José José“Que anduve por ahí de bar en bar /llorando sin podérmela olvidar / gastándome la piel en recordar su juramento”. Estos versos de “Amnesia”, himno supremo del despecho de todos los tiempos, resumen la vida y la obra de quien ha sido una de las voces más grandes de la música popular de México y que, por allá y por acá, se hermanan con el viejo y desesperado recurso de “beber para olvidar”.

El romanticismo y el alcoholismo unidos en la vida y en la canción latinoamericana, como antes ocurrió, por nombrar solo tres casos, con “Ella” de José Alfredo Jiménez, “Copas de Licor” en la voz de Lucho Barrios y “La copa rota” de Benito de Jesús, versionada en una estocada al alma por José Feliciano. Todo este patrimonio está en la órbita del repertorio del Bloque Depresivo liderado por el Macha, por lo que habría que decir que si usted sigue al Bloque y no conoce a José José, es que no logra entender bien de qué estamos hablando.

El llamado “Príncipe de la Canción” no nació príncipe ni José José, sino que como José Rómulo Sosa Ortiz en Ciudad de México en 1948. Su voz deslumbrante, especialmente al principio, y rotunda, en la madurez, se ha traducido en la friolera de 85 millones de discos vendidos. Pero no es de números que trata todo esto, puesto que como el propio José José ha dicho, si es por eso alguna vez tuvo una fortuna y luego la dilapidó. Su vida ha sido así: nunca en paz, nunca estable.

Proveniente de una familia pobre, cuyo padre murió de alcoholismo, y luego de iniciar su carrera en la década del 60, tuvo su salto definitivo al estrellado en un día como hoy, en 1970, cuando interpretó portentosamente El triste, de Roberto Cantoral, en representación de México en el Festival de la OTI. Salió tercero pero poco importa quién ganó o salió segundo. Ustedes, que han tarareado al Macha cantando esta canción, entiéndanse con esto.

Vivir y amar duele, en la tradición sentimental latinoamericana. Y el licor es un buen analgésico para aquellas dolencias. José José siguió el camino de su padre y ya en 1971 debió ser internado en una clínica para adicciones. Del vínculo entre aquel pasado y este presente dijo al diario La Jornada, hace pocos días: “sí, fui cabrón en muchos sentidos, y ahora lo debo ser más para seguir trabajando, a pesar de las enfermedades que padezco, como la diabetes, que me ha afectado la vista, y otros males que me tienen con dificultades de ventilación y un lado de mi cuerpo con parálisis. Tuve mucho dinero, pero nadie me lo cuidó y debo seguir cantando”.

Durante la década siguiente, José José alcanzaría la cúspide de su carrera vinculándose compositivamente con Manuel Alejandro, nombre de la canción hispanoamericana tan imprescindible como poco visible para las masas, y con voces como Camilo Sesto, Plácido Domingo y Roberto Carlos. Los discos eran hitos sociales, los premios y las ventas llovían, pero al final de ese camino, la década del 90 llegaría con un evidente deterioro de esa voz deslumbrante. La frontera entre la cima y el declive sería delimitada por un disco premonitorio (“En las buenas y en las malas”) y por el himno Amnesia, donde después de desgarrarse por una mujer termina diciéndole, cuando ella se lo evoca: “Tal vez lo que me cuenta sea verdad, lamento contrariarla pero yo…no la recuerdo”.

Hoy, José José tiene apenas un vestigio de la voz que tuvo, padece diabetes, parálisis, está casi ciego y en la ruina, pero sigue cantando y gozando del fervor de sus seguidores, muchos de los cuales más de una vez, también, han bebido para olvidar. El pasado domingo, el ritual se renovó: José José celebró 50 años ante 4 mil personas en el Teatro Metropolitan de Ciudad de México. Poco importó que la voz a veces no diera: su público llevaba décadas aprendiendo las canciones para cubrir los espacios. Importa el amor y no lo que diga la gente.