Claudio Olivares es diseñador y director de Bicivilízate, un blog dedicado al análisis de diversos temas respecto a los ciclistas y su estilo de vida. En entrevista con ElDesconcierto.cl, Olivares reflexionó sobre la actual disputa entre ciclistas y peatones, la infraestructura y la deuda del Estado al respecto.

CLaudio

Últimamente se ha dado un debate muy encendido por la disputa entre peatones y ciclistas por la vereda. ¿Qué piensas al respecto?

Es un debate que está encendido hoy, la prensa ha mediatizado y estimulado esta disputa, la han llamado “guerra”, “lucha”, “pugna”, etcétera. El uso de las veredas por parte de algunos y no pocos usuarios de la bicicleta es uno de los síntomas de una enfermedad urbana mayor, que distintas organizaciones de ciudadanos en bicicleta venimos evidenciando hace más de cinco años.

Nuestro país adoptó el modelo estadounidense de transporte privado, como muchos otros en el mundo, y terminamos moldeando nuestras ciudades en torno al automóvil. Eso nos llevó casi de inmediato a una pérdida de espacio público, las vías dejaron de ser lugares de encuentro y pasaron a ser lugares de paso. Se impuso la velocidad y se despejó el camino a los otros modos de transporte, se limitaron los desplazamientos libres al caminar, se generaron reglas para facilitar la operación de autos y construyó para su escala, nos olvidamos del ciudadano y diseñamos para máquinas.

 

¿De quién es la responsabilidad del conflicto y cuál es la mejor forma de solucionarlo?

Creo que responsabilidad tenemos todos en mayor o menor medida, claro está. Sin embargo el principal responsable es el Estado y las políticas que se han generado para basar el transporte de nuestras ciudades en automóviles. Es una locura, imagínate que cada pasajero al mismo tiempo es operador de una máquina en promedio de más de dos toneladas, cerca de 10 metros cúbicos, circulando a una velocidad legal de 60k/h. En el contexto del denso ambiente urbano tienes todos los ingredientes para que las cosas se salgan de control. Para evitarlo aparecen las reglas, complejas reglas para acceder a la ciudad, reglas de construcción para darles espacio y también para guardarlos. En Chile se construye para que cada vivienda tenga al menos un auto guardado, una locura.

Con todo esto se está constantemente “mitigando” sus externalidades negativas: congestión, contaminación de aire, ruido, estrés, el gasto en salud, muertos, heridos, pérdida de calidad de vida, y un larguísimo etcétera. Estos intentos de mitigación son modificaciones constantes de las vías, más prohibiciones para los otros modos y más “facilidades” para mantener al auto en movimiento. Es un sistema que falla por todos lados.

“Hay que redistribuir las calzadas para recuperar el movimiento, centrarse nuevamente en las personas, no en el habitante de una burbuja privada con ruedas, si no que en el habitante de la ciudad. Debemos establecer una nueva jerarquía donde el peatón vuelva a ser el rey”.

Hoy estamos bajo un monopolio de las vías, la mejor forma de solucionarlo es asumir que el espacio vial que tenemos en la ciudad es el que hay y no más y aplicar criterios de gestión que permitan un uso más eficiente de él. Hay que redistribuir las calzadas para recuperar el movimiento, centrarse nuevamente en las personas, no en el habitante de una burbuja privada con ruedas, si no que en el habitante de la ciudad. Debemos establecer una nueva jerarquía donde el peatón vuelva a ser el rey. Todos somos peatones, es nuestro modo básico de desplazamiento. Luego pensar en modos más eficientes, asequibles y accesibles, como la bicicleta y el transporte público, taxis, autos compartidos y finalmente el auto privado.

Con esto en mente se debe bajar la velocidad legal de circulación, pacificar el tránsito y con esto claramente vas a poder hacer una invitación concreta a pedalear en la calzada, ya que vas a ser exitoso en hacer sentir tranquilidad y seguridad a las personas mientras pedalean. Si tienes gente pedaleando en las veredas es que las políticas de transporte han fallado en hacer sentir seguros a sus usuarios.

 

Se ha hecho una caricatura del ciclista que circula por la vereda. He leído algunas columnas donde los acusan de ser una moda y no entender la lógica de transporte de la bicicleta. Esto ha generado diversas peleas entre ciclistas mismos en las redes sociales. ¿Cuál es tu visión al respecto?

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Lamento que en Chile seamos tan agresivos a veces. Perdimos el sentido de lo público, del encuentro y del intercambio. No hay diálogo. La peor forma de enfrentar esto es estableciendo bandos, colocando rótulos, peatones, ciclistas, automovilistas, patinadores, paseadores de perros, trotadores, etc. Terminamos todos echándonos la culpa unos a otros. Tenemos un pésimo comportamiento vial, pero no necesariamente al nivel legal o de obediencia a estas leyes impuestas para dar paso al auto, me refiero a pésimos modales, mala onda, un completo desconocimiento del otro y si no hay reconocimiento del otro, difícilmente podremos encontrar respeto. Todo parte por eso, entender que mi compañero ciudadano tiene exactamente el mismo derecho que yo a estar en las vías y a través de ellas acceder a la ciudad. Esos malos modales finalmente nos terminan haciendo pésimos conductores.

Yo mismo he increpado a personas en bicicletas que, demostrando una destreza impresionante en la bici por el tipo de maniobras que hacen, siguen pedaleando por la vereda, teniendo habilidades más que de sobra para hacerlo por la calzada. A ese “campeón de vereda” se le puede decir directamente bájate a la calzada. Pero el tema es delicado, porque en el otro lado tienes a ciudadanos que se han decidido a pedalear y que no se sienten para nada seguros en la calzada. Son más gente en bici, que están desarrollando habilidades ya de adultos y que no los puedes lanzar de un día para otro a moverse entremedio del tráfico.

“El Estado ha validado el pedaleo en la vereda, porque ha construido unas muy mal entendidas “ciclovías” en la vereda”.

Por otro lado, además, el Estado ha validado el pedaleo en la vereda, porque ha construido unas muy mal entendidas “ciclovías” en la vereda. Uno de los casos más emblemáticos es el de Avenida Pedro de Valdivia, donde Ñuñoa decidió construir una “ciclovía” asfaltando la mitad de la vereda, al llegar a Providencia eso se acaba y los usuarios naturalmente van a seguir por la vereda. Esto sucede porque no existe coordinación en políticas de ciudad y transporte sumado a que muchas ciclovías no se han construído en calzada, espacio destinado a los vehículos, porque la metodología para la formulación y evaluación de planes cicloviales premia el sacar bicicletas de la calzada para “mejorar” la capacidad vial. Por esto las vías para bicicletas están emplazadas en zonas residuales, áreas verdes y veredas, por ese absurdo esfuerzo de entregar espacio al auto.

 

Los ciclistas crecen un 15% por año en Chile. En tu opinión, ¿qué factores explican este cambio y cuáles son los efectos en la calidad de vida de quienes han comenzado a usar la bici?

biciEl aumento en el uso de la bicicleta primero es una fuerte tendencia mundial. Los ciudadanos ya están hartos del automóvil y sus problemas, sus costos directos y las externalidades. La bicicleta entrega independencia, mejor uso del tiempo y a costo 0. De agregado están los beneficios de salud, calidad de vida, el refuerzo del entramado social, etcétera. Lo maravilloso de todo esto es que este incremento ha sido hasta el momento trabajo casi exclusivo de la ciudadanía organizada en la promoción del pedaleo.

El Estado, salvo iniciativas de este último tiempo, ha estado ausente y se ha quedado en el discurso. Sin duda, dar paso a ciudades con menos autos y más personas en contacto implica determinación, coraje y creatividad de las autoridades para dar vuelta el timón y tomar curso hacia ciudades más habitables y virtuosas que saquen partido a la proximidad. Elegimos vivir juntos porque nos hace bien. Debemos trabajar para enriquecer la experiencia urbana. Con menos autos, todos ganamos, incluso para cuando nos toque eccepcionalmente usar el auto.

 

¿Crees que es necesaria una política de parte de las autoridades respecto a este explosivo crecimiento de los ciclistas?

Hay tres factores que operan hoy en cuanto a la presencia de bicis en la ciudad. Incertidumbre, improvisación, informalidad. Informalidad: Si bien la ley de tránsito reconoce a la bicicleta como vehículo y está sujeto a los acuerdos definidos en esa ley para la circulación, el reglamento no acoge las características propias de la bicicleta y ésta queda sometida a un reglamento moldeado en base al auto y como regulador omnímodo, todos los otros vehículos terminan heredando sus dictámenes. Como ejemplo está el sentido de las vías, cada vez hay más vías unidireccionales para dar mayor capacidad o la terrible aberración de las vías reversibles para responder a las horas punta y sentidos de viajes. Por esto, quienes van en bici muchas veces ven extendidos sus trayectos cuando lo hacen acorde a la ley. En otras ciudades se han implementado excepciones para la bicicleta donde se permite la circulación en ambos sentidos y sólo los autos deben hacerlo en uno solo.

Hoy no hay coherencia ni un patrón definido, por ejemplo, para el emplazamiento de las ciclovías, algunas por la izquierda, otras por la derecha, bidireccionales, unidireccionales, no hay estándar.

Al no acoger las características de la bici en lo normativo claramente se está dejando espacio a la informalidad, lo que da paso a la improvisación. La improvisación se da cuando no hay definidos acuerdos normativos, de señalización e infraestructura. Hoy no hay coherencia ni un patrón definido, por ejemplo, para el emplazamiento de las ciclovías, algunas por la izquierda, otras por la derecha, bidireccionales, unidireccionales, no hay estándar. Tampoco las maniobras de conexión están formalizadas, por ejemplo a través de pistas de viraje, demarcación, zonas de acumulación. Eso deja mucho espacio a la improvisación y cada uno toma la decisión que le parece más correcta y conveniente. Estos resultados variables dejan el terreno listo para la incertidumbre.

La incertidumbre aparece porque, por los altos niveles de improvisación, no sabemos cómo va a maniobrar o qué es lo que va a hacer una persona en bicicleta. Esto se observa desde la bici y es muy evidente desde el auto. Me ha tocado estar conduciendo y empatizar con los conductores de hora punta cotidianos, que en medio del taco ven pasar ciudadanos en bici por la derecha, por la izquierda de su auto, zigzagueando para dar continuidad a sus trayectos. Desde la bici uno va tranquilo buscando vía libre, desde el auto se perciben cosas muy distintas que ayudan a generar una actitud negativa hacia quien pedalea.

 

¿Leyes o infraestructura podrían ayudar?
descarga (1)Claramente hay que formalizar la reincorporación de la bicicleta en las vías, y esta formalización al mismo tiempo debe promover su uso y entregar seguridad a sus usuarios. Más personas optando por la bicicleta, desde niños a adultos, mejoran las condiciones de seguridad y habitabilidad de la ciudad. Nos equivocamos cuando formalizamos restringiendo y asfixiando su uso. Un enfoque equivocado es declarar al cuerpo humano como imperfecto, débil, vulnerable, básicamente te dicen que no es lo suficientemente resistente en comparación con el auto. Eso ha llevado a la promoción y obligación de vestir armaduras y equipamiento especial para salir a este agresivo mundo. Vamos en la dirección correcta cuando reconocemos al ser humano y su ergonomía como la constante de diseño y trabajamos las variables para entregar un entorno urbano más sano y seguro.

A nivel de infraestructura hay que formalizar la presencia de la bici, con señalización, con vías exclusivas cuando sea necesario, para garantizar vía libre y trayectos directos, cómodos, coherentes e intuitivos. Y de todas maneras diseñar casi la totalidad de la trama vial para velocidades de operación bajas. De esta forma tenemos una ciudad además, tolerante al error.

 

Hay un slogan constantemente utilizado en Bicivilízate que dice “Muévete en bici hoy, será un buen día”. ¿Por qué dicha garantía?

El acto de pedalear es maravilloso, entrega un sitial privilegiado para la contemplación de la ciudad. Es un facilitador para el reconocimiento del otro y lo más importante es que permite una conexión directa con el “Ahora”. Andar en bici no es únicamente montarse y pedalear, es aceptar tu propio ritmo y cuando logras eso ya no hay competencia ni lucha. Cuando eso sucede, sin duda es un buen día.