Rafael CorreaLas recientes elecciones municipales en Ecuador significaron una victoria en términos relativos para el gobierno de Rafael Correa: si bien Alianza País y sus aliados conquistaron 9 prefecturas -gobernaciones-, incrementando su dominio en las mismas respecto a la elección de 2009, los candidatos de la Revolución Ciudadana perdieron en las tres principales ciudades del país: Quito, Guayaquil y Cuenca. ¿A qué factor se atribuye este resultado en las grandes urbes del país? ¿Por qué, a nivel general, a la izquierda y el progresismo se le hacen “cuesta arriba” estas ciudades en nuestro continente?

Correa tuvo una sinceridad admirable en la conferencia de prensa donde, la misma noche del domingo, explicó su opinión sobre los resultados. Allí, con humildad, afirmó que “Quito es un importante revés para la Revolución Ciudadana, porque tiene que ver mucho con la estabilidad. Esto nos tiene que llevar a reflexionar qué errores se cometieron en la alcaldía, en la campaña y que errores se cometen en Alianza País”. La estabilidad de la que habla Correa refiere a la construcción -interna y externa- de un candidato como Rodas, exponente de la “nueva derecha” latinoamericana, quien desde la alcaldía de Quito seguirá apostando por unificar a la oposición conservadora al gobierno de Correa, en el intento de erigirse en un “Capriles” ecuatoriano.

¿Contra que otras cosas habló Correa? Contra la posibilidad de “dormirse en los laureles” -Alianza País venía de un contundente triunfo en las presidenciales de 2013- pero además contra un posible vicio que advierte, y que ha generado muchísimos dolores de cabeza a la izquierda y el progresismo en nuestro continente a nivel histórico: el sectarismo. El presidente ecuatoriano, con ello, refiere la imposibilidad de haber concretado una alianza previa a las elecciones municipales con Avanza, partido liderado por el propio Ministro de Industrias de su gobierno, Ramiro González, quien se alzó con 30 alcaldías y una prefectura. Un dato adicional muestra significativamente el error al que hace referencia Correa: Alianza País y Avanza son aliados en la Asamblea Nacional, pero no han alcanzado un acuerdo para estas elecciones, llegando a dividir votos y favoreciendo, de esta forma, a terceros.

Llegados a este punto, surge una pregunta que podemos “generalizar” a la mayor parte de los gobiernos posneoliberales: ¿por qué los candidatos oficialistas suelen triunfar en el global de votos, pero a su vez no lograr triunfos en las principales ciudades?

Llegados a este punto, surge una pregunta que podemos “generalizar” a la mayor parte de los gobiernos posneoliberales: ¿por qué los candidatos oficialistas suelen triunfar en el global de votos, pero a su vez no lograr triunfos en las principales ciudades? Este suceso de reveses en las grandes urbes, a contramano de la tendencia nacional, es un fenómeno que se ha dado -en mayor o menor medida- en todos estos países, y que amerita, tal como ha hecho el propio Correa, una reflexión profunda. Es precisamente desde estas ciudades donde salen los exponentes de esta “nueva derecha” que amenaza a los principales procesos de cambio social en América Latina. El estudio sistemático de esta tendencia tiene una urgencia dada por los propios hechos.

El desafío para Alianza País será responder de forma concreta a esta nueva etapa de la Revolución Ciudadana que se abre. Una revisión integral de los problemas de gestión, y una nueva política de alianzas será crucial para que el “sacudón” del domingo pasado pueda terminar fortaleciendo a la Revolución Ciudadana. La aparición de Rodas como posible aglutinador de la oposición conservadora ecuatoriana es el nuevo dato que ha arrojado la elección, y que también deberá ser procesado por Alianza País en este nuevo momento político que se abre en Ecuador. Para que la victoria relativa del domingo no sea consumada en derrota futura, el gobierno deberá dar cuenta de la nueva realidad que se ha abierto. Al parecer, por los dichos del propio Correa, hay grandes chances de que esto suceda.