venezuelaCruciales son las horas que atraviesa la República Bolivariana de Venezuela frente a nuevos intentos de desestabilización de la oposición conservadora. Los sucesos del miércoles, tal como había “pronosticado” el audio entre Molina y Gerbasi del día previo a los sucesos, guardan una similitud asombrosa con los hechos del 11 de abril de 2002, que significaron la -breve- salida de Hugo Chávez, quien finalmente retornó a Miraflores en la noche del 13 de abril del mismo año. La “pacífica” movilización, que destruyó casi en su totalidad la entrada de la Fiscalía General venezolana, había sido convocada principalmente por López y Machado, en su intento de eclipsar del centro de la escena opositora venezolana a Henrique Capriles, ex candidato presidencial y actual gobernador de Miranda.

“¿Cuándo termina esto?”, consultó días atrás una cronista a Leopoldo López ante las primeras movilizaciones de la derecha venezolana. López, sin dudar un sólo segundo, afirmó “cuando logremos sacar a quienes nos están gobernando”. Una respuesta que no sólo legitima las actuales acciones violentas, sino que además no da cuenta de la pobre representación institucional de la derecha venezolana. Es que el Partido Socialista Unido de Venezuela, conjuntamente con sus aliados, no tiene sólo al presidente: controla 20 de 23 gobernaciones, 250 alcaldías sobre 335, y 98 diputados sobre 165. Es decir, ha vencido en todas esas elecciones por considerable margen, en comicios limpios, transparentes, verificados por la comunidad internacional.

¿Cuál parece ser la idea que sobrevuela en estos momentos a la derecha venezolana? Que no habría otra vía en el momento político del país que la violencia callejera para “salir” del actual gobierno, tal como el propio López deja entrever en sus inaceptables definiciones. ¿Que sucedería en EE.UU. si algún político de la oposición afirmara algo así en relación a Obama y su continuidad? ¿Por qué la opinión pública internacional, a través de medios masivos de comunicación como CNN, “embellece” a la oposición conservadora a Maduro sin cuestionarse estos elementales principios democráticos?

Con el asesinato de Juan Montoya, son doce los militantes chavistas asesinados en sólo once meses de gobierno de Nicolás Maduro. Once fueron asesinados en la triste jornada del 15 de abril pasado, cuando Henrique Capriles desconoció los resultados electorales y ordenó salir a la calle en repudio al “ilegítimo” gobierno. En ese entonces, se avanzó contra todo lo que sea chavista: los supermercados Mercal y Pdval, las televisoras VTV y TeleSur, incluso los Centros de Diagnóstico Integral de salud de la Misión Barrio Adentro. Las coincidencias, tanto con esa jornada, como con la del 11 de abril de 2011, son inobjetables. Hasta el momento, la actitud del gobierno parece ser la de avanzar velozmente en la investigación de los hechos, donde los testimonios de Carratú Molina y Fernando Gerbasi serán importantes para dar cuenta de las responsabilidades -en mayor o menor grado- de López y Machado.