A través de un comunicado realizado la semana pasada, el gobierno de Kenia anuncó que ya tiene identificado los sitios que se utilizarán para la construcción de nueve plantas de energía fotovoltaica a gran escala, con las que se espera cubrir más de la mitad de la demanda de electricidad del país en 2016. La inversión total  para los nueve proyectos ascenderá a US $ 1,2 mil millones y se hará a través de una asociación público-privada, en la cual el gobierno aportará cerca del 50 % de los fondos. La construcción de los proyectos está programada para comenzar este año.

¿Qué pasa en Chile?

En Chile, tras la promulgación en octubre de 2013 de la Ley de Impulso a las Energías Renovables No Convencionales (Ley 20/25), se tiene como objetivo tener para el 2025 un 20% de energía generada a través de fuentes renovables, es decir fuentes de generación energética que no consumen o agotan su fuente generadora tales como la energía solar fotovoltaica, proveniente de la radiación del sol; eólica, de la fuerza mecánica del viento; undomotriz (proveniente de las olas) y mareomotriz (de las mareas); la Biomasa, derivada de desechos industriales orgánicos y la geotérmica del calor interno de la tierra.

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Si bien la nueva legislación duplica el compromiso con energías limpias de un 10%, establecido en la normativa anterior para el año 2024, la meta de un 20% para  2025 sigue siendo baja en relación a otros países de la OCDE y carente de visión de futuro considerando la potencialidad del territorio nacional para el desarrollo de ERNC y los constantes avances tecnológicos realizados en el sector, los cuales han propiciado un aumento en la eficiencia, competitividad y viabilidad estas energías.

En Chile ya existen hidroeléctricas de pasada, plantas de biomasa, biogás, fuentes de energía eólica y energía geotérmica que compiten con los costos de centrales termoeléctricas,  grandes hidroeléctricas y de plantas de gas natural. Se estima además que en poco tiempo, la energía solar será también una opción accesible y rentable. Para 2020, las proyecciones indican que el costo de producción de energía eólica será aún más competitivo y que las principales reducciones de costos en Chile se verán en  el campo de las tecnologías solares.

De acuerdo al estudio “Recomendaciones para la estrategia de energía marina en Chile: un plan de acción para su desarrollo”, financiado por la embajada del Reino Unido en Chile y apoyado por el Ministerio de Energía, el potencial del país para generar energía marina es de 240 mil megawatts y a 2020 sería competitivo con el diésel.  A su vez, recientes investigaciones realizadas por la Universidad de Chile, estiman que existen más de 300 áreas con potencial geotérmico a lo largo de la Cordillera de los Andes, los cuales podrían generar hasta 16.000 megawatts, lo que representa el 91% de la capacidad instalada actualmente en el país.

Escenario actual

Pese a la potencialidad del territorio nacional para el desarrollo de ERNC, la matriz energética en Chile es sucia, vulnerable y de alto costo. Los principales sistemas eléctricos son el Sistema Interconectado Norte Grande (SING) que cubre las regiones de Arica, Iquique y Antofagasta, con el 23,7 % de la capacidad instalada del país, y cuya generación  está dominada en un 99% por centrales termoeléctricas. Por su parte, el Sistema Interconectado Central (SIC), que cubre desde Taltal (al sur de Antofagasta) hasta Chiloé, representa el 75,2% de la capacidad instalada del país, y su composición es 50% generación térmica, 46% hidroeléctrica y solo 4% de energías renovables no convencionales.

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Como consecuencia de su alta dependencia a combustibles fósiles, la matriz energética nacional es una de las que acusa el mayor aporte per cápita a los Gases de Efecto Invernadero (GEI) en la región. A su vez, nuestro país tiene uno de los precios de electricidad más altos de América Latina, superiores al promedio del resto de países de la OCDE, donde paradójicamente, pese al incremento de los costos marginales de generación de energía debido al aumento del precio del petróleo importado, los grandes beneficiados son precisamente las empresas eléctricas, cuyas rentabilidades han crecido sistemáticamente durante los últimos 30 años gracias a elevada concentración (Endesa y Colbún concentran sobre el 74% de la generación del SIC) y falta de competitividad del mercado eléctrico chileno.

Chile carece de una política energética que impulse cambios profundos en el sector. Lo importante en un mercado eléctrico como el chileno es vender y consumir MWs, sin importar quienes, en qué, ni cómo se usen. Por ello, para construir y avanzar hacia una matriz energética limpia y diversificada, no basta con la obligatoriedad de llevar a cabo licitaciones públicas anuales de bloques de energía provenientes de medios de generación de ERNC, ni reducir de 700 a 150 días el tiempo estimado para poder conseguir las concesiones y los permisos para desarrollar proyectos (Principales modificaciones de Ley 20/25), se requiere, en primer lugar, un cambio profundo en las reglas de juego de los mercados eléctricos donde el Estado vuelva a tener un rol relevante en las definiciones de largo plazo.