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Archivo Editorial Ochos Libros

Para muchos parece que fuera ayer cuando los noticieros centrales irrumpieron con una información completamente inesperada. Eduardo “Gato” Alquinta, líder fundador de Los Jaivas, fallecía a los 58 años de un repentino ataque al corazón mientras nadaba en un popular balneario de Coquimbo. El 15 de enero de 2003, la música chilena perdió a uno de sus máximos exponentes, lugar que comparte con referentes como Víctor Jara y Violeta Parra.

Las portadas de los diarios esos días fueron elocuentes. La Cuarta tituló: “Muerte del ‘Gato’ estremece a Chile”. La inesperada desaparición del líder de Los Jaivas remeció aquel verano y a la vez se instalaba la sensación de una partida tan temprana como injusta. La masiva concurrencia al velorio en la Estación Mapocho marcó un hito dentro de las despedidas populares. Cerca de 400 mil personas llegaron al velorio, donde las expresiones espontáneas marcaron su despedida como una de las más masivas y populares de la historia reciente.

El fervor por la música de Los Jaivas pasaba por sus mejores momentos. En el 2000 habían realizado una gira por el país, que los llevó a casi todos los rincones y escenarios, con una de las presentaciones más emblemáticas en el Teatro Monumental de la capital.

 

De “The High & Bass” a Los Jaivas

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La historia de la banda comenzó en 1963, en Viña del Mar, y específicamente en el Liceo Guillermo Rivera, a pasos de la Quinta Vergara. En sus inicios la banda se presentó como The High & Bass, pero tardaron varios años en lograr el sonido propio que los caracteriza y que dista completamente del estilo tropical de sus inicios.

Fue recién en 1972 cuando la difusión radial llegó con dos de sus canciones que hoy son un himno: “Mira niñita” y “Todos juntos”. El camino de búsqueda de un sonido propio pasó por un periodo de frenéticas presentaciones en vivo, especialmente entre los años 1969 y 1970, momento previo a la grabación de su primer disco. En esas míticas presentaciones comenzó a forjarse la llamada familia de Los Jaivas, donde el público participaba tocando sus propios instrumentos.

En el disco “La Vorágine”, un conjunto de 5 cd’s, muestra esa búsqueda en la que las improvisaciones llegaron a presentaciones donde la improvisación llegaba a puntos en que el mismo “Gato”, en medio del frenesí, insultaba al público asistente con desaforados gritos. “¡¿No pagaron diez lucas para escuchar música de vanguardia?! ¡Qué es lo que querían los mierda! ¡Música de vanguardia tocamos, por la chucha! Tocamos música de vanguardia ¡¿y qué?!”.

Tras el golpe, Los Jaivas se refugiaron en Argentina, donde comenzaron a dar cuenta de esa influencia que rápidamente se extendería por Sudamérica. El diario La Opinión de Buenos Aires reseñaba la despedida de América que realizaron Los Jaivas en el Teatro Coliseo el 9 de marzo de 1977, dando cuenta del enraizamiento que generaron allende Los Andes. “Eran las tres de la mañana y el público se iba del teatro repitiendo un estribillo inequívoco: ‘Seamos amigos, seamos hermanos’. Nunca se podrá agredecer demasiado a Los Jaivas el haber permanecido tres años y medio en la Argentina”, indica la columna recuperada en una reciente publicación por los 50 años de la banda, a cargo de René Olivares, diseñador que creara el logo de Los Jaivas.

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El punto culmine de dicho influjo vino con la musicalización de los versos del Canto General de Pablo Neruda, en “Las alturas de MachuPicchu”, además de grabar en las ruinas de la ciudadela inca, en una realización conjunta de Canal 13 de Chile y Canal 7 de Perú, lo que contó con la participación del reconocido escritor peruano Mario Vargas Llosa.

En “Cultura Alter-Nativa. Los Jaivas, medio siglo”, Olivares recopila uno de los mejores registros gráficos que existen de la agrupación, incluyendo el hito que marca en su trayectoria el disco “Alturas de Machu Picchu”. Allí da cuenta de la gran cobertura en medios latinoamericanos que consiguió la placa, entre ellos venezolanos, brasileños y peruanos.

 

La primera pérdida

En 1988, la agrupación sufrió su primer gran golpe con la muerte de Gabriel Parra en un accidente automovilístico. Ese episodio puso a prueba a la “familia Los jaivas”, y fue Juanita Parra, años más tarde, quien tomó el lugar de su padre en la batería. Ese funeral ya daba cuenta de la gran convocatoria que tenían, ya que unas 100 mil personas llegaron a despedir a Gabriel en Viña del Mar.

La consolidación de la heredera de Gabriel vino de la mano del disco “Hijos de la Tierra”, donde además la banda se reencontró con sus raíces. Vino así un periodo en el que los éxitos y reconocimientos no faltaron, y se presentaron en 2002 en el Festival de Viña del Mar.

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Durante este periodo, periodistas especializados como Freddy Stock retrataron la raigambre popular que ostentan hasta el día de hoy. Para Stock, esa capacidad única de Los Jaivas para convocar a tres generaciones de chilenos resultó una de las experiencias más sorprendentes en lo que fue la gira del 2000. “Son más que un grupo, son una forma de ver la vida, ellos son la utopía de “Todos Juntos”. Son parte de un Chile que fue, que pasó, pero que puede ser y que queremos que se rearme, ese Chile que aprendió a soñar y que entendió que las cosas importantes no estaban sólo en las cosas que se podían comprar o palpar”, comentó sobre la experiencia en una entrevista radial.

Hoy, tras doce años de la desaparición del “Gato”, la banda sigue vigente en los escenarios locales, y son de los pocos grupos a nivel mundial que pueden ostentar la impresionante cantidad de años de trayectoria ininterrumpida, medio siglo de historia en la que Alquinta dejó un legado y un espacio único, y el que quizá nunca nadie pueda igualar.