Publicado en El Desconcierto N°2, Agosto 2012.

Judía, mujer y comunista en un tiempo y un espacio que castigaba las tres cosas, Rosa Luxemburgo se hizo fuerte en las adversidades, construyendo una biografía y un legado profundamente antiautoritario, autónomo y original, enfrentando con igual fuerza y decisión el debate político-ideológico y la lucha revolucionaria.

Rosa Luxemburgo fue la mujer que dijo de su tiempo, en 1906, que era extraordinario porque “propone problemas enormes y espolea el pensamiento, que suscita la crítica, la ironía y la profundidad, que estimula las pasiones y, ante todo, [es] un tiempo fructífero, preñado”. Y fue precisamente a ese tiempo, a sus tensiones y revueltas, al que se entregó por completo y casi sin descanso a lo largo de su vida. Nacida en una Polonia bajo el control ruso en 1871, comenzó temprano su militancia en las causas obreras, uniéndose en 1887 al grupo Proletariat, fundado 21 años antes que el Partido Socialdemócrata Ruso. Fueron precisamente las tareas realizadas en Proletariat las que llevaron a Luxemburgo a Zurich, donde fue enviada para evitar su caída en prisión.

En Suiza, junto con estudiar Economía, Ciencias y Matemáticas, se vinculó a los círculos de revolucionarios polacos y rusos exiliados, convirtiéndose prontamente en referente teórico del Partido Social Demócrata del Reino de Polonia (SDKPL), nombre asumido por Proletariat a partir de 1894.

En 1898 decide trasladarse a Alemania, donde comenzó a colaborar asiduamente con el periódico Die Neue Zeit, dirigido por Karl Kautsky; polemizó al interior del movimiento socialista con los principales líderes del sector parlamentarista y gradualista de la socialdemocracia alemana, encabezados por Eduard Bernstein, frente a cuyas posiciones Luxemburgo escribiría ¿Reforma o revolución? Años después expresaría también sus diferencias con Lenin en lo relativo a la “cuestión nacional” y al aspecto organizativo, criticando el centralismo y la concepción vanguardista encarnada por el líder bolchevique, y sosteniendo una posición que expresa una alta valoración de la dialéctica existente entre la espontaneidad de las masas y la organización revolucionaria.

Tras el estallido de la Revolución Rusa de 1905 Rosa Luxemburgo ingresó clandestinamente en Polonia. Fue detenida en 1906 durante cuatro meses y luego liberada y expulsada del país. A partir de este año las tensiones con la dirección del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) se radicalizaron, en particular sus diferencias con el centrismo de Kautsky. En 1913 publica La acumulación del capital, considerado uno de los grandes aportes a la teoría económica marxista después de Marx. En 1914 es detenida por arengar a los soldados alemanes contra la guerra, en lo que sería un adelanto de las posiciones que agudizarían las diferencias del grupo de Luxemburgo, Karl Liebknecht, Clara Zetkin y Franz Mehring con el SPD, llevándolos a organizar la Liga Espartaco para defender las posiciones antibelicistas y antiimperialistas abandonadas por los socialdemócratas.

En junio de 1916 Liebknecht y Luxemburgo son condenados a dos años de prisión, tras enfrentarse directamente a las políticas socialdemócratas e impulsar la huelga general contra el káiser Guillermo II. Tras el levantamiento de los marinos en noviembre de 1918, y luego de que los comités de soldados y trabajadores controlaran la mayor parte del oeste alemán, Rosa Luxemburgo fue liberada, abocándose junto a Liebknecht a la reorganización de la Liga Espartaquista, la que el 1° de enero de 1919, junto a otros grupos, dio origen al Partido Comunista Alemán (KPD).

Este mismo mes, tras una nueva oleada revolucionaria, la socialdemocracia encabezada por Ebert respondió al levantamiento sacando a las milicias nacionalistas (los Freikorps) a las calles. Luxemburgo y Liebknecht, junto a cientos de espartaquistas y comunistas alemanes, fueron detenidos y asesinados, mientras los comités de trabajadores y soldados eran desmantelados.

Luxemburg

Fragmentos

(…) “¡El orden reina en Varsovia!”, “¡El orden reina en París!”, “¡El orden reina en Berlín!”, esto es lo que proclaman los guardianes del “orden” cada medio siglo de un centro a otro de la lucha histórico-mundial. Y esos eufóricos “vencedores” no se percatan de que un “orden” que periódicamente ha de ser mantenido con esas carnicerías sangrientas marcha ineluctablemente hacia su fin. ¿Qué ha sido esta última “Semana de Espartaco” en Berlín, qué ha traído consigo, qué enseñanzas nos aporta? Aun en medio de la lucha, en medio del clamor de victoria de la contrarrevolución han de hacer los revolucionarios el balance de lo acontecido, han de medir los acontecimientos y sus resultados según la gran medida de la historia. La revolución no tiene tiempo que perder, la revolución sigue avanzando hacia sus grandes metas aun por encima de las tumbas abiertas, por encima de las “victorias” y de las “derrotas”. La primera tarea de los combatientes por el socialismo es seguir con lucidez sus líneas de fuerza, sus caminos.
(…) La dirección ha fracasado. Pero la dirección puede y debe ser creada de nuevo por las masas y a partir de las masas. Las masas son lo decisivo, ellas son la roca sobre la que se basa la victoria final de la revolución. Las masas han estado a la altura, ellas han hecho de esta “derrota” una pieza más de esa serie de derrotas históricas que constituyen el orgullo y la fuerza del socialismo internacional. Y por eso, del tronco de esta “derrota” florecerá la victoria futura.
“¡El orden reina en Berlín!”, ¡esbirros estúpidos! Vuestro orden está edificado sobre arena. La revolución, mañana ya “se elevará de nuevo con estruendo hacia lo alto” y proclamará, para terror vuestro, entre sonido de trompetas: ¡Fui, soy y seré!
(De “El orden reina en Berlín”, 1919).

Nos encontramos nuevamente en las filas, listos para el combate. (…) Fue la revolución proletaria la que hizo saltar las puertas de nuestras celdas.
Pero la otra clase de infelices habitantes de esas sombrías mansiones ha sido completamente olvidada. Nadie piensa ahora en las figuras pálidas y tristes que suspiran tras los barrotes de la prisión por haber violado las leyes ordinarias.
Sin embargo, también ellos son víctimas desgraciadas del orden social infame contra el cual se dirige la revolución; víctimas de la guerra imperialista que llevó la desgracia y la miseria hasta los extremos más intolerables de la tortura; víctimas de esa horrorosa masacre de hombres que liberó los instintos más viles.
(…) La revolución proletaria debería arrojar un rayo de bondad para iluminar la triste vida de las prisiones, disminuir las sentencias draconianas, abolir los bárbaros castigos –las cadenas y azotes– mejorar en lo posible la atención médica, la alimentación y lascondiciones de trabajo. ¡Es una cuestión de honor!
(…) No debemos olvidar que no se hace la historia sin grandeza de espíritu, sin una elevada moral, sin gestos nobles.
(…) La actividad revolucionaria y el profundo humanitarismo: tal es el único y verdadero aliento vital del socialismo. Hay que dar vuelta un mundo. Pero cada lágrima que corre allí donde podría haber sido evitada es una acusación; y es un criminal quien, con inconsciencia brutal, aplasta una pobre lombriz.
(De “Contra la pena capital”, 1918).

Con el tiempo vemos aparecer en escena un hijo todavía más “legítimo” de la historia: el movimiento obrero ruso. Por primera vez están sentadas las bases para una verdadera “voluntad popular” en tierra rusa. Pero, ¡hete aquí nuevamente el “ego” del revolucionario ruso! Haciendo piruetas cabeza abajo, se proclama una vez más director todopoderoso de la historia. Esta vez con el título de Su Excelencia el Comité Central del Partido Social Demócrata Ruso.
El ágil acróbata no percibe que el único “sujeto” que merece el papel de director es el “ego” colectivo de la clase obrera. La clase obrera exige el derecho de cometer sus errores y aprender en la dialéctica de la historia.
Hablemos claramente. Históricamente, los errores cometidos por un movimiento verdaderamente revolucionario son infinitamente más fructíferos que la infalibilidad del Comité Central más astuto.
(De “Problemas organizativos de la socialdemocracia, 1904).

 

Escritos de y sobre Rosa Luxemburgo

http://www.rosalux.org.ec/
http://www.archivochile.com/Ideas_Autores/html/luxemb_r.html
http://www.marxists.org/espanol/luxem/index.htm
http://rosa-luxemburgo.blogspot.com/
http://marxismolibertario.wordpress.com/rosa-luxemburgo/