es señalar de que éstos no han sido tratados sino que acuerdos pesqueros, y que como tales, no marcan el límite, y por lo tanto se requiere una definición fronteriza nueva en función del derecho moderno. Si la Corte aceptara el reclamo peruano, probablemente van a obtener la bisectriz. Si aceptan la tesis chilena de que estos eran tratados de larga data, en ese caso lo que obtenga Perú va a ser mucho menos”

-¿Se podría plantear a estas alturas que fue un error de parte de Chile aceptar ir a la Corte de La Haya por este tema?

“Chile no tenía ninguna opción de eludir a La Haya. Tendría que haber notificado su retiro del acuerdo con un año de antelación, pero si Perú ya hubiera presentado su demanda, Chile no se puede rehusar en forma unilateral. La única forma en que se pudo haber evitado era en conversaciones directas con Perú, que hasta cierto tiempo se tuvo, y el presidente Alan García le dio ciertas garantías a la presidenta Bachelet de que la demanda no iba a ser presentada, y fue una gran sorpresa para Chile el que se hiciera. De todas maneras, debió haber habido mayor suspicacia en Chile y haber generado condiciones positivas para impedir o tratar de disuadir a Perú de que fuese a La Haya. Por ejemplo, podría haber habido una serie de estímulos de mejoramiento de las relaciones y de conversaciones, y desgraciadamente no se hizo, no se tomó con la suficiente seriedad, como no se ha hecho con muchas de nuestras relaciones bilaterales. Tampoco se toman muy en serio hoy día la situación con Bolivia, se hacen declaraciones de corte nacionalistas, que en nada ayudan a mejorar la situación con nuestros vecinos; nuestras relaciones con Brasil son de baja densidad, y Brasil es un factor fundamental en la región. Creo que se han descuidado mucho los aspectos de la relación vecinal de Chile”.

-Cómo se analizan declaraciones como las del diputado PPD, Jorge Tarud, que propuso un plebiscito para ver si la gente aceptaba un fallo adverso, por un lado, pero por el otro, se destaca continuamente la fructífera relación económica entre los países, ¿Qué pasa con los criterios de nuestra clase política para enfrentar el tema?

“Por supuesto, a ningún país le gusta perder soberanía o perder un pleito. A nadie le gusta perder un partido de fútbol, a nivel de selecciones. Más aún cuando se trata de temas de soberanía, es un asunto muy serio y que es muy sentido por todos los ciudadanos de cada país, aunque los territorios en cuestión no sean tan vitales para ni unos ni otros. Dicho eso, creo que una de las tesis que colapsa con este caso es que Chile ha mantenido un nivel de armamentismo extraordinariamente alto -Chile gasta 3 veces más que Perú en armas- y sin embargo Perú no se sintió en absoluto intimidado de ir a la Haya. O sea, la absoluta supremacía militar de Chile a Perú lo tiene relativamente sin cuidado. La prueba de ello es que pese a esa inferioridad presentaron la demanda. Yo diría que en las relaciones comerciales es lo mismo. El que haya mucha inversión chilena, más bien compromete a Chile que a Perú. Para ellos, es más bien un mecanismo de presión, es decir, si Chile amenaza los capitales de empresas chilenas, cosa que además está por verse si podría hacerlo el gobierno, probablemente son las empresas chilenas las que pierden más que los peruanos, que pueden invitar a otros inversionistas. De manera de que ni el comercio ni el poder  militar son poderes disuasivos suficientes como para resolver este tipo de situaciones”.

-¿Se podría plantear un cambio de mano en las relaciones diplomáticas con el resto de los países ahora que Bachelet asume en marzo? Recordemos que incluso Uruguay que ofreció su ayuda a Perú y Paraguay, países que no tienen salida al mar.

“Creo que el próximo gobierno sin duda va a tener una relación mucho más positiva con los vecinos, con Argentina, con Brasil. Dilma Rousseff y la presidenta electa Bachelet tienen una relación mucho mayor que la que tuvo el presidente Piñera, ni hablar con Evo Morales donde allí se produjo muy tempranamente un corto circuito muy fuerte entre Chile y Bolivia, cuando nuestro país entregó a Estados Unidos a un jefe de la Policía Anti-narcotráfico de Bolivia, en vez de entregarlo a ese país, y ahí realmente se produjo un corte.”

“Muchos de los países de la región ven Chile como un aliado muy estrecho de Estados Unidos, y que juega un poco por los intereses de ellos. Eso, dada la corriente bolivariana que domina la mayoría de los países de la región, ha puesto a Chile en una situación de relativo aislamiento, lo que probablemente, no digo que en forma drástica, pero en alguna medida, va a mejorar en el próximo gobierno”.