Chavez-Merida-David Hernandez

Fotografía: David Hernández

Convoco a todas las y los intelectuales críticos latinoamericanos a condenar resuelta y categóricamente la violenta acción del capital oligárquico venezolano y del imperialismo estadounidense en contra del legítimo, democrático y constitucional Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela que encabeza el Presidente Nicolás Maduro.

Las y los intelectuales críticos latinoamericanos y caribeños no podemos perder la perspectiva ni confundir las cosas. Todos  sabemos que desde el momento mismo que el pueblo venezolano puso fin a la decadente democracia liberal venezolana imperante desde 1958, dando inicio en 1998 a un proceso revolucionario y democrático, las fuerzas políticas y sociales contrarias empujadas por el capital nacional e internacional han intentado por todos los medios frenar dicho proceso. Fracasaron en abril 2002. Y, han fracaso una y otra vez en todos los procesos electorales que se han presentado. Durante 16 años, el pueblo venezolano, mayoritariamente ha impedido a los sectores capitalistas recuperar el poder y sus privilegios históricos. Esa es su gran frustración, su poderosa rabia y su intenso odio de clase que los moviliza. Hoy intentan nuevamente derrocar al gobierno legítimamente constituido.

No confundamos la cosas. Aquí lo que hay que frenar es la manipulación por parte de los medios de comunicación como la cadena CNN de los acontecimientos que se desarrollan en la sociedad venezolana. Debemos frenar a la prensa sediciosa y los análisis tendenciosos al servicio de poder estadounidense. Debemos aprovechar los medios y las redes sociales de comunicación para dar a conocer el proceso social, cultural, político y económico que con múltiples dificultades, errores y problemas se desarrolla hace ya 16 años en Venezuela. En esos 16 años el pueblo mayoritariamente, es decir, sobre el 50% de los votos libremente emitidos en limpias y transparentes elecciones ha apoyado el proceso político abierto con la elección del Presidente Hugo Chávez Frías.

A diferencia del proceso de la Unidad Popular del Presidente Allende en Chile en 1970-1973, que nunca conto con una mayoría electoral y ciudadana, el proceso revolucionario siempre la ha tenido. Ni la prematura muerte del Presidente Chávez ha impedido esa mayoría se haya menoscabado significativamente. Ahí reside la desesperación de la oposición capitalista, similar a la vivida en Chile por la CODE (Confederación Democracia) cuando no logro obtener en marzo de 1973 la mayoría electoral requerida para destituir constitucionalmente al Presidente Allende. Al fracaso del “golpe constitucional” de marzo de 1973 abrió el camino al “golpe militar” de septiembre de 1973. La actual insurrección de la burguesía y de las capas medias venezolanas constituyo otro esfuerzo para destruir el régimen político democrático de la República Bolivariana de Venezuela.

Por eso, debemos decir basta al atropello que hoy está siendo sometido el pueblo venezolano. Debemos decir basta de muertes. Para evitar que las muertes populares sean el día de mañana las más, como suele ocurrir en América Latina y el Caribe, cuando se invoca la defensa de la democracia.

Todos sabemos que cuando se invoca esa defensa, los defensores, terminan con ella y como generalmente ocurre los únicos que han terminado sufriendo las consecuencias de esas defensas han sido los sectores populares. Los ejemplos latinoamericanos sobran.

No debemos permitir que el poder del capital logre su objetivo de desestabilizar al gobierno popular venezolano de la misma forma como lo hicieron con el Chile de Salvador Allende y la Unidad Popular. No podemos permitir que una vez derrocado el gobierno legitimo “el mundo libre y democrático” llore a los caídos, a los exiliados, a los torturados, a los desaparecidos, a los humillados, por la dictadura capitalista que se instala en el país, con el objeto de restablecer, supuestamente, la institucionalidad quebrantada. Ese discurso ya lo conocemos y sabemos lo que oculta.

La historia no transcurre en vano. Por eso, debemos aprender de ella. Y, ella nos enseña que cuando los clases propietarias movilizan a las clases medias en contra de gobiernos populares y revolucionarios lo que se instala son sangrientas dictaduras.

Sabemos que cuando se defiende la libertad de expresión lo que viene es su fin. Sabemos cuándo se defiende los derechos humanos lo viene es: la violación sistemática de los derechos humanos, tengamos presente los muertos y desaparecidos que dejaron las dictaduras del capital en Guatemala, El Salvador, Nicaragua; en Chile, en Uruguay, en Bolivia, en Argentina, en Brasil, durante la década de los setenta. Todas esas dictaduras se instalaron con el apoyo ciudadano de aquellos que decían defender la democracia y su libertades, supuestamente conculcadas por los regímenes derrocados.

Por todo lo anterior debemos evitar otro: 11 de septiembre de 1973, en América Latina y el Caribe y en Venezuela.

Tengamos presente las palabras del presidente allende en aquel aciago día. 

“Superarán (las y los) venezolanos y latinoamericanos este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. sigan ustedes sabiendo que,  mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pasen los hombres, las mujeres y los niños y las niñas para seguir construyendo una sociedad mejor”.

A defender, por la razón o la fuerza y con el ejemplo de Allende,  el proceso revolucionario bolivariano.

Santiago de Chile, febrero de 2014.