Bachelet DCComenzó nuevamente el periodo de la administración de la Presidenta Michelle Bachelet, con un bolso cargado de reformas que tiene a la gran mayoría del país expectante, ante lo que sucederá con las promesas de campañas. Paralelo a ello, el Congreso se reestructuró presentándonos un Poder Legislativo que posee ventaja frente a la derecha, dado que la Nueva Mayoría, haciéndole honor a su nombre, se empina con un paso adelante para aprobar las reformas que la Mandataria tiene en cola.

Uno de los puntos que genera mayor expectación es la responsabilidad que adoptará la Democracia Cristiana en este nuevo periodo que se inicia para el país. Recordemos que hasta que se realizaron las primarias, la DC estaba en desacuerdo con la gran mayoría de las ideas formuladas por la entonces candidata Bachelet. Les costó varias semanas decidirse si apoyarla o no (aunque muy en el fondo, casi todos sabíamos que se trataba simplemente de una estrategia política para mantener la expectativa y tensión de un juego que es propio de los viejos representantes del mundo político) hasta que su ex abanderado, Claudio Orrego, respaldó a Bachelet como su candidata. De ahí en adelante, una serie de conflictos entre los principios y valores del partido, las propuestas del área más liberal de la Nueva Mayoría (que ganan en número de representantes) y que van en contra de esos principios y valores, la incomodidad evidente de compartir tribuna con el Partido Comunista y una serie de pautas que intentó colocar la DC de forma infructuosa.

Desde este punto de vista, el rol que deberán adoptar los parlamentarios de la Democracia Cristiana en el nuevo Gobierno de la Presidenta Bachelet, será el de convertirse en el último invitado de esta fiesta. Sabemos bien que la DC fue uno de los últimos partidos en sumarse unánime y explícitamente a la candidatura de la ahora Jefa de Estado. Esto, por supuesto, que no los hace perder ningún tipo de derechos, pero desde que arribó a Chile –hace un año–, la falange sabía bien que Michelle venía con una serie de reformas bajo el brazo para darle fuerza a su candidatura. Desde mi punto de vista, lo que debiese hacer la DC es tratar de alinearse con el programa de la Mandataria, porque en el fondo saben que “tienen las de perder”, si analizamos en profundidad el alcance de las reformas que ha encontrado aprobación y el consenso tanto en el Partido Socialista, Comunista, el PPD, entre la otra gama que se sumó a la Nueva Mayoría.

En sentido común, la Democracia Cristiana es como el niño malo para la pelota al que no lo invitan nunca a jugar o el que intenta hacerse el simpático, pero que todos saben que realmente no es así.

No debe ser fácil compartir Gobierno con el Partido Comunista, con quienes históricamente se han tratado como el perro y el gato. No debe ser fácil para un demócratacristiano que la Presidenta afirme abiertamente que se debatirá bajo su Gobierno el matrimonio homosexual; no debe ser fácil verse envuelto en una gran reforma a la educación que sea gratuita y de calidad.

No debe ser fácil compartir Gobierno con el Partido Comunista, con quienes históricamente se han tratado como el perro y el gato. No debe ser fácil para un demócratacristiano que la Presidenta afirme abiertamente que se debatirá bajo su Gobierno el matrimonio homosexual; no debe ser fácil verse envuelto en una gran reforma a la educación que sea gratuita y de calidad. No, sin duda, no debe ser fácil para ningún DC.

Previo a la ceremonia de Cambio de Mando, se conoció la noticia de que al menos nueve comisiones serían presididas en la Cámara por diputados de la bancada DC, entre las cuales figuran las de Constitución (Ricardo Rincón), Hacienda (Pablo Lorenzini) y Educación (Mario Venegas), entre otras. Si leemos con atención lo anterior y analizamos en profundidad, nos daremos cuenta que se tratan de comisiones que son consideradas estratégicas para que el programa de la Presidenta salga adelante. La DC se comprometió a apoyar el programa, sin embargo, nadie quiere perder protagonismo, por lo que seguramente la falange pretenderá hacer valer el peso de la bancada, considerando que es la más numerosa de la Nueva Mayoría, con 22 diputados, en la Cámara, mientras que en el Senado poseen 7 representantes. En ambas instancias legislativas, son mayoría entre sus pares.

Lo anterior podría representar un obstáculo para las discusiones en las que la Presidenta ha dicho que serán prioridad como las reformas educacional y tributaria. Así al menos lo dejó entrever el nuevo jefe de bancada de la DC, Matías Walker: “la voz de la bancada de diputados DC se va a sentir, no sólo para apoyar el programa, sino que también para presentar nuestras propias propuestas. No nos vamos a limitar a cumplir el programa”.

El desafío por tanto del nuevo Gobierno no radica solamente en escuchar a los movimientos ciudadanos, sino que también en ordenar a sus propios parlamentarios, en alinear a aquellos más conservadores y reticentes al progreso y encauzarlos en lo que la Nueva Mayoría ha estimado que son las prioridades del programa. De manera contraria, estaríamos frente a un niño que es malo para la pelota, pero que lo colocan a jugar de delantero. Por ahí, va a faltar concretar con goles.