feminismoLos movimientos feministas en la historia han sido trascendentales en cuestionar los pensamientos únicos y hegemónicos sobre las relaciones humanas, en particular, expresando las diferentes formas en que las mujeres viven  su situación de subordinación y exclusión en lo público y lo privado, bajo los contextos sociopolíticos, económicos, culturales y sexuales en la que están insertas. Construcción de la segunda oleada que parte en los 70´s y más intensamente en los 80´s con un amplio y heterogéneo movimiento popular de mujeres, que posicionan en el debate: el acceso al trabajo, la violencia doméstica, el asedio sexual, la violación en el matrimonio, feminización de la pobreza, etc.

Avanzado rápidamente, vemos como en los noventas los movimientos feministas se posicionan en la disputa por la recuperación y ampliación de la democracia, especialmente en países como Chile donde se ha vivido una dictadura. Los feminismos comenzaron a ligar la falta de democracia en lo público con su condición en lo privado, de aquí y en especial por las feministas chilenas nace la consigna “democracia en el país y en la casa” que después es apropiado por todo el feminismo latinoamericano.

Todo lo anterior va generando cuestionamientos más profundos, tanto en la conquista de derechos como cuestionamientos a las imposiciones por parte de construcciones sociales como lo es el género, funcionales a la estructura económica y política de dominación imperante. Mediante el proceso de constitución del género la sociedad fabrica las ideas de lo que deben ser los hombres y las mujeres, de lo que es “propio” de cada sexo -herramienta de reproducción del orden vigente-. Por ejemplo: Una niña en situación de pobreza se ve más vulnerable que un niño, ya que se debe dedicar por su condición de género a “deberes que le son propios” como domésticos, reproductivos…sexuales, por algo, no es para nada antojadiza la afirmación de Marta Lama al  señalar que: “La mujer es más que un cuerpo condenado por su biología”.

Es decir, que después de todo un tránsito histórico se entiende que la categoría de género se refiere a la significación cultural del sexo y su asignación de valor del sistema sexo/genero dentro de estructuras sociales e históricas precisas. Por ello, el feminismo considera que las transformaciones de las condiciones de dominación se abordan cuando se asume la cuestión de las relaciones de género como componentes centrales para establecer nuevos parámetros de la igualdad: el tema de los “iguales diferentes”. Es ese enunciado, el que resumen décadas de acción política pasándose a la crítica del patriarcado como naturalización de la diferencia  en el discurso de la igualdad.

En este orden de ideas, el desafío no es sólo ser  iguales, es ser iguales en la diferencia y en este punto, me quiero detener un segundo, ya que no me estoy refiriendo a la respuesta que da le capitalismo liberal a la demanda de igualdad de género en el ámbito del acceso o de las oportunidades resolviéndolo dentro del modelo productivo imperante, puesto que, resume esta problemática con igualdad de oportunidades reguladas  por el acceso al mercado. Así vemos avances  en el discurso de la igualdad de género sin que haya avances reales en la superación de la desigualdad. Ahora bien, permitan decir frente a esta solución neoliberal a la cuestión de género lo trascendental que se torna disputarla a través de un feminismo de acción transformadora de la sociedad en su totalidad, puesto que lo anterior justifica el que convivan modelos de “igualdad” como los de las políticas públicas  chilenas- que han avanzado en la superación de ciertas discriminaciones- pero con una absoluta negación de nuestros derechos sexuales y reproductivos por dar un ejemplo. Siguiendo esta línea, vale la pena recordar lo que nos señala Pisano, al decir que “el feminismo exclusivamente legalista” (por ejemplo: políticas públicas chilenas, es decir de exclusiva negociación con el poder) no hace una crítica radical a las estructuras de dominación, no cuestiona el principio de dominación del modelo sexo/género-como herramienta de reproducción del orden-. Al que por cierto se suma la demanda de reconocimiento de las otras identidades sexuales.

Por ello, lo clave hoy es la instalación de la cuestión de género e imposiciones de roles, como una dimensión central de la lucha contra las estructuras de dominación y contra la desigualdad. Esto requiere mantener la cuestión de iguales en la diferencia y superar la idea de la guerra entre sexos. Por lo cual, es interesante comenzar a asumir el debate público sobre apelar a la inexistencia de una esencia femenina o masculina que impone roles por composición biológica para la reproducción del orden vigente y así partir desechando la supuesta “superioridad” de un sexo sobre otro y  cuestionar hasta dónde hay una forma “natural” de  la sexualidad humana.

Ser femenina es ¿un hecho “natural” o una construcción social? Bajo esta pregunta prefiero hombres femeninos y mujeres masculinas.