TEXTOS-ESCOLARES-MINEDUCEl calendario no perdona y marzo nuevamente es el mes de los gastos estudiantiles por excelencia. Y cómo no, los textos escolares son uno de los principales focos de preocupación de los bolsillos de los padres y apoderados que buscan la manera de ahorrar unos pesos en el presupuesto del mes.

Recientemente, desde la cartera de Educación lanzaron con bombos y platillos los nuevos textos para los alumnos de la educación municipalizada y particular subvencionada, y quizás como pocas veces se hizo hincapié en que dichos establecimientos no pueden obligar a los responsables por la educación de los niños para que adquieran otros textos, al menos no sin tener un acuerdo completo con el Centro de Padres de cada centro educativo. Es más, la ministra Carolina Schmidt instó en la ocasión a los padres a que realizaran la denuncia ante la Superintendencia de Educación Escolar si en cualquiera de estos establecimientos les exigían un texto adicional.

Sin embargo, los cuestionamientos al funcionamiento en la práctica de esta normativa no son nuevos. Para Dafne Concha, presidenta de Corpade, el problema existe desde que se inició la municipalización de la educación pública. “Llevamos 20 años con esto de que se pidan libros alternativos a los del ministerio de Educación. Y lo más triste de esto es que el ministerio manda a imprimir todos los textos para los todos niños de educación pública y particular subvencionada, es decir, se botan todos los años un cantidad de recursos y, más triste todavía, se botan sin ninguna razón, para hacer un negocio”, señaló.

¿Por qué un negocio? De acuerdo con el análisis de Tanía Encina, editora general de Das Kapital Ediciones, el sistema de licitaciones abiertas con el que se escogen los ejemplares adquiridos por el Estado finalmente es monopolizado por aquellas editoriales que cuentan con una estructura poderosamente conformada por expertos educacionales. “Santillana, por ejemplo, tiene una máquina acabadísima de cómo armar los libros. Y lo que hace año a año es cambiar ciertas cosas de acuerdo a los cambios curriculares y van agregando o quitando cosas. Esas son las grandes actualizaciones que hay”, comenta.

Según Encina, las modificaciones no van más allá de incluir una cantidad muy menor de textos para lectura o ejercicios de reforzamiento, pero “uno que tiene un 30% de lector y el otro tiene un 20, y ésa es toda la diferencia”, asegura.

Para la representante de Das Kapital Ediciones, dichas diferencias no se traducen finalmente en argumentos suficientes para justificar la solicitud de textos escolares distintos a los entregados por el ministerio, por lo que cuestiona además el negocio con el que finalmente las editoriales pueden ganar casi un 200% por los textos alternativos, en comparación a lo que licitan con el Estado. “Generalmente esos libros están alrededor de los 3 mil pesos, al precio costo, lo que es una diferencia significativa tomando en cuenta de que estamos hablando de entre 200 o 300 mil ejemplares, que no es poco. Y luego, si tú vas directamente a la librería te lo venden a 20 lucas tranquilamente”, asegura. Por ello también fustigó que en los últimos años se permita además el uso de publicidad al interior de los textos escolares.

Para Dafne Concha, el modo en el que finalmente las editoriales consiguen que los establecimientos educacionales soliciten las variantes de los textos entregados por el ministerio se asemeja al sistema conocido como “canela”, utilizado por cadenas farmacéuticas para favorecer la venta de ciertos laboratorios específicos. “Es prácticamente lo mismo. Basta con revisar la lista escolares de muchos de los colegios particulares subvencionados para darse cuenta que ellos mismos promocionan que en vez de tener que andar buscando los libros por todos lados, van a tener un stand cuando los matriculen o al momento en el que los niños lleguen al colegio para tener disponible la lista de los textos escolares. Entonces, aquí el negocio es redondo“, aseguró.

Asimismo, la representante de Corpade cuestionó la veracidad de los argumentos pedagógicos que privilegien las ediciones alternativas y más caras de las mismas editoriales. “Desde el punto de vista de la decisión que uno toma como padre o apoderado, no tiene ninguna diferencia respecto de lo que el niño va a poder lograr en un año de escuela, entre uno que es absolutamente gratuito entregado por el ministerio, y otro que cuesta alrededor de 20, 25 y hasta 30 mil pesos para una materia que dura un año, porque al próximo año le van a exigir un libro de la misma editorial pero que sea de la edición del año en curso, entonces es material que se está derrochando, se bota a la basura, y los costos de los libros son realmente excesivos”, finalizó.