mcdoublecopy102528-525x400En un artículo llamado “La mejor comida en la historia humana“, Kyle Smith argumenta que la cheeseburger de McDonald’s es “una de las maravillas no reconocidos de la vida moderna“. Con sus 390 calorías, 23 gramos de proteínas y el aporte del 7% de fibra y el 20% del calcio diario necesario a solo 1 dólar y disponible en casi todo el mundo, Smith sostiene que dicha hamburguesa es una bendición para los pobres de América, quienes nunca serían capaces de pagar la misma cantidad de calorías si se le obliga a comprar verduras.

A su vez, critica la “coalición habitual de activistas alimentarios, foodies locavore (movimiento social estadounidense que promueve el consumo de alimentos producidos a nivel local), y a distintos grupos anti-corporativos militantes” ya que, según Smith, las constantes criticas y demandas de estos grupos hacia la industria alimentaria, han influido en el aumento en el precio de los alimentos.

Lo que Smith parece no entender es que querer y alentar a los miembros más pobres de la sociedad a comer una dieta de alimentos frescos y equilibrada no es una cuestión de elitismo, aunque esa palabra se utiliza con frecuencia para criticar el trabajo revolucionario de activistas alimentarios. Más bien, se trata de una cuestión de justicia. El acceso a alimentos sanos y frescos debe ser un derecho humano básico. Nadie debería tener que llenar su estómago con calorías vacías a fin de evitar los dolores del hambre.

De la misma manera que el agua limpia y la educación debieran ser derechos básicos garantizados, el acceso diario a alimentos sanos y frescos, en particular por parte de niños, debiera ser una prioridad de los gobiernos y la sociedad en conjunto.

Algo muy perverso opera en un sistema en el cual los ciudadanos de menores ingresos sólo pueden permitirse hamburguesas de McDonald’s, y rara vez verduras u otros alimentos saludables libres de pesticidas y otros componentes tóxicos. De la misma manera que el agua limpia y la educación debieran ser derechos básicos garantizados, el acceso diario a alimentos sanos y frescos, en particular por parte de niños, debiera ser una prioridad de los gobiernos y la sociedad en conjunto.

Pero ello requeriría una renovación de todo el sistema de producción de alimentos, el cual paradójicamente esta estructurado y pensado para generar ganancias económicas y no para producir alimentos sanos y saludables.  En Estados Unidos existen una serie de subsidios que hacen posible que una hamburguesa se venda a 1 dólar, a diferencia de los productores de hortalizas quienes no tienen el mismo peso político, por lo que no reciben gigantescos subsidios federales.

Tomamos el precio de la cheeseburger por sentado, sin embargo, para producir un kilo de carne se requiere mucha más infraestructura, energía, alimentación y agua que para producir un kilo de papas o tomates. A su vez, el precio final de la hamburguesa con queso de McDonald’s tampoco considera los enormes costos sanitarios provocados en las personas cuyas dietas se basan, esencialmente, en la comida rápida, así como el precio ambiental de la producción de carne en una escala tan masiva.Mc-Donalds-1050x700

Smith afirma: “Si los marxistas macrobiótas se salieran con la suya, no habría McDonalds, Wallmart, o Exxon, ya que tienen la visión de un mundo ideal en el que todos van en bicicletas a trabajar con una mochila tejida a mano que contiene un almuerzo cultivado en huertos urbanos comunitarios”.

Aún mejor sería fomentar programas de almuerzos escolares decentes, donde los establecimientos entregaran abundantes platos elaborados con productos cultivados en las propias escuelas o comunidades y/o subsidiar emprendimientos de agricultura orgánica que permitan un mayor acceso de la población a alimentos sanos y saludables, y de paso evitar el sin número de problemas ambientales asociados al uso de pesticidas.

Cada quien es libre de alimentarse de la forma que le parezca conveniente (mientras puedan pagarlo), por ello, defender el sistema actual de producción de alimentos afirmando que no hay nada que hacer por la gente con menos recursos, quienes están condenados a comer hamburguesas con queso de McDonald para siempre, es mucho más elitista que trabajar por un cambio.