Es difícil explicar, y quizás no vale la pena hacerlo, cómo de dos padres perversos puede nacer un hijo virtuoso. Pero de que pasa, pasa. En este caso, uno de los progenitores es el símbolo por esencia del imperialismo yanqui, la Coca- Cola, sobre la que el propio Víctor Jara hizo un llamado a no mezclarla con el ron cubano en una de sus canciones. Peor aún, además de yanqui es oportunista, porque para Navidad se disfraza de Viejo Pascuero, para las Fiestas Patrias posa al lado de la parrilla y para el Mundial está con la selección chilena, por supuesto. Pero también con todas las demás.

el-abrazo-del-almaPor el otro lado está el manchado mundial de Argentina 78, utilizado por la sangrienta dictadura al más puro estilo del pan y el circo, para acallar los gritos de las torturas con los cánticos de apoyo a la Albiceleste. Incluso, se dice, los argentinos quieren mucho más al otro mundial ganado, el de 1986, con Maradona en la estratósfera y, además, ganándole a los ingleses.

Lo cierto es que, a pesar de todo, los de la Coca Cola son “putos amos” –diría Guardiola- en la realización de comerciales, tal como el fervor de los argentinos por el fútbol excede nuestros parámetros y pasa a otra categoría, que nos provoca admiración. Lo último se expresa en una imagen que simbolizó el abrazo entre los jugadores y la hinchada llamada “El abrazo del alma”, en 1978, donde dos de las estrellas argentinas, Ubaldo Matildo Fillol y Alberto “El Conejo” Tarantini, se estrechaban mientras un hincha, sin brazos, simbolizaba la conmoción del país.

35 años después y a propósito de un nuevo mundial, la Coca-Cola juntó a las dos estrellas con Víctor Dell Águila y éste fue el resultado. La palabra es de ustedes: