Movimientos socialesMás allá de la discusión entre el oficialismo y la Concertación -hoy Nueva Mayoría- por las cifras con las que Sebastián Piñera finaliza su mandato, desde la perspectiva política, es innegable que la administración del presidente saliente estuvo marcada por diversas expresiones de la protesta y organización social.

Trabajadores, pobladores, activistas, estudiantes y los más diversos actores sociales acudieron a la calle en estos cuatro años para manifestar sus demandas con una nueva fórmula clara, muy diferente al silencio que primó en la sociedad chilena durante los años de postdictadura.

Según expertos, hay diversos elementos que pueden explicar el protagonismo de los movimientos sociales durante la administración Piñera. “Hay varios factores que hacen que el gobierno de Piñera haya sido terreno fértil: fue un gobierno que cometió errores importantes, que fue errático en su conducta, que fue débil cuando debía ser consistente, que fue duro cuando debía ser negociador, un gobierno que básicamente no manejaba la ritualidad de la política”, explicó el sociólogo y académico Alberto Mayol.

Sin embargo, el malestar social en Chile parece haber crecido de la mano de la decepción democrática, bajo los gobiernos de una coalición que hoy regresa a administrar un país muy distinto.

 

La bravura de las regiones

El 2010, a fines de año, el gobierno se enfrentó al primer movimiento social, gestado a kilómetros de distancia de La Moneda. En Magallanes, las protestas callejeras comenzaron a agudizarse luego de que los vecinos se enteraran de la decisión del Gobierno de aumentar el precio del gas en más de un 16 por ciento.

Semanas después, Piñera debió aceptar rebajar el alza a sólo un 3% y gestionar la salida del ministro de Energía y la intendenta de la región, los primeros caídos de un movimiento social. magallanes

En perspectiva, Marcela Baratelli, de la Asamblea Ciudadana de Magallanes, aseguró que “hay que reconocer que el clima de agitación y el malestar que hay en la base social del país ante el mal manejo comunicacional y político de este gobierno finalmente terminó por causar lo que no se había logrado durante muchos años, que es motivar a la gente para que salga a pelear por sus derechos”.

Desde la experiencia del alzamiento en Punta Arenas, las asambleas se sigue coordinando y el trabajo de organización continúa. Al igual que en otras ciudades de Chile, los magallánicos aprendieron una lección que se fue masificando progresivamente a lo largo del país durante el mandato de derecha.

En Freirina, por ejemplo, se cruzaron las problemáticas ambientales con el abandono causado por el centralismo estatal. Así, de pronto, los vecinos de la localidad salieron a las calles para manifestar su desesperación ante la contaminación provocada por la faenadora de cerdos Agrosuper.

“Lo que la gente de Freirina dijo fue que nunca más se deben tomar decisiones a espaldas de la ciudadanía. Acá hubo un proyecto gigante, el criadero de cerdos más grande de Latinoamérica lo instalaron acá a un costado de nuestro pueblo”, explicó César Orellana (PS), alcalde de la comuna.

“(…) acá la gente dijo que había que poner las cosas en una balanza y una de las cosas que más importancia tiene es la calidad de vida que estábamos teniendo los freirinenses, ya que no era cualquier olor el que estábamos sintiendo, era olor a mierda”.

Según Orellana, las movilizaciones marcaron un antes y un después en la forma que tiene el Estado de trabajar con las comunidades. “El Gobierno insistía en el tema de los empleos para que el proyecto siguiera adelante y acá la gente dijo que había que poner las cosas en una balanza y una de las cosas que más importancia tiene es la calidad de vida que estábamos teniendo los freirinenses, ya que no era cualquier olor el que estábamos sintiendo, era olor a mierda”, comentó.

En Aysén, Calama, Tocopilla, Paine, Huasco y otras localidades se replicaron, en diversas dimensiones, amplios levantamientos que terminaron haciendo eco en la capital y su centralizadora concepción de país. Además, comenzaron a forjar una verdadera tendencia de movilización que presionó el quehacer del Gobierno y pauteó sus obligaciones.

 

Trabajadores y estudiantes: los actores decisivos

chile-educacion-marcha-de-estudiantes-en-santiago-de-chile599x0Durante los últimos cuatro años, hay un punto de quiebre definido en la lucha estudiantil organizada desde el 2011, cuando una serie de protestas rompieron de forma definitiva con el silencio y la conformidad. Armados por un discurso transversal y una demanda sentida por el conjunto de la sociedad chilena, los estudiantes llegaron al escenario político como un huracán que provocó la caída de tres ministros de la cartera de Educación, la cobertura total de la prensa y una verdadera rebelión en las calles seguida por el mundo entero.

“El movimiento social del 2011 permitió reabrir o reagrupar a muchos sectores que se vienen recomponiendo del movimiento social en Chile. El movimiento estudiantil ha jugado un rol fundamental y clave al momento de remover a este país y correr las antenas de los sentidos comunes”, señaló al respecto Melissa Sepúlveda, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.

La irrupción de los estudiantes generó también un impacto sobre las movilizaciones de los trabajadores, adormecidas durante las últimas dos décadas y afectadas por la disminución de los sindicatos. El despertar social implicó un aumento en las protestas del sector laboral, con expresiones tan amplias como la última movilización portuaria, que mantuvo en ascuas las exportaciones del país.

Para Sergio Vargas, dirigente del Frente de Trabajadores Portuarios, lo aprendido es tan sencillo como potente: “La economía de este país está basada en el trabajo de los trabajadores portuarios. Si los portuarios no se mueven, la economía de este país no se mueve”.

“Nosotros hemos dicho que nuestra gran ganancia es la unidad del sector. Hemos ganado otras pequeñas cosas, pero hemos venido luchando y ha servido. Aunque suene cliché, comprendimos que unidos podemos lograr las cosas que necesitamos”.

Vargas, como tantos otros líderes trabajadores, son enfáticos en señalar la importancia de la unidad en la movilización. “Nosotros hemos dicho que nuestra gran ganancia es la unidad del sector. Hemos ganado otras pequeñas cosas, pero hemos venido luchando y ha servido. Aunque suene cliché, comprendimos que unidos podemos lograr las cosas que necesitamos”, manifestó.

 

El veneno puro para la institucionalidad

En los últimos años, la sociedad chilena ha construido una energía capaz de enfrentarse a las diversas expresiones del poder. Desde diversos frentes y motivados por distintas causas, dirigentes y miembros de base han emplazado no sólo a las autoridades a entender que, cuando el malestar social se acumula, la organización puede generar amplias transformaciones.

Así, según el sociólogo Alberto Mayol, “el rol de los movimientos sociales es un rol de impugnación de ciertas dinámicas que tienen que ver con la raíz profunda de la desigualdad, no sólo económica sino política: sentirte desvalido, incapaz de ejecutar tus proyectos de vida, atormentado por los abusos de las empresas, sentirte excluido o incluido con muchas dificultades. Es un rol de explicitación y de búsqueda de transformación”.

Mayol aseguró que, en un esquema político como el chileno, dichos movimientos “son veneno puro para la institucionalidad. El rol que cumplieron fue el de cuestionarla y degastar la base de legitimación de ella”.

HidroDurante el último tiempo, diversos especialistas y analistas políticos han señalado que el gobierno de Piñera pudo haber potenciado el malestar social acumulado durante las administraciones de la Concertación, con mayor habilidad en el manejo de conflictos.

¿Cuál fue su rol en el despertar de la movilización? Según el sociólogo, “esto le pasa a él porque elegirlo no era el triunfo absoluto y definitivo del modelo de sociedad que en Chile se ha instaurado, sino que era el experimento por parte de los chilenos de saber qué pasaba si les pasábamos el gobierno a esta gente”.

Una de las dudas que rodean hoy a los movimientos sociales se relacionan con la el regreso de Bachelet y su experiencia en la administración de la protesta callejera. Con algunos pronósticos más optimistas que otros, muchos señalan que las viejas habilidades concertacionistas pudieron haberse oxidado al alero del nuevo ritmo social.

“Esa capacidad tenía que ver con un estado de la sociedad, no tanto que los méritos propios de la Concertación. Yo creo que ellos cuentan hoy día con una capacidad muy limitada y tienen claro dónde están parados. No tengo la impresión de que en este gobierno ellos puedan demostrar esa habilidad que solemos atribuirle a gobiernos anteriores, yo creo que su capacidad de administrar este orden es mayor que la derecha, no cabe ninguna duda, pero eso no significa que sea suficiente de acuerdo a lo que está pasando hoy en Chile”, señaló Mayol.