Marker - En el fondo el aire es rojoAsí, descolocando con sus frases cortopunzantes, afirmando que “la política no es sino la Historia del presente” o que “si las imágenes del presente no cambian, cambiemos las del pasado”, en relación a la frase de George Steiner que nos dice que “no es el pasado el que nos domina, sino las imágenes del pasado”; levantando una poética singularísima, sustentada en una primera persona documental que mezcla los tiempos, los escenarios y los paisajes, sin duda alguna la palabra “cineasta” a Chris Marker le queda chica.

Christian François Bouche-Villeneuve, alias Chris Marker, nació en Neuilly-sur-Seine, Francia, el 29 de julio de 1921, y falleció en París el mismo día de su nacimiento, en 2012. [Marker es el mayor experimentador de los sentidos de la imagen que se conozca a través de la Historia, o uno de los más vastos y provocadores historiadores contemporáneos, que se ha servido casi exclusivamente, y sin excepción, de la imagen como forma pura de ideología y de la movilidad visual de la palabra poética, para crear así un arma política de gran calibre subjetivo y de un poder de devastación estético-social sin precedentes. Chris Marker separó el átomo narrativo antes de Hiroshima y Nagasaki, y encendió los cigarrillos de Mayo del ‘68 con napalm mucho antes de Apocalypse Now, mostrándonos así cómo se mueve el viento sobre las cenizas de la información radioactiva, que todo lo corroe de manera omnipresente y totalitaria.

De esta forma, y por un efecto acumulativo impresionante, asistimos al despliegue de casi todas las posibilidades temáticas de registro que se conozcan en el cine hasta el día de hoy. Este hombre, Chris Marker, el hombre detrás de la cámara, se ha hecho invisible y nos ha dejado su inclasificable legado bajo la forma del films-ensayo. La Orilla Roja ha muerto, entrando a la Zona de Tarkovsky.

Resulta asombroso, al ver sus películas, la peligrosa y fascinante movilidad conceptual sobre los temas que siempre le preocuparon, no desdeñando ninguna posibilidad de expresión masiva para ponerse detrás del lente.

Resulta asombroso, al ver sus películas, la peligrosa y fascinante movilidad conceptual sobre los temas que siempre le preocuparon, no desdeñando ninguna posibilidad de expresión masiva para ponerse detrás del lente. Su primera película, Olympia 52, muestra las Olimpíadas del año 1952, en Helsinski, las primeras a las que asistía la Unión Soviética luego de la Segunda Guerra Mundial. Luego vendría el famoso alegato anticolonial, Les statues meurent aussi (1953), película que realiza junto a Alain Resnais, que al comienzo trataba sobre una muestra de arte africano y que terminó censurada por más de 10 años por ofensas a otro tipo de arte más devastador: el arte de entender como legítima la expropiación cultural. El texto introductorio dice: “Cuando los hombres mueren, entran en la historia. Cuando las estatuas mueren, entran al arte”. Marker acepta finalmente que la forma del film es panfletaria, pero reflexiona: “Esta claro que el panfleto, género admitido y honrado en la literatura, no lo es en el cine, entretenimiento de masas”. Luego le suceden Dimanche a Pekín (1955), viaje que realiza a China articulado sobre recuerdos y percepciones de lo exótico-comunista como algo familiar; Lettre de Sibérie (1957), que surge a petición del gobierno soviético y sirve para mostrar Siberia a un cineasta de occidente, quizá como forma de despenalizar de algún modo los abusos del estalinismo en esas estepas del destierro; Descripción de un combate (1960), sobre la naciente nación israelí que decidió inhibir la película del festival de Moscú por la alarmante cantidad de judíos mal afeitados que aparecen en ella, tratando tal vez, inconscientemente, de marcar una aséptica distancia capilar con los desmesurados personajes del Antiguo Testamento. Luego vendría Cuba sí, (1961) sobre el proceso cubano, del que Marker afirmaría  que era “el film que está más cercano a mi corazón”.

Entonces irrumpiría su afamada photo roman, La Jetée, cortometraje de 1962 que lo sumerge en su primer trabajo de ficción pura. La Jetée es uno de los tratados más fascinantes sobre el arte de la ficción, por la manera en cómo muestra sus materiales de composición, la simpleza aparente de una puesta en escena a partir de una imagen fija, un narrador en off y la simulación del sonido directo. En ella se elabora, a partir de aquella enseñanza básica arraigada en los rudimentos del cine, esto es, de la utilización del cuadro fijo como punto de partida, una obra de anticipación política que nos cuenta la historia de un hombre que, marcado por una imagen de su infancia en el aeropuerto de Orly, asiste más tarde, una vez prisionero y sometido a experimentos en un mundo de destrucción post nuclear, a viajes por el tiempo donde se encuentra con esa misma imagen circular que contiene su propia muerte (cabe señalar que La Jetée inspiró a Terry Gilliam, en 1995, para la realización de 12 Monos).

Dada la extensión de la obra de Marker, señalaremos para finalizar tres obras para mi gusto señeras, que por su importancia son irrenunciables: Sans Solei (1982), Le fond del´air est rouge (1977) y Level 5 (1996). En ellas, indistintamente, encontraremos al Marker operador testimonial de la fotografía, al poeta del barroco bélico que se sirve de las plataformas narrativas de los video juegos, al devoto aprendiz del cine soviético en la variante Vertov/Einsenstein, al desmantelador de los propósitos totalitarios de los films de propaganda, al surrealista inquisidor de la vigilia, al documentalista de las calles sin tema aparente, al fotonovelista de ciencia ficción, al acosador del Poder a través de la poesía, al montajista sideral de los conflictos y las movilizaciones sociales, al audaz fragmentador del sueño humano frente a la dialéctica de la naturaleza, al amante de los gatos y los búhos, al hombre cuyos párpados no desfallecieron ante nada y que nos abre el diafragma de la belleza, nos deja su mirada final, su filmografía abierta.

Algunos de sus film más importantes se pueden ver en: http://www.naranjasdehiroshima.com/