Con el fin de la dictadura militar, los espacios de desarrollo cultural, social y artístico volvieron a revitalizarse paulatinamente, potenciando aquellas expresiones que permanecieron en la sombra, tales como la reflexión política mediante obras teatrales, las intervenciones callejeras y otros actos culturales convocantes, desde donde se hizo retrospectiva crítica.

En 2013, la Fundación Santiago a Mil configuró un ciclo conmemorativo de los 40 años del Golpe de Estado dividido en tres etapas: en enero se elaboró una línea programática cuyo relato estuvo ligado a las múltiples puestas en escenas que hicieron referencia al tema; en septiembre tuvo lugar el ciclo de los 40 años; y en diciembre se realizó una actividad de cierre en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

Obra "La imaginación del futuro"

Obra “La imaginación del futuro”

Este año, si bien el foco del Festival Santiago a Mil no es el mismo, la presencia de obras que trabajan la memoria del país abundan. Entre ellas, están “La imaginación del futuro”, dirigida por Marco Layera, “Bello Futuro”, de Paula González, “Escuela”, de Guillermo Calderón, y “Yo maté a Pinochet”, de Cristián Flores.

Este último, director y productor de la Compañía Teatro Errante, ve en el cambio generacional un factor importante al momento de levantar nuevas miradas que, de cierta manera, evoquen un sentir menos arraigado en el temor: ” A finales de los años 80 y principios de los 90, existieron piños que se encargaron de rescatar elementos de la memoria, pero con mucha menos visibilidad por razones que todos conocemos. Hoy, el cambio generacional viene con mucho menos miedo al desarrollo de la cultura, pero también se arrastran ciertos temores”.

A su vez, critica el escenario “supuestamente democrático” en el que estas actividades han tenido que fortalecerse: “Se generó un sistema que nos sigue reprimiendo el sentido de lo colectivo y de reunión, que es lo que genera el teatro. La Concerta hace memoria de puro fetichismo“, declaró Flores, haciendo referencia a las plataformas institucionales desde donde se promovió la cultura en los últimos años.

La construcción de tejido social, que durante los últimos años ha tomado gran impulso en Chile de la mano de múltiples movilizaciones de estudiantes, pobladores y trabajadores, se hace también mirando las experiencias anteriores.

Desde esa perspectiva, Luis Barrales, reconocido actor y dramaturgo nacional, afirmó que la memoria está construida desde múltiples subjetividades, y que a priori todas tienen el mismo valor. Ninguna ha de verse censurada o debiese ser omitida. “La discusión que se produzca a posteriori lo único que asegura en continuar la construcción del tejido” enfatizó.

“Cualquier impulso que intente construir memorias respecto de este tema (Unidad Popular y dictadura) va a sumarse a este tejido, a este cuerpo. Y esto se logra desde ambos lados. Me parece tan legítimo levantar discursos sobre la Unidad Popular como aquellos que levantan discursos sobre los “beneficios” de la dictadura”, agregó.

Sin embargo, es innegable que la historia oficial, la historia del Estado, es la que se impone desde los aparatos educativos. Esto significa que la validación de los ciudadanos como generadores de discursos políticos e históricos está en desventaja y es en esa tarea donde la cultura y las artes juegan un rol fundamental, entendiéndolo como un proceso de larga maduración.

"Yo maté a Pinochet", de la Cía. Teatro Errante

“Yo maté a Pinochet”, de la Cía. Teatro Errante

“A mí me da la impresión de que al Estado actual no le interesa ni le conviene que cierto tipo de pensamiento crítico se traslade hoy día a los canales de expresión y le haga el peso a todos los mensajes que vienen específicamente del mercado”, declaró Barrales.

 

¿Por qué no salimos de los pactos de silencio?

Si bien existen avances, en Chile todavía hay temas propios de nuestra historia que, a veces por comodidad, prefieren no hablarse; en otras ocasiones, porque responden a sensibilidades que para algunos es mejor dejar atrás.

El proceso de aceptación y reconstrucción de las memorias ha estado lleno de obstáculos a partir de la verdad fáctica del golpe militar, ese hecho brutal que inhibió a la sociedad entera.

Dicha castración cultural provocada por el régimen dictatorial se ha enfrentado de a poco. “Me parece que el arte o el teatro en particular, al ser una entidad generadora de discursos, aporta desde la subjetividad, eventualmente desde la belleza, y es capaz de generar una visión crítica desde un relato que no se sitúa desde la óptica de la política en estricto rigor. Es un vector político que no habla desde lo tradicional ni lo convencional“, expuso Barrales.