Dalmo Dallari(Texto del libro Plebiscito para una nueva Constitución, de Ediciones El Desconcierto, leído durante el encuentro ciudadano del pasado 20 de julio de 2013).

Muy buenos días a todos. Quiero, primero que todo agradecer a los organizadores de este seminario por el privilegio de la invitación.
El tema central de este panel es la experiencia comparada de procesos constituyentes. Evidentemente, yo voy a hablar sobre la experiencia de Brasil. Me permito decir, y no es parte de modestia, es solo la realidad, que yo hablo de una experiencia vivida. Yo viví intensamente el proceso de convocatoria de la constituyente en Brasil. Entonces yo puedo transmitir algunas informaciones básicas, pero también hacer algunas consideraciones de carácter personal.
Antes de todo, yo quiero decir que las experiencias no son totalmente comparables por las circunstancias pero que me parece importante compartir. Considero importante decir que nosotros, el pueblo de Brasil, está muy satisfecho con su Constitución. Una peculiaridad, que es muy importante de acentuar en este momento, es que nuestra Constitución es generalmente mencionada como una Constitución ciudadana. Es ciudadana por la legitimidad de la manera en que se redactó.
Una primera influencia en los cambios en el Brasil, que me parece importante, es la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. La declaración y los cambios sociales en el mundo empiezan a producir efectos en Brasil, sobre todo en el comienzo de la década del ‘60, cuando hay muchas reivindicaciones de derechos y denuncia de la discriminación y nacen movimientos que buscan cambiar la realidad.

Estos movimientos sociales comienzan a presentar radicalizaciones y resistencias. Una resistencia viene de los ricos tradicionales, de los empresarios, de los grandes propietarios que comienzan a tener miedo de esta nueva reivindicación: “será que esto va a resultar a la perdida de mi propiedad y de mi poder económico”. Al lado de ellos, también hay una resistencia que fue muy importante en términos prácticos, de la dirección superior de la Iglesia Católica. Nosotros tenemos una tradición católica que viene de algunos siglos y había una dirección muy conservadora de la Iglesia.

A ellos, se agrega un tercer elemento que fue muy importante: los militares. Ellos, entrenados por los Estados Unidos, se suman a los grupos conservadores en su miedo al peligro comunista que veían en los cambios sociales que se suscitaban.

A partir de los militares se creó un movimiento que en 1964 asumió el poder en Brasil. Fue un golpe militar, aunque ellos hacen una declaración en el que dicen que fue un movimiento civil y militar. Se impuso un sistema dictatorial. Hasta entonces, Brasil tenía una constitución con algunas imperfecciones pero era una constitución hecha en el ‘46 por un proceso tradicional. La dictadura, en abril del ‘64 publica un documento que se llamó “Acto Institucional”. Muy curioso, porque decía que para impedir el peligro comunista asumían el poder. No había un solo dictador, un líder, se instaló en el gobierno un comando revolucionario compuesto por tres militares del ejército, la marina y la aeronáutica.

Lo que es curioso es que en este “Acto Institucional” se proclama que se trataba de un movimiento civil y militar y la “revolución” se otorgaba así mismo el poder constituyente. Enseguida planteaba que la mantenía la Constitución de la ‘46 pero con las restricciones consideradas necesarias por el Comando Revolucionario.

Hablando de la resistencia a estos hechos, fue muy importante la disidencia católica porque así como estuvo la influencia de la Declaración de los Derechos Humanos, también hubo una influencia muy importante del Concilio Vaticano Segundo. Ahí se genera una actualización de la doctrina cristiana y hace muchas recomendaciones a los católicos para que busquen la superación de las discriminaciones, de las injusticias.

Un punto de fundamental importancia para el proceso constituyente fue que los Obispos que querían esta justicia social, este cristianismo social inspirado en las reformas, crearon un mecanismo que llamaron ‘comunidad eclesial de base’, en las cuales las personas se reunían para discutir los problemas políticos y sociales para hacer críticas, denuncias y propuestas. Esto siempre sobre la dirección y la organización de un Obispo o un Sacerdote católico, pero generando conciencia ciudadana, la conciencia de que todos tienen el derecho y el deber de participación. Algunos de los participantes ni siquiera eran católicos pero sintieron la importancia de esta participación como oportunidad de decir algo, de ser sujetos de la historia.

Como consecuencia de todo esto, comenzaron las críticas a la Dictaduras porque había un Presidente de la Republica que permitió un Congreso Nacional conformado por diputados y senadores, pero bajo el control absoluto del “Comando Revolucionario” Así creció la exigencia de una renovación profunda para la implementación de un sistema democrático de gobierno. En realidad, se iba mucho más que esto, se buscaba la redefinición de las relaciones sociales para la implementación de una organización social más justa.

Parte de este proceso fue la creación de la Comisión de Justicia y Paz que tuvo su origen en el Vaticano y se creó en muchos lugares. El obispo de São Paulo, con quien yo no tenía mucho contacto, me llamo y me invito para el ser el presidente de la Comisión. Esta organización buscaba trabajar en torno derecho constitucional y la propuesta constituyente, entonces yo y varios compañeros recorríamos el país hablando al pueblo, explicando que era la constituyente. Abordábamos profesores universitarios, profesionales y a estudiante. Yo publiqué un pequeño libro que se llama exactamente “Constitución y Constituyente”, sin ninguna pretensión teórica, es una especie de pequeño libro para que muchos digirieran la información básica.

Luego fui elegido el Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de São Paulo, que es verdaderamente la más importante de Brasil. Creamos la “sala de la constituyente”: teníamos reuniones diarias y siempre estaba la funcionaria para recibir propuestas.

Entonces, cuando terminada la Dictadura, en Brasilia la Asamblea Constituyente elegida por el pueblo comenzó a preparar un proyecto de Constitución, nosotros los integrantes del movimiento para la participación social, hicimos una proposición que el pueblo pudiera presentar propuestas de enmiendas al proyecto de Constitución. Entonces así comenzó en todo el Brasil a discutirse la proposición de enmiendas, hecho que es muy significativo dado que conseguimos más de 12 millones de firmas de autores.

Para ser parte de la Constituyente había que ser perteneciente a un partido político. Yo no quería serlo, yo soy un constitucionalista, un jurista, un ciudadano.  Entonces fui un constituyente ciudadano, muchas y muchas veces fui a Brasilia para entregar a los constituyentes las propuestas populares. Muchas de estas propuestas fueron recibidas y están en la Constitución, un ejemplo que me parece muy importante y significativo.
Nosotros también propusimos que el pueblo tenga derecho de proponer proyectos de ley. Entonces hoy un cierto número de electores pueden proponer un proyecto y los diputados y senadores son obligados a discutir y votar este proyecto de iniciativa popular. Tenemos también la existencia de consejos populares para discutir decisiones gubernamentales, entre otros instrumentos.

Por todas esas razones yo creo que la experiencia de Brasil puede ser útil, evidentemente consideradas las circunstancias, pero esta experiencia de participación ciudadana de reuniones comunitarias de propuestas populares me parece que es también perfectamente aplicable también a la sociedad chilena en este momento en que se comienza a discutir la constituyente.

Para responder efectivamente a la voluntad y a la necesidad del pueblo es esencial una efectiva participación de la ciudadanía en los trabajos constituyentes y después de eso, en la continuación de la vida de la Constitución. Era esto lo que yo quería exponer, ¡muchas gracias!